
Fue uno de los cinco candidatos al Globo de Oro como mejor filme en lengua extranjera, es la propuesta mexicana al Oscar y tiene grandes posibilidades de figurar entre las aspirantes a mejor filme. También tiene una candidatura a los Independent Spirit Awards y es el favorito entre los candidatos al Goya.
El gusto por la fantasía y el cine de géneros pero también el empeño en hacer con ello un cine personal, resultan rasgos reiterados en el cine del director Del Toro, que reaparecen en esta nueva incursión en los territorios de la imaginación. Al igual que en su anterior ” El espinazo del diablo” (y en mayor medida que en las cosas que ha hecho directamente para Hollywood, como ” Mimic”, “Hellboy” y el segundo ” Blade”), este empeño que devolvió a Del Toro a locaciones españolas vuelve a insertar su fantasía en un contexto histórico reconocible.
En aquel filme previo un fantasma infantil y triste irrumpía en medio de las tristezas de la guerra civil. Esta nueva película transcurre cinco años después (“en el quinto año de la paz”, ha apuntado irónicamente un antifranquista).
Una niña de trece años y su madre embarazada (Ivana Baquero, Ariadna Gil), se trasladan a un pequeño pueblo para encontrarse con el nuevo marido de la madre (Sergi López), un militar del régimen por quien la chica no siente ningún afecto. En los alrededores hay todavía resistencia republicana que el oficial debe combatir, pero también otros misterios menos naturales. De un director cuyo cine ha lidiado con vampiros y alquimistas (” Cronos”), cucarachas mutantes (” Mimic”), un semivampiro bueno que combate a vampiros malos (” Blade”) y un superhéroe con buenos sentimientos nacido empero en el Infierno (” Hellboy”) no cabe sorprenderse de que su historia derive hacia lo sobrenatural.
Lo interesante es que no deja de transcurrir en este mundo, y del Toro ha explicado por qué, así como también la conexión con ” El espinazo del diablo”: “Para mí, fascismo representa el horror último, el más grande, y por esa razón es un tema ideal para contarlo como un cuento de hadas para adultos. Porque el fascismo es sobre todo una forma de perversión de la inocencia, y, por tanto, de la infancia.
Para mí, el fascismo representa, en algún sentido, la muerte del alma, como algo que te forzara a hacer elecciones terribles y dejara una marca indeleble en lo más profundo de quienes viven a través de él.
En esta película ese monstruo está representado en el capitan Vidal, interpretado por Sergi López. Un monstruo muy real, comparable al que se esconde en “El laberinto…”. El fascismo te consume palmo a palmo, no tiene qué ser físicamente, pero sí espiritualmente. Este concepto está en el corazón de ” El espinazo del diablo”, pero creo que lo he tratado mejor en ” El laberinto del fauno”, un filme mucho más complejo, más metafórico, incluso más oscuro”.
Como la Alicia de Lewis Carroll o la Dorothy de “El mago de Oz”, la niña protagonista atraviesa puertas que conectan la realidad con la fantasía pero también la introducen en un universo donde se enfrentan los falangistas y la guerrilla republicana. El inteligente guión (del propio Del Toro) se las arregla para entrelazar convincentemente las tres líneas principales de la historia (el drama familiar, el trasfondo bélico, la irrupción de lo sobrenatural) sin desnivelarse en ninguna de las duraciones.
El resultado, que por otra parte está realmente muy bien actuado, proporciona a la vez imaginación, fuerza e impacto emocional, y confirma a Del Toro como un hombre empeñado en rehuirle a los caminos trillados. El suyo es vino antiguo, pero en odres nuevos: del mismo modo que supo ser original cuando reeditó en clave latina el mito vampírico en “Cronos” y se permitió introducir algunos rasgos propios en materiales de receta fabricados para Hollywood (” Mimic” viene de un cuento de Donald Wollheim, muy modificado para el cine; ” Blade” (II) y ” Hellboy” son adaptaciones de cómics), aquí vuelve a un cine fantástico con una impronta cultural propia, que le debe más a Goya que al gótico anglosajón. Hay un creador en Guillermo del Toro y éste es acaso su primera real culminación.
Desde muy pequeño Guillermo se relacionó con el mundo del cine. Con 20 años ya ejerció de asistente de producción en el thriller ” El corazón de la noche”, pasando a ser productor ejecutivo el año siguiente en la comedia “Doña Herlinda y su hijo”. Ese año comenzaba a pasarse a las labores de dirección: rodaba su primer corto, “Doña Lupe”, y era el asistente de dirección de Juan Antonio de la Riva (años después uno de los productores de “El espinazo del diablo”) en el drama “Obdulia”.
Quizá el propio De La Riva tuvo que ver en que le incluyesen como director en la serie mexicana de fantasía ” Hora marcada” (en la que también dieron sus primeros pasos otros directores como Alfonso Cuarón), para la que dirigió tres capítulos. Tras dirigir en la serie y terminar su segundo corto, ” Geometría”, comenzó a trabajar como maquillador de efectos especiales en filmes de Arturo Ripstein, entre otros, mientras preparaba su primer largometraje, “Cronos”, que estrenaría en 1993.
Su peculiar historia de vampiros (para cuya realización tuvo que hipotecar su casa) fue premiada en varios festivales, pero fue el premio en Cannes el que hizo girar hacia él los ojos de los productores norteamericanos, que no tardaron en poner en sus manos un nuevo proyecto. Se trataba de ” Mimic”, del que son siempre comentados los enfrentamientos que el director mexicano tuvo con sus productores. Pese a ello, quedó algo de la imaginería personal de Guillermo, que no obstante decidió que su próximo filme se haría de forma más personal. Recurrió a Pedro Almodóvar, quien ya le había hecho llegar su interés en producirle tras ver ” Cronos”. Así llegó, coproducida por “El Deseo”, ” El espinazo del diablo”, una maravillosa historia de fantasmas ambientada en la guerra civil española, que iniciaba una trilogía de cine fantástico con trasfondo en el conflicto armado.
Pese al buen resultado, personal y profesional, que fue su rodaje en España, volvió a aceptar un encargo, esta vez para dirigir la secuela de “Blade”. Gran amante de los cómics, para Del Toro fue un placer dirigirla, y aprovechó ” Blade” II para incluir a su actor fetiche, Ron Perlman, e intentar demostrar a los productores su valía. El objetivo era conseguir que aceptasen a Perlman en lugar de Vin Diesel para su proyecto soñado, una adaptación de ” Hellboy”.
Lo consiguió, aunque para dirigirla tuvo que rechazar ” Blade”, “Trinity” y “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” (que finalmente dirigiría su amigo Alfonso Cuarón). Ahora reaparece con este filme que ha sido elogiado como el mejor de 2006 por Stephen King, al tiempo que prepara “España 3993″, tercera entrega sobre la guerra civil y derivaciones fantasmales, y planea en Estados Unidos otro ” Hellboy”, una adaptación de Lovecraft (” En las montañas de la locura”) y otra de Ursula LeGuin (” La mano izquierda de la oscuridad”). *
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