Horrores publicitarios
Los críticos afirman que la publicidad siempre es engañosa, embaucadora, que tiende la celada para atraparnos y no dejarnos pensar. Cierto es que ella mueve billones de dólares a lo largo del mundo y casi siempre, cuando hay ingenio en ella, multiplica sus inversiones.
Las multinacionales publicitarias se han desparramado por occidente y oriente, por norte y sur y nadie está a salvo. Y las armas utilizadas se han sofisticado desde los primeros avisos en los viejos periódicos del siglo XIX hasta el deslumbramiento que hoy suele ofrecernos la televisión y el cine, con todos los chiches del color y del diseño.
Las buenas ideas venden
Vaya unos meses atrás y recuerde todos los avisos creados por marcas deportivas con las superestrellas del fútbol en situaciones increíbles como jugar en limitados espacios como eran pequeños andamios o entre las olas. O lo que «Juanito, el caminador», o sea el viejo Johnnie Walter, hizo en el agua con un cardumen, aquel montón de peces que eran hombres desnudos jugueteando en las profundidades, o lo que ahora está haciendo con esa combinación de robótica transparente, una especie de androide, una maquinaria con forma humana y algunas partes como la cara que tiene ya casi la apariencia nuestra. Son ejemplos de una creatividad asombrosa y sin duda ya tienen ganados varios premios internacionales. O el acierto que tuvo Coca con su comercial de «aquellos que nunca habían pedido una coca light» o con el juego de las distintas etapas que recorre el brebaje hasta llegar al dispensador de la máquina automática. O, lo que mostró Honda–por aquí no se ha visto–con todas las partes separadas de un automóvil, que solas son irreconocibles y que van relacionándose a través de pequeños tornillos, agujas y lo que será módulo vital de todo el auto.
Por casa cómo andamos
En lo que tiene que ver con la publicidad nacional quizás el más entrador sea el del Banco Santander y el sacrificado hombre que espera a unos japoneses y debe cumplir mil tareas, desde chofer, ascensorista, secretaria y limpiavidrios hasta convertirse en el ejecutivo que recibe a sus futuros clientes. Los bancos y las aseguradoras son las que más están gastando. Hay cosas buenas. Banco Comercial, también Credit. En otros rubros, hay algunas penosas, como la de la chica del almanaque de una vendedora de repuestos, que remonta su vetustez a décadas perdidas. Hay otras que son casi idénticas, como las de las cremas rejuvenecedoras casi todas extranjeras–o de los yogures. Pero, la fabrica parece estar marchando y los medios recuperando espacios para esos avisos.
La calle vende
La publicidad callejera es la hija casi abandonada de las agencias. Por supuesto que hay enormes edificios pintados, están los carteles en las veredas de la IMM alguno es un buen aprovechamiento, como fue el caso de la cerveza Patricia que encontró la vía para poner un líquido amarillento con burbujas permanentes, las promociones de espectáculos en afiches pegoteados que poco duran porque al día siguiente ya hay otro programa para venderse, los ómnibus y ahora también los taxis que pasean marcas y deseos, y las ya clásicas pintarrajeadas de paredes, con colores políticos, y las telas o latas que se cuelgan entre árboles y columnas.
Una de ellas alegra cada día a mi hija Luciana. Frente a la casa donde ahora vivimos hay un cartelón enorme que dice¨»LUCY, FELIZ CUMPLE», y desde hace cuatro meses está reclamando su regalo. Otra es más loca. Sabemos que la vida puede ser dura y que hay que entrenarse mucho para llegar a una oferta de prestaciones que sea atendida. Siempre, sin embargo, alguien quiebra la rutina y se destaca, que es lo que se necesita para vender. En un viaje en ómnibus, luego de encontrarnos con un aviso de Cutcsa anunciando que el lunes 16 de octubre por ser feriado corrido tendría frecuencias iguales a «los servicios sabaderos», que dejó la duda sobre que significaría, porque «sabatino» suena bien y es entendible, pero lo otro debe haber tenido a mucha gente esperando, embroncada,… en ese recorrido, en Bulevar Artigas descubrimos una serie de carteles de tela con algo desconocido como llamador.
La sugestiva propuesta era esta: » Vidente del amor. Unión de Parejas. Trabajos espirituales. Tel.», con una variante más enloquecedora y apetecible: «Vidente del amor, Trabajos espirituales. Pago post resultado. Tel…». Difícil de creer porque ya no sólo se ofrecen cursos de portugués, de tarot, deshollinadores, cerrajeros, pintores, profesores para materias duras sino que ahora surgió esta nueva especie: Vidente del amor. ¿En que escuela habrá aprendido? Si su promesa de unir parejas se cumple, el hombre o mujer tiene el futuro asegurado. ¿Quién no querría saber que le deparará el futuro en su corazón primaveral? Pero, la novedad va mucho más allá. Usted se conecta con ese augur y sólo paga si el resultado le parece satisfactorio.
O sea una atrevida violación de las reglas del mercado. Pago post resultado. Todo esto lleva a pensar que el anunciante no esta en sus cabales o que tiene mucho dinero para perder porque el resultado de una unión de pareja o la solución de los desajustes espirituales puede llevar años, terminar luego de las bodas de plata o del encierro en un siquiátrico.
Debo admitir que llame al número, una voz de hombre media apagada atendió, dijo «Hola», le pregunté si estaba hablando con el teléfono tal, me dijo que si, le explique que quería saber hasta donde llegaba lo que proponía, que todo eso lo había visto en unos carteles callejeros colgados en Bulevar, y el fulano, con cierta desazón tiró todo por la borda. Me dijo que debía ser una broma porque ya, con la mía, era la segunda llamada que recibía. La pregunta surgió sola. ¿Será una broma?¨¿Será que habrá que dar alguna contraseña para ser atendido? ¿Alguien le estará jugando una mala pasada o cobrándose alguna deuda de amor. Es un horror, claro que si, pero tiene su efecto. *
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