Gordon Matta Clark, el anarcoarquitecto

Entre las numerosas muestras que se realizaron en Madrid en el pasado verano boreal, tres acapararon la atención en una institución que amplió sus espacios sin mejorarlos.

Picasso, tradición y vanguardia (ya comentada en estas páginas) es una de ellas, otra, La visión impura, integrada por fondos del acervo, excelente formulación de piezas excepcionales de, entre otras personalidades, Louise Bourgeois, Antoni Muntadas, Boltanski, Juan Muñoz, Anish Kapoor, Shirin Neshat, Bill Viola, Robert Mapplethorpe, Cindy Sherman, Tomas Struth, Yasumara Morimura (con Doublonnage de Marcel Duchamp), Andrés Serrano, obras conocidas en encuentros internacionales, muy agradables de rever en otro contexto curatorial. Se editó un libro-catálogo con textos inteligentes de Aurora Fernández Polanco, una firma a tener en cuenta.

No obstante esos irresistibles atractivos, la poco visitada muestra de Gordon Matta-Clark es uno de los acontecimientos memorables. Con presencia regular en bienales y documentas, la casi exhaustiva retrospectiva de Matta-Clark está a la altura de la exigente curadora Gloria Moure, con lustrosos antecedentes.

Hijo del arquitecto y pintor surrealista chileno Roberto Matta, Gordon Matta-Clark nació en Nueva York en 1943 y murió en la misma ciudad en 1978, consumido por el cáncer. En esos 35 años (como Rafael y Van Gogh) elaboró una teoría estética y una obra definitivas, únicas, de brillante y explosiva inventiva. Escultor, performer, fotógrafo, videasta y cineasta, utilizando esos diferentes medios para redefinir el paisaje urbanístico con integración política, ideológica y social de inusual complejidad metafórica en una producción que definió de hermenéutica marxista.

«Entiendo el arte en un contexto social como un acto humano esencialmente generoso, un intento individual y positivo de enfrentarse al mundo real a través de la interpretación expresiva. El valor del arte tal como funciona o a veces florece en nuestro sistema, está tan estrechamente relacionado con la creencia occidental en el derecho de expresión individual, que se podría hablar con precisión del arte como medida de la libertad en nuestra sociedad. Es sobre esta idea fundamental que abordo mi trabajo, con la esperanza de clarificar estas convicciones a través del debate o de la interacción artística en el tejido urbano», palabras de Matta-Clark que reciben al visitante a la entrada de la muestra en un texto de pared.

El recorrido de la enorme muestra, con remansos para sentarse y ver cómodamente las proyecciones en cubículos aislados, es una de las experiencias más iluminadoras y estimulantes para comprender el mundo actual. Un arquitecto que no ejerció pero que intervino la arquitectura de los suburbios de Manhattan, de la periferia de París (también los subterráneos de la Opera), edificios abandonados, de inminente demolición o habitados por los okupas, cortando muros con soplete de acetileno, modificando las relaciones espaciales y luminosas en tiempo récord, antes de desaparecer por acción de las escavadoras, pues «La auténtica naturaleza de mi trabajo con edificios está en desacuerdo con la actitud funcionalista, en la medida en que esa responsabilidad profesional cínica ha omitido cuestionar o reexaminar la calidad de vida que se ofrece».

Matta-Clark hace estallar los criterios habituales de la arquitectura y no es de extrañar los violentos conflictos que tuvo en su momento, al punto de estar prohibido hasta hoy en la bienal de arquitectura de Venecia.

Descubre la hermosura de los predios abandonados, la usura y la depredación edilicia intervenidos con energía vital, haciendo estallar las fronteras entre lo exterior e interior, orden y desorden, construcción y deconstrucción en la rizomática expansión de las ciudades impuesta por el capitalismo salvaje. Todo lo registró en videos o filmes o fotografías que tienen en el último cutting o incisiones, Office Baroque, 1977, realizado en Amberes, la ciudad de Rubens, un cibacromo encandilante, o el recorrido en Food, 1972, de 43 minutos, restaurante de la bailarina Carolyne Goodden, siguiendo el proceso de transformación de la materia desde la adquisición en el mercado hasta la mesa del restaurante en funcionamiento. Sus portentosos dibujos y collages, los recortes de espesas hojas de papel, son proyectos (muy válidos en sí mismos) de las acciones que ejecutará en los edificios.

Gordon Matta  Clark es uno de los artistas íconos de la 27ª Bienal de San Pablo que lleva el título Cómo vivir juntos. Precisamente, este anarcoarquitecto compartió con los marginados, los desclasados, los desposeídos una forma de convivencia, denunciando el cinismo de la arquitectura moderna y sintetizando en una formidable unidad de concepción las estéticas que atravesaron los agitados años sesenta y setenta (Pop Art, minimalismo, conceptualismo). *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje