CON UNA PROGRAMACION ECLECTICA Y LA PRESENCIA DE FIGURAS DE REPERCUSION MUNDIAL

Finalizó la decimotercera edición del Festival de Teatro de Porto Alegre

La programación fue ecléctica, como debe esperarse de un festival, destacándose la presencia de figuras de repercusión mundial en materia de teatro como Pina Bausch, Eimuntas Nekrosius, Norma Aleandro y la brasileña Tonia Carrero Estuvieron presentes críticos de los diarios más importantes de Brasil, como Folha de Sao Paulo (Walmir Santos) y «O Estado de Sao Paulo» (Beth Néspoli). Como es usual, varios directores de festivales estuvieron presentes, como Graciela Casabé, que tendrá a su cargo el festival de Buenos Aires del año próximo

El 19 fue la entrega de premios. Recibió el premio a la mejor pieza de Porto Alegre «Sueño de una noche de verano» y el premio a la mejor actriz fue para Sandra Dani por «Calamidade».

A NOITE ANTES DA FLORESTA (San Pablo), de Bernard Marie Koltès, con Otávio Martins, dirección de Francisco Medeiros. En sala Carlos Carvalho, Casa de la Cultura Mario Quintana.

La conocimos en Montevideo con el título de «El ejecutor» (César Troncoso, dirección de María Dodera, teatro Florencio Sánchez). Otávio Martins es un actor competente, lo hace con mucho vapor ; pero no siempre la intensidad continua produce efecto de intensidad. A veces cansa. A veces el actor se sofoca y ya no es dueño de sus medios. Si transpira demasiado el espectador tiende a compadecerlo y a desconectarse. Hay una dialéctica de la atención, un ritmo de la vida, como el aire que inspiramos para expirar luego anhidrido carbónico, las pulsaciones y los márgenes de la presión arterial.

 

Del Congo y otros países

LOKUA KANZA (República Democrática del Congo) con Lokua Kanza en voz y guitarra, Lokua Malaika en voz y Mafawala Komba en percusión. En salón de actos de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (U.F.R.G.S.).

Lokua Kanza (n. 1958) y su hija Malaika son congoleños. Hay en sus espectáculos, cada tanto, misteriosos ritmos del Congo, o que suponemos tales; pero Kanza (canto y guitarra) habla en francés, idioma que prefiere, o en inglés. Malaika canta y el percusionista, Mafawala Komba, que ejecuta al final un virtuoso solo de percusión con sus solas manos, es canjeable por cualquier buen baterista de los Estados Unidos. La disposición de los músicos en el escenario, los instrumentos y la fastidiosa máquina de humo, son los que se ven en cualquier conjunto musical de Occidente.

En su género, Kanza tiene una muy buena voz, límpida y personal, es buen guitarrista, tiene una gracia a la que se alía cierta dosis de empaque o dignidad y domina los trucos de animación y manipulación del público que popularizaron los predicadores y cantantes de rock. Como músico es competente y seguro de sí mismo, algo al estilo de Paul Simon cuando recurre a Africa. Desde el comienzo Lokua Kanza arrancó ovaciones al nutrido público que llenó la gran sala del Rectorado de la Universidad Federal de Río Grande del Sur.

CALAMIDADE (Porto Alegre), de Manoela Sawitzki, con Sandra Dani y Liane Venturella, dirección de Claudia de Bem. En teatro Renascenca.

Es la primera pieza teatral de la novelista y escritora Manoela Sawitzki, y algún lastre de la narrativa enlentece el progreso de «Calamidade». La historia de una mujer madura, paralítica (Sandra Dani) que mantiene un diferendo con su hija (Liane Venturella) fundado en un trágico episodio del pasado, tiene reminiscencias de «El camino a la Meca» de Fuggard, en la decisión de la mujer de no huir de la inundación que se acerca y morir en su casa. Valorizan la obra la actuación de Sandra Dani, cuyo carisma no necesita casi de la voz ni del gesto para trasmitirse y de Laine Venturella, a quien viéramos en el teatro Circular en «Dorotea» de Nelson Rodrigues.

ANHELO DE CORAZON (Chile), de Caryl Churchill, por la Compañía La Gracia, con Blanca Mallol, Patricia Velasco, Rodolfo Pulgar,Eduardo Herrera y Katy Cabezas, dirección de Paly García. En Teatro de Cámara Tulio Piva.

«Anhelo de corazón», con la dirección de Alberto Zymberg fue una de las mejores obras uruguayas del año 2005, y nos interesó cotejarla con esta versión chilena. La conclusión inmediata es que tanto Zymberg como aquí Paly García siguieron la obra con análoga fidelidad y la trasmitieron en el mismo registro. La explosiva combinación del apunte literal de las costumbres, con sus idiotismos, réplicas convencionales y discusiones prefabricadas con el más radical teatro del absurdo, partió del mismo criterio de actuación y obtuvo el mismo efecto, divertido y refrescante, de la versión local. Como en la puesta en escena montevideana, los actores se posesionaron del juego que propone Churchill y realizaron plenamente y con un plus de alegría los propósitos de la autora. Puestos a encontrar una diferencia, y sin desmerecer en lo más mínimo a la puesta en escena de «La Gracia», vemos retrospectivamente a la versión de Zymberg como algo mejor cronometrada y más acorde con un ritmo prefijado de la narración y tal vez el mensaje crítico que se abre camino a través de tanta repetición, ese espejo deformante del sector de la clase media que representa, fue más claro y preciso. Quizás los chilenos de «La Gracia» se enfrentaron más audazmente con el caos y supieron llevar la obra más al borde de su propia refutación.

 

De y sobre los elencos  uruguayos

Los mejores elogios que recogimos, un poco al azar, sobre los elencos uruguayos fueron para «Morir» y «El camino de los pasos peligrosos» (voto del director gaúcho Camilo de Lélis). También fue muy apreciada la actuación de nuestro compatriota Juan Carlos Moretti, ahora radicado en España, por su actuación en «Minetti» de Thomas Bernhard.

A su vez nuestros artistas nos brindaron sus opiniones sobre el Festival. Todos los grupos invitados destacaron la buena organización, la atención de que fueron objeto, manifestada en delicados detalles como los refrescos y frutas en los camarines y sobre todo la alegría de sentirse participantes de un festival. Buena parte de los méritos fue para los respectivos «anjos» (ángeles), guías, custodios y gestores de los grupos, a los que cuidaron en todos los aspectos.

Eduardo Cervieri («Cabrerita») nos contó que el público, que aplaudió a Carlos Rodríguez de pie, recogía las copias de los dibujos de Cabrerita que quedaban en el piso y le pedían que las autografiara. Vieron «Larvarias» (dirección de Daniela Carmona), de Porto Alegre, una obra inspirada en la estética de las máscaras del Festival de Basilea, con muy buena técnica; «Parada 400″ (Jezebel de Carli) le pareció dinámica y muy precisa, aunque, como todos los hispanoparlantes, tuvo dificultades con el idioma; finalmente quedó encantado con la cantante Adriana Calcanhotto, que tuvo a su cargo la apertura del festival.

Gabriel Calderón («Morir») disfrutó también de «Parada 400″, y apreció la colaboración de Rodrigo Lopes en la adaptación de la escenografía de «Morir», pieza a la que el público respondió muy bien (en la sala 2 del Circular en dos planos en vertical) por dos planos horizontales en el «Renascença».

Alejandro Martínez («Un número») disfrutó, y creemos que podemos atestiguarlo, de cada minuto del Festival. Destacó las canciones y la presencia escénica de Adriana Calcanhotto, la gracia y distinción del teatro San Pedro, el almuerzo en el club Epico y el atractivo de la ciudad, a la que desea volver.

Alvaro Correa («El camino de los pasos peligrosos») prolongó por su cuenta la estadía y así pudo ver varias obras, de las que destacó «Sueño de una noche de verano» de Shakespeare, dirección de Patricia Fagundes (Porto Alegre) «Variaciones Meyerhold» de Eduardo Pavlovsky, el primer acto de «Oth
elo» de Shakespeare, dirección de Eimuntas Nekrosius, Ricardo III, de Shakespeare, dirección de Roberto Lage (San Pablo), y gustó de los teatros de la «Casa de la Cultura Mario Quintana». Encontró a Pina Bausch por debajo de las expectativas creadas y escasamente interesante, a «Argumas de Patativa» muy doloroso en el primer episodio y en el resto de interés menor. De los argentinos vio «La omisión de la familia Coleman» (Claudio Tolcachir) donde encontró algunos chistes fuera de lugar, «Los hijos de los hijos» (Inés Saavedra) y «No me dejes sola» (creación colectiva más Mauricio Kartún). *

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