La lengua francesa en tierras lejanas
Con estos dos, son tres los grandes premios literarios franceses atribuidos este año a escritores extranjeros cuya lengua materna no es el francés, puesto que el Femina, otorgado la semana pasada, fue para la canadiense Nancy Huston por su novela Líneas de falla. Este hecho fue saludado por Alain Mabanckou, quien estimó que estos premios «coronan la lengua francesa magnificada por escritores venidos de horizontes lejanos».
El Premio Goncourt, Les bienveillantes, novela escrita en francés por el autor norteamericano de 39 años, había obtenido ya el 26 de octubre el Gran Premio de novela de la Academia Francesa. Nacido en 1967 en Nueva York y residente actualmente en Barcelona, Jonathan Littell es hijo del periodista y escritor Robert Littell, especialista en novelas de espionaje. Littell recorrió las zonas de conflicto del mundo durante quince años por cuenta de organizaciones humanitarias, antes de dedicarse a la escritura de Les bienveillantes, su primera novela. El libro narra la confesión de un ex oficial de las SS que describe sin ningún remordimiento las atrocidades que cometió como tal.
Littell había anunciado que no tiene ningún apego por los premios literarios y que no estaría en París en el momento de la atribución del Goncourt, lo que no influyó en la decisión del jurado. «Lo honra no ‘estrellizarse’ y decir: ‘lean mi libro’. Sólo se puede decir que es un gran libro», declaró tras anunciarse el galardón Didier Decoin, secretario general de la Academia Goncourt. La presidenta del jurado, la escritora Edmonde Charles-Roux mostró el mismo entusiasmo: «No podíamos dejar pasar tal monumento (…) es una elección formidable», dijo. El escritor español Jorge Semprún, también miembro del jurado, señaló que se trata de un «libro asombroso», «el libro acontecimiento del medio siglo actual». Su editor, Antoine Gallimard, leyó un mensaje del escritor en el que afirma que «está muy contento» con este premio, como estuvo con el de la Academia Francesa, pero «prefiere permanecer retirado» por estimar que «la literatura no tiene nada que ver con la sociedad del espectáculo», al tiempo que «desea que su ausencia no sea malinterpretada como una forma de desprecio por el jurado».
Por su parte, el congoleño Alain Mabanckou, laureado con el Premio Renaudot 2006 por Mémoires de porc-épic, posee la doble nacionalidad congoleña y francesa y reside en Estados Unidos, donde enseña literatura francesa desde 2002. Nacido en Pointe-Noire (Congo), realizó estudios de derecho en Francia, donde trabajó como jurista, antes de consagrarse a la literatura, publicando primeramente varios libros de poesía. Su primera novela Azul, blanco, rojo, (1998), es «una historia de ‘dandys’ congoleños». Su primer éxito, African psycho (2001), pinta a un asesino en serie africano. En 2005 publicó Vaso roto, novela que obtuvo varias recompensas y fue preseleccionada ese año para el premio Renaudot. Memorias de un puerco espín, novela sin puntos ni mayúsculas, cuenta las increíbles aventuras del animal narrador, llamado Ngoumba, que se convierte en el «doble perjudicial» de un tal Kibandi, atormentador de aldeas africanas.
El último gran premio de la temporada literaria francesa, el Interallié, será anunciado el 14 de noviembre. *
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