Bellezas abandonadas
Los veranos se pueblan de concursos de belleza. Están algo devaluados, es cierto. Sin embargo, los canales siguen guerreando sobre cuál es el que tendrá la transmisión en directo. El sábado 20 se celebró la elección de «Reina de Punta del Este», sin duda el certamen con más años en la tele.
La idea fue cambiar y el escenario se ubicó fuera del Cantegril Country Club para permitir más público en directo. La dirección del evento, su escenografía también, correspondió a Nelson Mancebo, hombre que es «uno» en este tipo de realizaciones.
Bien aprovechado el escenario, con pantallas que unían imágenes, algunos juegos de colores a los costados, unas escaleras cortas. Bien aceptable, por cierto.
Nuestra primera aclaración: vimos sólo el desfile final en vestidos de largo y la coronación de la monarca esteña. Un par de conductores, poco conocidos, con total apego a un libreto insulso, fue dando paso a las 12 chicas elegidas. El vestuario era responsabilidad de creadores uruguayos, al parecer debutantes. En algunos casos, las lindas quedaron afeadas pero se supone que ello no era razón para una decisión del Jurado, Jurado del que nunca se identificaron integrantes.
Todo parecía apurado. Como cosa insólita hubo una entrevista, grabada, a la dueña del restaurante Doña Flor, Ana María Bozzo, sin saber por qué la pusieron allí porque no habló del concurso sino que contó sus muchos años en Punta y su conocimiento de Vinicius de Moraes que llegó a vivir a media cuadra de su casa, por lo que lo invitó a sus delicias y desde allí todos fueron felices y buenos amigos. Fuera de contexto, diría algún criticón. Y sin mucha actualidad. Vinicius murió en julio de 1980. Y Punta cambió mucho desde ese entonces.
Luego apareció otra fulana, no mostraron su nombre, lo dijeron pero se nos escapó y nos resultó una desconocida absoluta, que queriendo lucirse en el papel de periodista entrevistó a las cuatro bellas que quedaron para el final.
La profundidad de las preguntas fue lamentable aunque se suponía que las respuestas darían puntos a las candidatas: «¿Cuál fue el hecho más importante de la década?», «¿Qué expectativas la llevaron a presentarse al certamen?», «¿Qué habría que hacer para mejorar el turismo» y «¿A quién podría destacar como figura de Punta del Este».
Vale precisar que fue una pregunta para cada una por lo que si bien todas eran suficientemente tontas, algunas daban facilidades.
Luego de un corte, sin muchas dilaciones, dejando sólo a dos de las aspirantes, se proclamó a la reina por lo que la otra fue vice. No fue como antes. Antes, para darle emoción y conformar a todas, elegían a «Miss Simpatía», «Miss Elegancia». «Miss Sonrisa», «Miss Anorexia», «Cuarta Princesa», «Tercera Princesa», y luego sí venían las dos mejores.
Todo fue hecho con apuro. Quizás para que nadie tuviera tiempo de comparar el empobrecimiento de los premios, muy venidos a menos. La vicerreina fue rodeada de tres hombres y con una corona de flores, linda la corona pero no una tiara con piedras preciosas. Y algunas cosas más, como premios por 500 dólares, unas vacaciones en Colonia, membresías en el Country, en el Radisson y en algún otro lado. Faltaba un pase libre de Cutcsa por un año.
La reina, también con corona de flores, recibió algo más. Por ejemplo, un collar de mil dólares de Lafitte. Y más tiempo para ser socia de los centros del Country, del Radisson y otro viaje a Colonia y también a Las Termas. El primer premio otorgado por el canal que emitía la fiesta fue de 1.500 dólares. Sí, mil quinientos dólares.
Lo que decíamos, devaluación plena. Si usted se toma el trabajo y en su computadora entra en la página web de dicho canal, encontrará las tarifas que cobra por segundo de publicidad. En el sector C, o sea en el horario central, desde las 19:00 horas hasta que finalicen los programas considerados como centrales de acuerdo a la programación, se dice que el segundo, IVA incluido, cuesta $ 3.215, por lo que multiplicando por 60 cada minuto vale 192.000 pesos. Quien está en publicidad sabe que esos montos son para asustar a alguien que ande muy despistado y las agencias de publicidad pagan muchísimo menos, pero eso es lo que está escrito. Y esa cantidad da que un minuto se estaría pagando 7.716 dólares, aunque en la realidad, en las negociaciones se termine pagando 400 o 500 dólares.
La más hermosa de Punta, en su premio, monedas más, monedas menos, recibió, entonces, tomando la letra fría de la tarifa, la fabulosa suma de un 20 por ciento de lo que cuesta por tarifa un solo minuto del canal.
Algo más quedó para la historia de la banalidad. Llegamos a ver al ministro de Turismo y Deportes, doctor Héctor Lescano, sentado sonriente y feliz durante el desfile. Luego, ahí viene el gran misterio. Tras ser anunciado como uno de los que entregaban el premio a la reina, se le vio en el trío de afortunados en el escenario pero luego, como por arte de magia, desapareció. En la coronación tuvo que repetir su presencia el presidente del Cantegril Country Club. *
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