Gran poesía, objetos pequeños

Deborah Finocchiaro es directa; y eso identifica la poesía de Mario Quintana (Alegrete 1906   Porto Alegre 1994). No hay, o no parece que haya, artificios. La actriz, vestida con un hermosísimo traje blanco (Raquel Cappelletto) se presenta, recorre el escenario, lo adopta, lo hace hablar. Aparece en su persona el poeta: ella dice, recita, enseña, baila, vence, convence; avasalla con la convicción que imparte su voz y con la autoridad con que habla su cuerpo. Las claras y delicadas reflexiones y observaciones del poeta solitario de Porto Alegre tienen en ella a una intérprete con un alma afín, que además utiliza diestramente una gran variedad de medios expresivos, como el arte plástico de Zoravia Bettiol en proyecciones y animaciones, todo ello realizado y realzado por la hermosa y sugerente iluminación del también director Jessé Oliveira, del que habíamos visto en el festival de teatro de Porto Alegre del año 2005 la magistral «Hamlet sincrético» por el grupo «Caixa preta».

Todo en «Sobre anjos e grilos» puede ser tan simple como la caminata de una hormiga sobre una hoja de papel, que sugirió a Quintana estas líneas: «Una hormiguita atraviesa en diagonal la página aún blanca. Pero él, aquella noche, no escribió nada. ¿Para qué? Si por allí ya había pasado el estremecimiento y el misterio de la vida…» pero el refinamiento, la originalidad y la dificultad del espectáculo consisten en la síntesis de diversas artes a propósito de un ramillete de apuntes líricos, donde la voz humana se ciñe a su expresión más sencilla.

La poesía, y no sólo la de Mario Quintana, es dramática. Si es lo que debe ser, tiene un contenido dialéctico, un comienzo y un desenlace, a veces trágico; y la anterior experiencia escénica con los poemas del mismo Quintana, «Esconderijos do tempo», que pudo verse aquí en ocasión de uno de los «Porto Alegre en Montevideo», así lo demuestra. Ahora el arte y la personalidad de Deborah Finocchiaro, nos devolvieron esa íntima relación de las dos artes del verbo hablado; y fue una bella rima del destino que el astro tierno e imaginativo que animó a Quintana retornara en la misma Casa de la Cultura que lleva su nombre, el ex hotel Majestic donde vivió y murió el poeta. Había dicho que lo único importante de su vida fue su nacimiento, que ni una sola coma de sus obras era otra cosa que una confesión, y que su vida estaba en sus poemas; y los cien años de su considerable nacimiento se cumplieron mientras Deborah Finocchiaro lo volvía a la vida, confesándolo sobre las tablas de la sala Bruno Kiefer. *

 

SOBRE ANJOS E GRILOS, O universo de Mario Quintana, de y por Deborah Finocchiaro. Vestuario de Raquel Cappelletto. Banda sonora de Chico Ferretti, imágenes de Zoravia Bettiol, iluminación y dirección de Jessé Oliveira. En teatro Bruno Kiefer, Casa de la Cultura Mario Quintana, 6º. Piso.

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