Adiós a la calle
Más allá de la apariencia de las cosas, suele existir un mundo rico en matices no siempre demasiado visible, complejo, caótico o, al menos, regido por un equilibrio que algunos de nosotros no puede o no quiere comprender.
En la mayoría de los casos, la sociedad procura que nos integremos a ese orden aparente y epidérmico, en el cual prima, por sobre toda otra eventual consideración, la uniformidad de aspectos, sentimientos e ideas.
Desde nuestra infancia, se nos suele inculcar una suerte de instinto gregario, que desestima todo cuestionamiento o abordaje crítico de la realidad, condición indispensable para tener un lugar en el entramado social.
El diferente, el que opta por elegir caminos o líneas de pensamiento alternativas a cualquier nivel, es -casi siempre- salvajemente estigmatizado y deliberadamente eliminado del discurso cotidiano.
«Adiós a la calle», la nueva novela del talentoso escritor argentino Claudio Zeiger, construye la historia de un puñado de personajes que, más allá de sus evidentes diferencias ideológicas, sentimentales, sociales e incluso de opción sexual, se mueven dificultosamente entre variados universos: el aparente y el profundo, el cotidiano y el oculto.
En todos los casos, estos seres cuasi marginales deben asumir una suerte de desdoblamiento, con el propósito de mimetizarse y convivir socialmente.
Si bien existen personajes a los cuales el autor otorga más importancia que a otros en el conjunto del relato e historias de vida que están desarrolladas con mayor detalle, no es posible identificar a un protagonista central de la novela.
Empero, podría decirse que el tema realmente vertebral de la obra es lo oculto, aquello que se encuentra escindido, no porque no sea posible verlo a simple vista, sino porque la sociedad en su conjunto elige negarlo, banalizarlo y esquematizarlo, de forma tal que parece no existir o existir en forma muy atenuada.
Las criaturas literarias son seres diferentes, que navegan necesariamente entre lo aparente y lo real, entre la luz y la sombra, sin sentirse parte integrante de ninguno de los dos mundos.
Claudio Zeiger nos muestra una Buenos Aires convulsa, siempre en constante movimiento, una ciudad que parece un gran organismo que engendra y al mismo tiempo fagocita, un paisaje urbano que pasa de ser un mero lugar físico a una entidad con vida propia, un personaje más, más allá de la peripecia existencial de sus habitantes.
La novela comienza con los recuerdos infantiles de Horacio, un ejercicio de evocación que lo remonta en el tiempo a una época de soledad. Esa situación de aislamiento lo condujo a la reflexión y la introspección, dos estrategias mediante las cuales procuró comprender cabalmente su entorno.
Una madre ausente y emocionalmente desquiciada, encerrada en su habitación, y un padre cuyos negocios se movían entre el límite de lo legal y lo corrupto, marcaron la personalidad poco sociable de Horacio, quien debió cargar con el secreto de las actividades ocultas de su progenitor.
El autor hilvana pacientemente la personalidad de este ser ambiguo, que busca constantemente definirse e identificarse, pero que se mueve constantemente entre su actividad comercial como heredero y administrador del negocio familiar y el Buenos Aires nocturno, desde las opulentas fiestas de la farándula hasta los cines pornográficos donde impera la droga y la promiscuidad.
Ana, otro de los marginales personajes que habita el convulso universo nocturno recreado por Claudio Zeiger, es una profesora idealista y algo ingenua que debe enfrentarse al horror de contraer SIDA, lo cual modifica radicalmente sus puntos de vista y su postura ante la vida.
Varios de los personajes cuya existencia transcurre entre lo considerado normal y la ambigüedad, deben afrontar, desde distintos ángulos, la terrible enfermedad, ya sea como víctimas directas, a través del padecimiento de algún conocido o temiendo por su propia condición de homosexuales.
El talentoso narrador también explora los territorios de la intolerancia, la discriminación y la ingenua y peligrosa estigmatización de los homosexuales, potencial fuente de conflictos y de violación a los derechos humanos. *
(Ediciones de Emecé)
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