La batalla de la energía
En «La batalla de la energía», el senador Eleuterio Fernández Huidobro recopila veintiséis columnas publicadas en LA REPUBLICA entre 2004 y 2006, en las que plantea un inquietante horizonte de mediano y largo plazo.
En este libro singularmente revelador, el autor visualiza los desafíos que afronta nuestro Uruguay, los cuales sintetiza en las cuatro grandes crisis que amenazan el futuro de la humanidad: la energética, la poblacional, la alimentaria y la vinculada a las reservas de agua.
La riqueza hídrica de la que goza nuestro territorio, si bien es una importante ventaja comparativa con relación a dramáticas situaciones de otras regiones del planeta, requiere ser adecuadamente gestionada.
El parlamentario frenteamplista advierte en torno a las múltiples vulnerabilidades que caracterizan al país, particularmente en lo que atañe a la inquietante dependencia energética, tanto de nuestros vecinos regionales como del petróleo importado de los productores de hidrocarburos.
Como es notorio, este recurso se está agotando aceleradamente, lo que deriva en frecuentes disparadas de los precios internacionales, que provocan severos daños al consumo doméstico y al sistema productivo.
No obstante, el escritor no se limita a exponer el problema en su mera dimensión económica, sino que analiza también el no menos sensible tema de la soberanía, gravemente amenazada por un mundo globalizado y gobernado por los caprichos y los intereses del capital trasnacional.
En otras dos columnas publicadas en 2004, Eleuterio Fernández Huibodro examina minuciosamente la problemática del transporte, intrínsecamente vinculada al tema energético.
En ese contexto, el autor critica la liquidación, por parte de los gobiernos anteriores, de medios de transporte limpios y económicos como el ferrocarril, así como el estado de anemia crónica de la navegación, tanto marítima como fluvial.
Recordando su novela de ficción «El ataque» y algunas reflexiones de Felipe Martín, Fernández Huidobro demuestra los colosales absurdos y dislates históricos de las administraciones anteriores, por la indiscriminada importación de automóviles cero kilómetro, lo que fue en desmedro de los servicios públicos.
Otra consecuencia fue la readecuación de la infraestructura vial a la cultura del vértigo, transformada en la primera causa de muerte entre los jóvenes, en trágicos accidentes de tránsito.
«Se termina», es el elocuente título de una columna periodística publicada en agosto de 2005, en la que el senador escritor se anticipa en el tiempo a un desenlace inexorable: el inminente funeral de la civilización del petróleo.
Fernández Huidobro explica las características de la crisis que se avecina, por el progresivo agotamiento de las reservas de crudo liviano y el explosivo aumento de la demanda por parte de China e India, los dos países más poblados del mundo, que viven una fase de sorprendente crecimiento económico.
Obviamente, no soslaya referencias críticas a la irresponsable e irrestricta gestión del petróleo, por su directa incidencia en el calentamiento global. Elogia, en cambio, la reutilización de la leña, fuente energética primigenia de la humanidad.
De paso, también fustiga el desenfrenado consumo de las grandes potencias y la no adhesión, por ejemplo de Estados Unidos, al protocolo de Kyoto sobre cambio climático.
El autor ingresa de lleno en el meollo del asunto, cuando propone la explotación de recursos energéticos renovables como el viento, tal cual sucede en buena parte del mundo desarrollado.
Analiza, asimismo, la miopía crónica que nos ha aquejado a través de varias generaciones, por vivir irresponsablemente de espaldas al mar, mientras nuestra plataforma atesoraba ricos yacimientos de gas natural, que fueron descubiertos casualmente.
Con firme convicción, el legislador afirma que la mejor política energética es el ahorro, denunciando la cultura consumista y de despilfarro, que es hermana de la civilización del petróleo.
A su juicio, la explotación de fuentes alternativas tendrá múltiples beneficios colaterales, como el abatimiento de los altos niveles de contaminación, el aumento de la demanda de mano de obra y el descongestionamiento poblacional de los grandes y cada vez más insostenibles centros urbanos.
El analista responsabiliza a la burocracia y al corporativismo por lo que considera una política energética errónea, que conjuga todo en términos de ganancia y no pondera la magnitud de la crisis que se avecina.
En otra columna titulada «El planeta de los con», Eleuterio Fernández Huidobro fustiga las exasperantes asimetrías sociales mundiales, analizando la dicotomía entre pobres y ricos y Norte y Sur.
En su opinión, la batalla por la supervivencia se dirime también en términos poblacionales y demográficos, no soslayando oportunas referencias críticas a los proyectos económicos impuestos por parte de los países desarrollados, mediante crecimientos controlados y otros conocidos catecismos de inspiración tecnocrática.
El autor afirma que los dueños del capital exportan condiciones inaceptables a los países periféricos, que, domésticamente, ellos jamás admitirían. Ese doble discurso es la génesis de muchos de los graves problemas que nos aquejan.
El parlamentario se enfrenta en una dura polémica con el presidente del sindicato de Ute, Julio García. El origen de la controversia está vinculado a las visiones contrapuestas de ambos en torno a las políticas energéticas, el statu quo gerencial y la necesidad de instrumentar nuevas estrategias de gestión para prevenir el colapso.
El senador escritor profundiza en el análisis de las guerras económicas del pasado y el presente, en las que el petróleo implícita o explícitamente- siempre fue protagonista.
El autor corrobora que estos conflictos, casi siempre vestidos de engañosos ropajes, están intrínsecamente asociados a riquezas en vías de extinción.
Dos casos concretos que son causales y no casuales, son las invasiones perpetradas por el imperialismo unipolar a Afganistán e Irak. En ambas situaciones, se invocaron motivos dialécticamente insostenibles.
El columnista ejemplifica el tema aludiendo al caso de Bolivia, país históricamente saqueado por rapaces apetitos colonialistas, que hoy vuelve a estar en el centro de la atención, luego que Evo Morales ejecutó la nacionalización de los recursos energéticos.
Esa recuperación de soberanía para el pueblo boliviano, puso en jaque los intereses de las grandes corporaciones internacionales y de la oligarquía vernácula.
Visualizando el tema energético con un horizonte aún más amplio, Fernández Huibodro recuerda el accidente nuclear de Chernobyl acaecido hace dos décadas en Ucrania, que derivó en una de las peores tragedias colectivas de todos los tiempos.
Este abordaje ensayístico, contenido en varias columnas periodísticas, incluye explícitas y documentadas referencias a fuentes energéticas alternativas, como la leña, el biodiesel, el etanol y el hidrógeno, que, según numerosos especialistas, será el combustible del futuro.
Obviamente, dedica un artículo entero a la energía eólica, asumiendo que Uruguay, por su situación geográfica y climática, es un país propicio para desarrollar eficiente esa inagotable riqueza.
Eleuterio Fernández Huidobro propone un gran debate nacional, destinado a discutir y rediseñar las políticas energéticas, lo que permitiría construir un proyecto productivo ambientalmente sustentable en el mediano y el largo plazo.
Según el dirigente político, nuestro país tiene condiciones propicias para abandonar su exasperante dependencia e incluso, si es menester, transformarse en exportador de energía.
En las veintiséis columnas compiladas en este libro, el parlamentario formula una serie de propuestas que ameritan ser analizadas, más allá de eventuales consideraciones técnicas.
Este trabajo const
ituye un cabal testimonio que el autor ha estudiado minuciosamente el tema, lo que confirma su alto grado de responsabilidad política.
El articulista no soslaya, cuando es menester, severas críticas a algunas actitudes de desidia y prácticas corporativas, que parecen ignorar la extrema gravedad del problema que se avecina.
Fernández Huidobro lanza un dramático alerta a los actores políticos y sociales, convocándolos a reflexionar sobre la necesidad de arbitrar soluciones que permitan evitar el colapso energético. *
(Editorial Fin de Siglo)
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