Dos excelentes artistas nacionales

De perfil bajo, discreto en su vida y sobrio, hasta el ascetismo en su obra, Daniel Gallo, nació y vive en Las Piedras, otro factor que contribuye a fortalecer una cierta marginalidad del centralismo artístico montevideano. Incluso por las características de su obra, dentro del campo de la geometría sensible, no acapara el interés del gran público ni tampoco es frecuentado por los gestores y curadores surgidos en años recientes. Son factores que le han permitido investigar con pausa, administrar con obstinado rigor sus trabajos y proponer, desde la galería El Pasillo del Instituto Goethe, una muestra de seductora condición, impecable en su formulación plástica, surcada de una levísimo, sereno y sutil humor.

Aunque su formación conoció diversos maestros (fotografía con Julio Trobo, diseño en Idead, Florio Parganoli, Jorge Galeano y Oscar García Reino en IUAP, fue, sin duda, al contacto con el taller de Nelson Ramos y su pertenencia al CEA, que signó el rumbo a seguir. Pocas veces un discípulo pudo ser tan fiel a un maestro y separarse nítidamente de él. Es el logro rotundo de Daniel Gallo, que además supo realizar los convenientes viajes de estudio al exterior en varias oportunidades para no sujetarse a un pensamiento único. No es, pues, de extrañar la unidad sin fisuras de Instrumentario, título de la muestra que exhibe actualmente.

Es posible detectar algunas delicadas resonancias en las obras presentadas: de Ramos, una línea negra que se opone a la línea blanca de una conocida instalación de su maestro, del catalán Joan Brossa, del francés Robert Filliou, del belga Marcel Broodthaers, tan actual en la 27ª Bienal de San Pablo, inventores de objetos estéticos nutridos de la realidad cotidiana, como todo el grupo Fluxus, por otra parte. Lo que impone a consideración Gallo con Instrumentario es utilizar los propios instrumentos con que trabaja en su taller para convertirlos en sujetos de representación, en objetos plásticos. Un novísimo pincel inglés marca Harris (nº 270 posando), un compás ensamblado (Al compás del blanco y negro), un sacapuntas (El protagonista), una pluma de escribir de metal (La pluma), una espátula espejada (Es Patula/Espejo), un medidor de bronce (Por un centímetro), un objeto de madera (Lisa y llanamente), un pequeño revólver (Disparando con pintura), por un deslizamiento semántico, se convierten en enunciados irónicos de enorme significación, cargados de un espesor referencial (a los utensilios de trabajo, a los colegas que lo antecedieron) muy bien asimilados y llevados hacia una identificación única e intransferible, la de Daniel Gallo quien, a partir de ahora, se ubica en la primera fila de los artistas uruguayos. Enormemente disfrutable.

La excelencia también circula por las xilografías de Gabriel Lema, un treintañero revelado en el Premio Paul Cézanne 2004, la generación del tercer milenio, con estudios en diversos talleres de Montevideo, Maldonado y Buenos Aires bien aprovechados así como los viajes por América y Europa. Del aprendizaje de la técnica de grabado adoptó la xilografía que, en pocos años, logró dominar con suficiencia, prolongando la tradición nacional de Antonio Frasconi, Carlos González, Claudio Silveira Silva, Carlos Fossati, Ruisdael Suárez y Leonilda González. Pero esa técnica, como sucede en muchos casos, no derivó en el mero virtuosismo sino que la puso al servicio de una convincente expresión gráfica, utilizando los elementos esenciales inherentes a la estampa en madera: potenciación de la veta y los contrastes calculados de blancos sonoros y negros intensos.

Son pocas xilografías, de gran tamaño (71×100, 59x 90, 88×60 cms.) y bajo tiraje (3 o 4. a lo sumo 9 ejemplares) siguiendo la orientación longitudinal de la veta y proyectando sobre ella sombras, algunas identificables pero sin obviedad (una torre, un hombre, un gato, un árbol), trabajando la plancha con una levedad extraordinaria, acariciando casi la superficie (Misifusa, 2006), evocando sombras chinescas agitadas por el dinamismo (Interacciones) o composiciones a la manera del romántico alemán Caspar D. Friedrich (¿Quién necesita otro héroe?, 2006, no por acaso es profesor de historia del arte) todas obras amparadas bajo el título Recuerdos protegidos. (Libertad Libros, hasta hoy). *

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