GRACIAS POR FUMAR: UNA COMEDIA SATIRICA QUE QUEDA A MEDIO CAMINO ENTRE LA DENUNCIA Y EL ALEGATO

El conflicto entre la ética y el lucro

En este sistema caracterizado por exasperantes asimetrías sociales, las reglas las determina el mercado, cuya actividad, según los teóricos neoliberales, trasciende frecuentemente a la mera voluntad humana.

El cada vez más libre juego de la oferta y la demanda, a lo que se suman el creciente debilitamiento del papel del Estado y las privatizaciones impuestas desde los grandes centros de poder, han perforado dramáticamente las soberanías nacionales.

En un planeta gobernado por un orden global que no repara en fronteras geográficas y culturales, el estupor y la incertidumbre se han transformado en monedas corrientes, particularmente en las naciones dependientes.

Las consecuencias de este fenómeno planetario son múltiples y todas inquietantes: escuálidos presupuestos estatales, pobreza, desempleo y precarización laboral, entre otras.

En las naciones desarrolladas, donde los problemas de fragmentación social no son tan severos, predomina, más que nunca, la cultura del consumo, que genera una suerte de guerra comercial por conquistar el favor de los eventuales clientes.

En Gracias por fumar, el debutante realizador cinematográfico Jason Reitman construye una sátira que reflexiona sobre los conflictos derivados de las cada vez más frecuentes cruzadas emprendidas contra el consumo de tabaco.

Desde marzo pasado, en nuestro país el tema ganó un lugar de privilegio en el debate público, luego de la entrada en vigencia del decreto gubernamental que prohíbe fumar en los locales cerrados compartidos.

La película, que está basada en la novela homónima de Christopher Buckley, aborda esta problemática mediante una escrutadora mirada hacia el interior de la sociedad norteamericana, donde el negocio del tabaco es una de las industrias más poderosas y redituables.

El protagonista del filme es Nick Naylor, un joven ejecutivo que, alegando que «hay que pagar la hipoteca», se gana la vida defendiendo los derechos de los fumadores. Obviamente, su actividad es financiada por las grandes compañías tabacaleras.

Este personaje, que es un hábil declarante y posee un talento mediático muy fuerte, tiene una vida privada muy compleja, ya que está separado de su mujer y sólo convive con su hijo los fines de semana.

El relato transcurre en tres escenarios simultáneos: la interna empresarial de la industria, el congreso, donde un oportunista senador asume la causa de la defensa de los no fumadores, y la cotidianidad del dinámico protagonista.

En el primer tramo del filme, el director y guionista Jason Reitman trabaja atinadamente en la descripción de los entretelones de la industria tabacalera, denunciando algunas prácticas publicitarias inmorales y hasta ciertos actos rayanos en la corrupción.

Las estrategias engañosas llegan al extremo, realmente inverosímil, de financiar campañas que advierten sobre los eventuales riesgos del consumo del tabaco para la salud humana, con el claro propósito de blanquear la imagen empresarial.

Todo está concebido con una mirada humorística y desenfadada, que adquiere perfiles grotescos en la composición de personajes como los altos ejecutivos de la industria interpretados por J.K. Simmons y Robert Duvall.

No le va en zaga el obsesivo senador que encarna William H. Macy, que tampoco duda en apelar a cuestionables estrategias con tal de lograr su propósito de transformarse en un paladín de los derechos de los no fumadores.

Sin embargo, pese a algunos guiños políticos que se mofan del muy discutible liderazgo moral de la Casa Blanca y situaciones que ponen en tela de juicio a la ética periodística, el frontal planteo inicial, que parecía destinado a transformarse en un fuerte alegato, se desdibuja casi totalmente.

Las iniciales denuncias sobre presuntos actos de corrupción al servicio de intereses empresariales espurios, quedan en meras insinuaciones epidérmicas.

Ni la audiencia ante una comisión parlamentaria a la que comparece el protagonista en calidad de testigo o acusado, logra colmar las expectativas. En este caso, era razonable aguardar un jugoso debate que confrontara radicales posturas doctrinarias, el cual, en definitiva, carece de todo vuelo.

Pese a dos o tres muy buenas interpretaciones protagónicas en un reparto actoral sin dudas calificado, Gracias por fumar es una liviana comedia de trazo satírico, que queda a medio camino entre el testimonio y el alegato moral. *

 

GRACIAS POR FUMAR. Estados Unidos 2006. Dirección y guión: Jason Reitman. Música: Rolfe Kent. Fotografía: James Whitaker. Reparto: Aaron Eckhart, Cameron Bright, J.K. Simmons, Robert Duvall, William H. Macy, Katie Holmes y María Bello.

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