Etica y estética de las noticias
El filme, dirigido por Michael Mann, tiene notables performances de Russell Crowe, Al Pacino y Christopher Plummer.
Hay un momento cumbre en El informante cuando los dos pesos pesados del célebre segmento de noticias 60 Minutos, Al Pacino (como Lowell Bergman) y Christopher Plummer (como Mike Wallace, conductor del programa) acorralan a su productor ejecutivo (Philip Baker Hall) para que emita ese interviú que revelará la manipulación que la tabacalera Brown & Williamson ha practicado para generar mayor adicción en fumadores: «No es un tema de fama o celebridad», dice secamente Plummer, «ya sabemos que la fama dura unos quince minutos; pero la infamia dura muchísimo más».
Su partner Bergman (Al Pacino) asiente y entiende que la CBS, pese a las presiones externas, debe arriesgar en honor a la ética periodística y en honor a la verdad sin golpes bajos ni estridencia alguna. Etica y estética corren juntos en las noticias.
Lo cierto es que El informante, de Michael Mann (Vicio en Miami y Fuego contra Fuego) es de esos filmes extensos (dos horas y 37 minutos), de diálogos desde celulares, cabinas telefónicas, cuartos reservados de hotel o snacks discretísimos donde la información se va articulando y tomando forma como para que al momento de salir al aire en 60 Minutos impacte y sea de alta combustión en la mente de los televidentes.
Cuando ese sabueso rastreador de noticias, rebelde izquierdista de la década de los 60 que viene a ser el personaje interpretado formidablemente por Al Pacino, olfatea que algo no funciona en el reino del tabaco y obtiene el dato de que uno de sus científicos (el brillante neocelandés Rusell Crowe, probable candidato al Oscar por su memorable actuación en el presente filme) ha sido despedido sin mayores argumentos, sale a su caza.
No es tarea fácil: Wigand, el personaje de Crowe (Los Angeles al desnudo), ha sido debidamente indemnizado y si habla es hombre muerto, pero la conciencia está revolviéndole el estómago, sobre todo cuando ya fuera de la empresa tabacalera Brown & Williamson, sus autoridades lo convocan y lo amenazan ‘face to face’ habrá que preservarse y preservar a su familia. O irá a la ruina. Mejor callar. ?Qué hacer?
No es el objetivo precisamente de ese persistente, agudo y flemático Lowell Bergman, quien mantendrá diversos encuentros con Wigand para convencerlo en primera instancia de que su programa televisivo no busca celebridad ni escándalo, sino plantearle la verdad a la ciudadanía. Wigand, por temor, dice que no. Y no. Pero una serie de incidentes menores alrededor de su casa lo sitúa al límite: es momento de actuar, de mandarse al frente con toda la información que dispone. Como científico ha visto cómo Brown & Williamson han colocado a sus productos amoníaco para aumentar la adicción al tabaco en clara infracción y en clara actitud nociva, ya que a mediano plazo «dana el cerebro y la capacidad pulmonar más de lo normal para un fumador».
Podría decirse que el filme posee una estructura similar en torno al sonado caso Watergate: la acumulación progresiva de datos; la actitud de ese informante que decide jugársela y pierde todo (a su familia, la casa, etétera), además de llevar el cartel del hombre marcado sobre sus hombros; el desconcierto, la ansiedad, el miedo.
El personaje de Pacino, Bergman, posee la métrica del cruzado, del individuo que se la juega al todo y nada cuando la CBS decide no transmitir la entrevista efectuada a Wigand y que, por lo tanto, hará todo lo que sea necesario para que su fuente (Wigand) no quede en posición desolada.
De hecho lo está, cuando la cadena televisiva decide no respaldarlo, después que quebrantó las reglas de confidencialidad cuando decidió dar testimonio de lo ocurrido en un caso similar en otro estado.
El informante supone un duelo actoral entre Al Pacino y Russell Crowe, de los más nobles de los últimos anos en el cine estadounidense.
Pacino se mueve como pez en el agua en la piel de ese periodista infatigable, disidente e irreprochablemente ético, al punto que le deja lugar para que Russell Crowe logre una performance fuera de serie: intensa, dramática, tensa, conmovedora.
El filme, por supuesto, generó controversias al momento de su estreno estadounidense.
Pero la crítica ya la ve entre el quinteto que lidiará a mejor película y a Al Pacino y a Russell Crowe (un actor superlativo) compitiendo en la categoría mejor actor en la próxima entrega de los premios Oscar. También Plummer merecería una candidatura.
El informante es un filme narrativamente correcto, más bien correctísimo donde la letra y especialmente el rendimiento actoral la elevan a la categoría de gran filme de cuno testimonial. No hay excesos ni datos falsos: la veracidad de los datos es tan fuerte y tan potente que hoy, en los Estados Unidos, se reavivó este escabroso y siniestro caso empresarial que enloda al sueno americano. Merece verse, por supuesto.
Estreno en Hoyts Cinema Punta del Este. En Montevideo, en marzo.
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