Tiene la Palabra

Florece la justicia

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

 

* ¿Dónde están ahora los que ocultaron la información? Los que negaban la tortura, el secuestro, los asesinatos, las desapariciones, el robo y la venta de niños ¿qué dirán ahora?

Los que pregonaban que había que salvar al Uruguay, de las campañas orquestadas internacionalmente ¿dónde se metieron?, ¿en qué lugar se meterán tanta mentira?

Los mismos que defendieron el quedarse quieto, no decir nada, ¿qué estarán haciendo ahora?

¿Podrán mirarle la cara a sus hijos, a su familia, a sus amigos?

Nosotros lo sabíamos, a pesar del tiempo transcurrido, a pesar del dolor y la angustia, de las lágrimas, de los días de soledad y las noches sin dormir; que la justicia iba a terminar imponiéndose, como siempre lo ha hecho a través de la historia, porque el oprobio y la mentira siempre abdican ante la fuerza de la razón.

Queda un largo trecho por recorrer todavía, pero el camino ya está abierto y esto fue posible porque hubo personas tenaces, corajudas que nunca dieron por perdida la lucha, porque siempre creyeron en la meta que se propusieron: alcanzar la verdad y la justicia.

Es para las madres y familiares de nuestros compañeros desaparecidos, que siempre estuvieron donde tenían que estar y pusieron lo que tenían para poner y dijeron lo que tenían que decir, este momento de reencuentro con la alegría de saber lo que lograron: que la justicia tocó la puerta del Uruguay. Que la verdad se instala en el país, que la impunidad retrocede y florece la margarita.

RUBEN VALLS  – C.I. 1.216.377-3

 

Que se muestre el rostro de los narcos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Insólito realmente… a todas luces injustificable y aberrante, la protección que se brinda a algunos de los más repudiables delincuentes internacionales.

Presenciamos las filmaciones de la forma y el disimulo con que se protege a los repudiables traficantes de drogas: son AXB ZMU, encapuchados desde la nuca hasta la cintura, como jamás se les ha ocultado a los peores criminales de la historia nacional e internacional.

Son los culpables de la perdición de millares de jóvenes y niños, incluso asesinos de sus madres y de sus padres.

¡Horrendo! ¡Estremecedor!

No existe nada más forzosamente insoportable que el secreto presumarial. Pero sancionado el delito penal, tenemos el pleno derecho a conocer e identificar documentada y fisionómicamente a nuestros despiadados verdugos.

Despiadados verdugos de nosotros y de nuestros hijos.

Es hora de reconocerlos y denunciarlos públicamente, como legítima defensa.

JOSE LUIS AZAROLA SAINT – C.I. 875.196

 

El miedo está sembrado

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* A las nueve y cuarenta y seis del once de setiembre del año dos mil uno, columnas de humo, cual inmensos dragones, recorrían las calles del sur de Nueva York y sumergían en el más absoluto caos a todos sus habitantes. El resto del mundo asistía impávido al mayor acto de barbarie cometido en territorio norteamericano.

Casi tres mil vidas segadas en un instante, casi tres mil familias enlutadas, por la irracional mente de los violentos de siempre, los que dividen para reinar, los que llevan lejos de su propio hogar su mensaje de muerte.

Nada de lo que ocurrió le es ajeno al gobierno de los Estados Unidos, nada puede asombrarle; demasiados odios cosechados a lo largo de la historia; Corea, Vietnam, Panamá, Nicaragua, Granada, irán, Libia y todas historias muy frescas para quien quiera oírlas o verlas. Aún hay hombres y mujeres en Vietnam a quienes se les ven las quemaduras del napalm de los aviones americanos, hombres y mujeres de hoy, que ayer eran niños y niñas. Aún viven psicológicamente destruidas las jóvenes panameñas que fueron violadas por los marines a su paso por la tierra de Torrijos.

Para ellos nadie prendió velas, por ellos los canales no se horrorizaban cada año, por ellos no habría enviados especiales al lugar de los hechos, para ellos no habría cámaras encendidas mostrando sus rostros mojados, cegados por el dolor y la rabia. Y son las mismas víctimas, víctimas del odio generador de odio, víctima de la cruel imbecilidad de los hombres, víctimas de intereses espurios, víctimas de la irracionalidad dirigente. El terrorismo en sí mismo, el que se combate y el combatido. Por ello nada puede ser ajeno a uno y otros. Uno debería esperar más raciocinio de unos que de otros, pero de Roma hacia acá, todos los imperios se han comportado igual y todos sabemos las diferencias entre un imperio manejados por Augusto o por Calígula.

Al otro día de aquella infame mañana, la prensa del mundo titulaba «guerra a Occidente», «Guerra cultural», «choque de civilizaciones», «América atacada», sumando así más división, más odio, menos comprensión.

Luego vino más confusión y aún hoy sigue; hay solo dos personas detenidas con relación a los atentados, una de ellas, hace pocos días, desbastaron Afganistán y Ben Laden sigue de «trekking» por las montañas.

El gran sueño republicano hecho realidad, tener a la nación controlada, observada, vigilada, cercenar cuanta libertad sea posible, una libertad que fue orgullo del país por más de doscientos años. Todo dilapidado por la paranoia de un inconsciente que llegó al poder de la mano de la billetera de su padre. Ahora el nuevo circo tiene colores, rojo, amarillo o verde, según los vaivenes de la bolsa se podrá encender la alarma que advertirá la presencia del mal, en cualquier esquina. Muchos lo verán en Disney, otros en alguna bolsa en McDonald’s, o tal vez en algún carro de Wall Mart o incluso en sobres de Federal Express. Lo cierto que el miedo está sembrado, el miedo que siente el ciudadano norteamericano es el mismo que sienten los iraquíes, es el miedo a la barbarie, a lo demencial que es la guerra.

Ese día todos fuimos americanos, como alguna vez fuimos vietnamitas, o panameños o camboyanos, o judíos, ese día todos fuimos víctimas, ese día descendimos un poco más en la escala, ese día la muerte le ganó a la vida una batalla, pero si no comprendemos que todos somos víctimas, perderemos la guerra.

ALVARO PEREZ – C.I. 1.990.850-9

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje