No alcanzan los botes
Viñas explotó comercialmente sus apariciones en televisión, donde urdió o cosechó el estereotipo de «Coquita», con las clásicas segundas partes sobre las tablas, en seudocomedias de las que participaba su ‘partenaire’ en la pantalla chica, Laura Sánchez.
Pero hace tiempo que, como ocurre ahora en Sálvese quien pueda – Coquita 2000, todo esquicio dejó de existir para reducirse a Viñas-Coquita que, desde un escenario, dice rutinariamente chistes escritos por Gerardo Tulipano.
La inventiva es mínima: se insiste con el disparate grueso, el sobreentendido pícaro y, sobre todo, con las dificultades horizontales de Rudecindo, el marido de Coquita, al que, por supuesto, no le alcanza ni con el Viagra para cumplir sus deberes conyugales. Como se imaginará el lector, Coquita reniega de «los políticos», se toma el pelo más allá del rulero, demuestra su sabiduría criolla tomando mate con un jarrito.
Es posible reír con los chistes de Tulipano, y nos hemos reído; pero hay que escribir, una vez más, que el teatro no es chiste. Las limitadas cualidades histriónicas de Viñas nada tienen que ver con el arte de los actores y sí con el de los cómicos y animadores, donde tampoco ocupa un lugar muy destacado. En un patético ejemplo de cómo la televisión arruina a una posible actriz, aquellas cualidades están hoy restringidas a la composición de una macchietta. Nada tenemos que ver con los negocios de Viñas; pero el teatro tampoco.
Salvese quien pueda – Coquita 2000 de Gerardo Tulipano, con la actuación de Imilce Viñas, dirección de Pepe Vázquez. En Teatro de La Gaviota, sala 2.
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