Máquina Hamlet, por "Ói Nóis Aquí Travéiz"

Una Tribo y su tribuna de combate

Nada es casual en estas palabras: el nombre está deliberadamente mal escrito, como un precoz ataque al orden establecido; la «tribo», con sus armónicos de indios no jerarquizados, de democracia en acción y tolderías en común se aparta del teatro convencional; la expresión «atuadores», en vez de actores, implicó un estilo de actuación más emocional: sus integrantes debían tener como propósito la transformación de la sociedad y actuar como si fuese la última vez que tuviese algo que comunicar a los demás.

La «tribo» marcó una ruptura con el teatro digestivo, acomodado al sistema económico capitalista. Así, el grupo «Ã“i Nóis Aquí Travéiz» trataba, y en forma harto crítica, temas vinculados a la realidad del Brasil contemporáneo, renegaba del comportamiento empresarial y, para que el teatro no fuera un objeto de consumo más, no aceptaría patrocinios ni subvenciones. Sus declarados propósitos fueron y son «… realizar un trabajo político que sirva de instrumento de reflexión y conscientización social y de combate a la colonización y a la masificación culturales».

Como era de esperar, en su primera presentación (La divina proporción de Julio Zanotta) el teatro fue clausurado por el Servicio de Fiscalización de Diversiones Públicas de la Secretaría de Seguridad «para acabar con la anarquía». Los actores y hasta el público fueron primero atacados por desconocidos y luego detenidos por la Policía Federal, lo que no arredró al grupo que más tarde se radicó en la «Terreira da Tribo», en José do Patrocinio 572 (donde vimos La muerte y la doncella de Dorfman) de donde han sido desalojados recientemente, habiéndoles concedido la Prefectura de Porto Alegre un nuevo galpón (el grupo rehúsa firmemente todo teatro) en el barrio Navegantes.

«Ã“i Nóis Aquí Travéiz» ha ganado varios premios acorianos, entre ellos dos al mejor espectáculo con Antígona y Ostal, y ha presentado obras de Bertolt Brecht, Samuel Beckett, Jean Genet y creaciones colectivas de su autoría. Máquina Hamlet sirve admirablemente a aquellos propósitos. El texto de Müller, abierto a la imaginación de los directores y carente de acotaciones, es más un proyecto de dirección que un drama, más un camino a recorrer que un punto de llegada. Por nuestra parte consideramos tan válido el Máquina Hamlet de El Periférico de Objetos», fundado en muñecos y sus manipuladores, como este Máquina Hamlet más embanderado con los requerimientos de la Tesis X de Marx.

Si en La muerte y la doncella la versión de Ói Nóis Aquí Travéiz superaba en todo sentido al thriller de Ariel Dorfman, en el libreto de Müller la Tribo ha encontrado una plataforma más que suficiente para la tribuna de sus necesarias reivindicaciones. Esa sinceridad, esa convicción, traen un viento áspero pero necesario, una provisión abundante de oxígeno, un carácter de autenticidad a toda costa que no estamos acostumbrados a ver sobre las tablas.

Más que cualesquiera otros sentimientos, quedaron en nuestra alma, luego de la noche en el galpón de Epatur, un profundo respeto y una admiración sin reservas, provenientes de la recuperación del carácter mítico del teatro, su aspecto religioso, su vocación por abarcar la totalidad de la existencia humana y, por sobre todo, como lo quería Nietzsche, la necesaria unión del pensamiento y la vida.

En diversos momentos de este Festival nos hemos entretenido en ordenar, según un puntaje de 0 a 10, los espectáculos que vimos, y así le correspondió un 10 a Peter Brook y un 0 a Barboni.

Hemos tratado de integrar a la lista a este Máquina Hamlet, pero no nos es posible. El grupo «Ã“i Nóis Aquí Travéiz» escapa a toda clasificación, porque cumple sus propósitos de situarse al margen de todo el teatro corriente, pero, al mismo tiempo, en las orillas del nuevo mundo donde habitará el hombre emancipado; un mundo por el que no podemos dejar de luchar sin renunciar a nuestra condición de hombres.

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