Tiene la palabra
Enrique Erro: un aporte a la historia reciente
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El pasado domingo 1º se cumplieron 22 años del deceso –en el exilio– del senador de la República y anteriormente ministro de Industria y Trabajo Don Enrique R. Erro.
En este país de los «silencios», donde se recuerdan muchos hombres y hechos y, se quieren ignorar u olvidar otros, este día pasó al decir de la canción «como si nada».
Pero el pueblo no olvida, y a pesar de ese silencio, cerca de 100 personas se dieron cita en el Cementerio de La Paz para recordar –no sólo aquel octubre de 1984– donde en plena dictadura, miles y miles rodearon a Don Enrique en un largo cortejo de Montevideo a La Paz, sino también para revivir algo, que en los tempranos 1970 Don Enrique sembrara: «Con el pueblo todo, sin el pueblo nada».
País de «olvidos o de silencios» que parece querer ignorar a ciudadanos de la talla de Doña Alba Roballo, Don Héctor Rodríguez, Don Germán Araújo y por cierto –Don Enrique Erro–. Es el mismo país que tiene una calle perdida en las afueras que pretende «recordar» al Gral. Leandro Gómez, mientras desde las puertas del Parlamento nace la avenida que recuerda al jefe de los Verdugos (Flores), que unido a los imperios de la época, destrozó Paysandú y asoló el pujante Paraguay de López. Pero, el pueblo no olvida.
Aquel viejo maestro (Erro) marcó generaciones con su accionar desinteresado, incorruptible, antiimperialista y centralmente nacionalista. Esto último en la aceptación de la Real Academia que establece: «Doctrina que exalta en todos los órdenes la personalidad nacional completa». Y vaya si éste hombre lo hizo.
No sólo con relación al espacio geográfico e histórico de la República, sino en el ámbito del subcontinente. Como siempre, tempranamente, allá por 1967 comenzó su tarea de tender lazos con líderes de otros países (Brizola, Zavaleta Mercado, el Gral. Torres, Allende y tantos argentinos peronistas y no peronistas). No había Mercosur. Nadie hablaba de integración por estos lares y muchos que hoy «reclaman» en aquellos días eran gobierno o lo habían sido y nada hicieron por la integración latinoamericana.
Tempranamente la Patria Grande pasa a ser el eje del accionar político, como muchos años antes fue uno de los tempraneros creadores de la unidad del Pueblo al crear, con Don José Pedro Cardozo y el Partido Socialista, con Mariano Arana y Nuevas Bases, y con tantos otros como Sendic y Mujica, la Unión Popular.
Corrían los primeros fermentales años de los sesenta. Por un lado Erro y la UP. Por otro Ariel Collazo, Elichirigoyti, y el Partido Comunista alumbran el Fidel. Tempranamente germina la semilla que hoy es Gobierno.
Don Enrique, nacido al accionar político en el Partido Nacional, concretamente en el Herrerismo, cuando éste fue gobierno (1959) quiso ser fiel a los principios resumidos en la Divisa «Defensores de las Leyes».
A partir de su gestión como ministro de Industrias y Trabajo defendió al trabajador y al trabajo contra la explotación y la represión patronal. Defendió también al consumidor y –por tanto– al salario del trabajador contra la especulación desembozada de la época.
Pero, no eran los tiempos de la Patria. Por el contrario, eran los tiempos en que las oligarquías y los cipayos comenzaban la entrega del país (los Azzini, los Etchegoyen, los Gari, los Nardone, la Carta Intención y el FMI). Pero éstos no eran los primeros. Ya los Musio y los Segovia (Partido Colorado) habían apaleado a estudiantes que forjaban la autonomía universitaria. Luego vendrán los Aguerrondo apaleando trabajadores que defendían sus derechos y sus conquistas. De esto es testigo todo el Cerro y La Teja.
Vendrán también los apóstatas que cuando el gobierno de la época le exige la renuncia al ministro Erro le prometen su apoyo para –pocos días después– ocupar el lugar del ministro arrasado.
El pueblo no olvida Sr. Gianola y mientras Don Enrique crecía entre el Pueblo, el tiempo hará de usted el represor del pueblo que defendió el Derecho de asilo en el Filtro con generosa sangre combatiente y solidaria. Y Don Enrique aunque muerto estaba allí. Y esto no es una licencia literaria ni un recurso sentimentalista. Es un hecho concreto. Don Enrique nos enseñó a defender el Derecho de asilo, cuando Brizzola tiene que huir de Brasil frente al golpe de Estado y su derrotada resistencia al mismo.
Fiel a su consigna «Con el Pueblo todo. Sin el pueblo nada», en 1971 decidirá en la calle y con el pueblo integrar la marea de esperanza y lucha que es el Frente Amplio.
Electo senador, el mismo 1º de marzo, mientras jura el futuro dictador, lo denunciará como abrasilerado y antidemocrático. Meses después, en febrero de 1973, denunciará la falacia de los comunicados 4 y 7 que pretendieron presentar un movimiento militar de corte populista. Lo hace con la misma energía que derramó día por día, junto a Zelmar y otros senadores del FA, en la denuncia de las torturas y los crímenes en los cuarteles. Quisieron callar su voz con desafuero y no lo lograron. Desde el exilio marcó día a día a la dictadura. La cárcel en Argentina tampoco lo calló.
De ahí, será Europa y el mundo su nuevo espacio de combate denunciando la realidad que sufría su pueblo. Su voz la silenció la muerte en París, pero su prédica está en cada militante que reclama hoy verdad y justicia. Por eso en épocas de debate histórico, de generaciones que desean conocer la historia reciente, en épocas donde algunos olvidan –o pretenden olvidar– sus responsabilidades en el deterioro del país, su economía y su pueblo. figuras y vidas como la de Erro deben ser recordadas en sus justos términos.
Por su estatura política y moral, por su compromiso con las causas populares. Por ser uno de los forjadores de esta etapa de la vida nacional, Erro es más que un político, es un ejemplo de vida y entrega que debe ser incorporado a la historia reciente, para que las generaciones presentes y futuras continúen su camino, como otros tantos caminos trazados en todos estos años de lucha y esperanza. En estas décadas de construcción de una patria para todos.
RICARDO ROMERO MOURE – 973.223-2
Los artesanos no pueden ir a la calle Sarandí
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Disculpe la poca formalidad y las correcciones que tenga ésta. Yo estoy transplantada de un riñón, hoy vine a la feria e indignada me encuentro con que a los turistas los llevan a estancias «gauchas», y aquí están artesanos de primera calidad, en telar, pero no pueden ir a la calle Sarandí. ¿Por qué? Pregunto como uruguaya, ¿dónde están los turistas? Espero lo publique, como yo vendí en la calle LA REPUBLICA porque valía la pena.
Dennos un espacio a la tierra adentro. Gracias.
ISABEL BERRUTTI – C.I. 3.227.940-5
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