Album de familia, en el Teatro Circular
Hay un poco de locura, por lo demás, en casi todas las familias, y tanto Ibsen («Espectros», «Casa de muñecas») como Sánchez («En familia»), por ejemplo, supieron mostrar abismos cubiertos de apariencias normales; pero cuando se empieza con la chifladura, como en esta pieza, no es claro qué locura se revelará en un segundo. No se revela ninguna, y todos terminan hasta un poco más sensatos que al principio, por lo que el tono es monótono, sin dialéctica. Eso sí, locos o cuerdos sólo en la superficie, hubiéramos preferido en Nunca estuviste tan adorable menos agitación. Posiblemente el efecto de zarandeo haya sido buscado, tal vez como medio de mantener la atención del espectador en un conjunto cojitranco de anécdotas que no logran organizarse; pero entraba y salía tanta gente al mismo tiempo que, ya avanzada la trama, no llegábamos a identificar a todos los personajes. Nunca estuviste tan adorable no da tiempo a pensar ni a aburrirse; pero tampoco hay tiempo para reír, reflexionar, divertirse, porque no bien culmina una escena suenan timbres en la puerta, teléfonos en la sala y gritos por el foro que anuncian una situación nueva.
Arranca la obra: luego de algunos despropósitos que retratan una personalidad más risible que autoritaria, Blanca, la dueña de casa (Denise Daragnès), recibe un regalo anónimo acompañado de una misiva insinuante: pero no estamos ante un tema de insatisfacción, infidelidad o adulterio, sino ante una segunda encarnación de don Perlimplín, el marido sumiso sumergido aquí en las grasas de su taller mecánico. Irrumpe luego sin preparación alguna un segundo tema, las desventuras familiares de una vecina, Marta (Lupe Mesa Deus); al fin hay un suicidio, sin angustia, sin dolor, sin adioses. Pero estos dos temas cubren una mínima parte de la comedia, que navega una catarata de diálogos, generalmente agresivos, donde no podía faltar el insoportable «¿Qué pasa, qué pasa?» obligatorio, como se sabe, en la dicción teatral rioplatense. Algunos momentos son divertidos, como la escena en que la dueña de casa se esfuerza en no atender un teléfono; pero no llegamos a ver su integración en el todo.
El autor dice en el programa que «…este espectáculo versa, a grandes rasgos, sobre la historia de la familia de mi mamá…» Si su propósito fue hacer un álbum de familia, Nunca estuviste tan adorable, no podemos sino respetar los propósitos documentales o de crónica del autor; pero la obra aparece confusa y desnorteada. Muy a menudo la vida familiar, que se nos propone en los spots de televisión en base a gente bien alimentada que dispone de jardines con piscinas, es un caos, y así suele demostrarlo la crónica policial, que ingresa casi furtivamente en los últimos tramos de esta comedia. Pero si así hubiera ocurrido, si el efecto de Nunca estuviste tan adorable proviene de que es una crónica o una pequeña historia, no encontramos suficiente justificación a la génesis de esta obra: el arte debe organizar el caos, la voz que le diga a la anécdota inerte «Â¡Levántate y anda!». *
NUNCA ESTUVISTE TAN ADORABLE, de Javier Daulte, por el Teatro Circular de Montevideo, con Paola Venditto, Denise Daragnès, Lupe Mesa Deus, Leticia Cacciatori, Marcelo Rocca, Juan Luis Granato y Alejandro Busch. Escenografía y vestuario de Raúl Acosta, iluminación de Ferrín y Dapertutto, música de Fernando Ulivi, dirección de Alvaro Correa. En Teatro Circular, sala 1.
Compartí tu opinión con toda la comunidad