Los sórdidos códigos de la violencia
No es secreto para nadie que en países que movilizan mucho dinero, el poder del hampa organizada manipula a policías corruptos y jueces veniales, lo que le suele garantizar un importante margen de impunidad.
Entre las actividades más redituables está, por ejemplo, el narcotráfico, controlado por poderosas corporaciones del crimen organizado, que operan no sólo en las grandes sociedades capitalistas, sino también en el denominado tercer mundo.
Una de las más importantes vertientes temáticas del cine ha sido precisamente la actividad de las mafias, trasladada, casi siempre con singular éxito de taquilla, al prodigioso arte del celuloide.
Entre los directores que han sabido cultivar con maestría el género policial, resulta insoslayable mencionar al ítalo americano Martín Scorsese.
Este veterano realizador que es sin dudas uno de los más talentosos cineastas norteamericanos de todos los tiempos saltó a la fama hace tres decenios con Taxi driver, un magistral fresco policial testimonial, que, mediante un lenguaje agudo y despiadado, desnudaba todas las miserias humanas de la alienante Nueva York.
Otro filme sin dudas ineludible de la filmografía de este autor es El toro salvaje, la desencantada historia real de un boxeador agobiado por la violencia social y la corrupción.
Entre sus títulos más destacados cabe recordar, asimismo, Buenos muchachos y Casino, dos extensos frisos que desnudan, sin eufemismos, la terrible sordidez del mundo del hampa y sus rígidos códigos de convivencia.
Pese a los abundantes elogios de crítica y público y las numerosas postulaciones, Martin Scorsese jamás logró el reconocimiento de la gran industria, que le ha negado reiteradamente el otorgamiento del codiciado premio Oscar.
En sus dos últimos intentos por obtener la mítica estatuilla dorada que le ha sido tan esquiva a lo largo de su exitosa carrera, Scorsese apostó, con disímiles resultados en cuanto a calidad cinematográfica, a dos superproducciones de alto presupuesto: Pandillas de Nueva York y El aviador.
En Los infiltrados, filme de reciente estreno y favorito para competir por el Oscar seguramente en varias categorías, el célebre realizador retorna a sus fuentes: el policial negro.
Esta extensa historia de casi dos horas y media de duración, nos permite reencontrarnos con el gran maestro que ha hecho escuela en el cine policial contemporáneo.
El relato, que tiene la intransferible impronta de su creador, está ambientado en la ciudad de Boston, donde el veterano mafioso irlandés Frank Costello, magistralmente encarnado por Jack Nicholson, manipula a su antojo los hilos de la actividad delictiva.
De espíritu paternal como muchos de los criminales de ficción nacidos de la imaginación de Scorsese, este hampón pone bajo su protección a un niño, que, al llegar a la edad adulta, se transforma en oficial de Investigaciones.
Apelando a un discurso que pone en tela de juicio los propios límites de la moral, el protagonista prepara a su pupilo desde muy joven, para una tarea secreta y muy específica: ser un infiltrado en la policía de Boston, con acceso a toda la información y hasta poder de decisión.
Sin embargo, lo que este auténtico monarca del crimen ignora es que también su organización ha sido infiltrada por un joven que, luego de una muy bien armada parodia, logra mimetizarse con los delincuentes.
Mediante la creación de una tensa atmósfera, la narración va evolucionando entre la lealtad, la traición, la desconfianza, el temor y la violencia, en el marco de una auténtica guerra entre corporaciones.
Las disputas penetran la interna de la propia policía, donde la despiadada competencia amenaza con frustrar el éxito de las pesquisas, cuyo propósito es obtener las pruebas que permitan el enjuiciamiento del aparentemente invulnerable capo mafioso.
Aunque pueda parecer inverosímil, en este caso, la ética y la confianza parecen correr por cuenta de los propios delincuentes, que actúan con un solidario corporativismo que parece ponerlos a cubierto de eventuales riesgos.
Recobrando el esplendor que ostentó en los momentos cumbre de su carrera artística, Martin Scorsese construye un filme sólido e impactante, que discurre entre el thriller y hasta el discurso de sesgo reflexivo.
El ajustado ritmo narrativo, que alterna los diálogos y el suspenso con una violencia muy bien dosificada y concentrada en apenas dos o tres secuencias, transforman a este filme en un producto realmente muy atractivo y consumible.
En el rubro actoral, sobresale el trabajo del ya legendario Jack Nicholson, en un papel hecho a su medida. También hay correctos desempeños de Leonardo DiCaprio y Matt Damon.
Los infiltrados es un excelente exponente de cine policial negro de autor, que nos permite un grato reencuentro con el talento del gran Martin Scorsese. *
LOS INFILTRADOS. Estados Unidos 2006. Director: Martín Scorsese. Libreto: William Monahan. Fotografía: Michael Balhaus. Música: Howard Shore. Reparto: Jack Nicholson, Matt Damon, Leonardo DiCaprio, Martín Sheen y Alec Baldwin.
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