Lágrima de los tambores
Ayer, autoridades de gobierno (entre los que se destacaban los ministros Lezcano y Arana, el intendente Ehrlich, su par de Durazno, Daniel Vidalín) y decenas de figuras de la música, el arte y el espectáculo asistieron al velatorio y formaron parte de un extenso cortejo que -acompañado por una cuerda de tambores- condujo sus restos mortales hacia el panteón de la Asociación General de Autores del Uruguay (Agadu) en el Cementerio del Norte.
Lágrima Ríos, la primera artista uruguaya que cantó en La Sorbona de París, tuvo una sacrificada infancia que transcurrió en un internado de ocho horas diarias en un lugar que dependía del Consejo del Niño, sitio en que aprendió a leer y escribir, a cantar y bailar. Luego hizo la escuela y aunque su deseo era ingresar al liceo (quería ser contadora), debido a las difíciles circunstancias económicas por las que atravesaba su madre (había dos hermanos más que cuidar y alimentar), ingresó a trabajar en una fábrica de tejidos. Esta mujer, que confesó en más de una oportunidad ser una adicta al café con leche, ha dicho que siempre ha tomado el canto como una manifestación de sus sentimientos y que no lo utilizó para otra cosa que no fuera ayudar a sus semejantes. *
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