Tiene la palabra

Los blancos y su triste papel

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Como nacionalista de toda la vida, hoy votante del Frente Amplio, realmente nos resulta deplorable la actuación de los representantes (de lo que queda) de otrora glorioso Partido Nacional.

Por un lado los ha «calentado» que los hayan tratado de «batllistas».

Cosa que parece, si se tiene en cuenta que contribuyeron últimamente al triunfo del Partido Colorado, algo real y palpable. Porque que un blanco contribuya al triunfo de un Batlle es algo inconcebible y para un nacionalista, ¡una verdadera aberración!

Veamos algunas actitudes de sus actuales dirigentes: Abreu quiere actuar en las relaciones exteriores a su manera. Pero ignora que su partido perdió las elecciones. También defiende la actitud de Israel en el conflicto de Oriente. Pero ahora nos enteramos por «Brecha» que es el presidente de la Cámara de Comercio Uruguay-Israel. Gandini sigue preocupadísimo por el nombramiento del futuro yerno de la ministra Marina Arismendi, habiendo miles de temas mucho más importantes. El diputado Lacalle Pou, hijo del «Cuqui», dice «que extraña a Gianola». ¿Qué es lo que extraña? ¿Su traición a Erro en el 58? ¿O será que quiere de nuevo represión frente Hospital Filtro?

El doctor Gonzalo Aguirre defiende a golpistas, ¡increíble aun, dado que fue vicepresidente y legislador en tiempos de democracia!

La tarea más lamentable la lleva adelante el presidente del honorable (?) directorio, doctor Larrañaga. Vaga sin rumbo en opiniones y ni el nuevo Mercosur le sirve.

Ha afirmado que hay mucho antiimperialismo con el ingreso de Venezuela y Chávez, entre otras cosas disparatadas. Cuando fue al homenaje a Herrera días pasados, nadie le dijo que el «viejo» solía expresar en la primera página de «El Debate»: «Allá los rubios del Norte».

Bueno sería que alguien le refrescara la memoria, de que los nacionalistas ¡siempre fueron antiimperialistas!

De cabo a rabo, si la pobreza de la oposición del Partido Colorado causa verdadera pena, la de los blancos cae en el ridículo.

Como si todo esto fuera poco, la «tribuna» donde los blancos de hoy dicen «su» verdad, es el matutino caganchero, aliado incondicional del proceso cívico-militar que nos dejó, junto a los gobiernos que vinieron después, un país en ruinas.

ELBIO PUMAREGA

 

Agradecimiento a la «Misión Milagro»

Trinidad, 20 de julio de 2006

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* De mi consideración, me dirijo a usted para solicitarle la publicación de ésta, en su prestigioso diario.

Quisiera por este medio agradecer a nuestro gobierno y al gobierno cubano por la Misión Milagro que están llevando a cabo.

Para quienes no saben qué es la Misión Milagro, les digo que se trata de la atención primero en nuestro país y luego en Cuba, de los oftalmólogos cubanos que están atendiendo a nuestros ancianos, jóvenes y niños con problemas y enfermedades de la vista.

En mi caso como en tantos otros, hace dos años que esperábamos el llamado desde el Hospital Maciel, para que mi madre de 86 años fuera operada de cataratas del ojo izquierdo.

Tanto esperamos que también enfermó de su ojo derecho quedando ciega. Al final, convencida de que aquí no había solución, se animó a viajar en avión.

Fuimos a Cuba el 26 de junio próximo pasado y volvimos el 12 de julio, mi madre con su vista recuperada.

La estadía, atención y el lugar donde vivimos fueron inmejorables. Desde el personal que se ocupa de la higiene de las viviendas, donde residen pacientes y acompañantes, hasta el médico director general de toda la villa médica Tarará, estuvieron para atendernos y ver que nada nos faltara.

La Villa es un lugar hermoso rodeado por el mar Caribe, las casas donde convivimos habitantes de varios países centroamericanos son chalés con todas las comodidades.

En esa convivencia intercambiamos conocimientos y aprendimos las costumbres de cada uno sobre su país de origen, viviendo como una gran familia.

Agradezco de corazón a todos estos médicos que se han ocupado de nosotros, para que volvamos a vernos y a los coordinadores de Salud Pública que nos acompañaron en el viaje y estadía: al Sr. Eugenio Petit y Srta. Gabriela Bonett, como también a los de Desarrollo Social, Srta. Mariela Fodde y el Sr. Carlos Fernández.

Para terminar, como si fuera poco devolvernos la visión, todo esto fue gratuito, algo que no conseguíamos con los oftalmólogos uruguayos.

Mi más profundo agradecimiento nuevamente en nombre de mi madre Viterba Robertt y el mío propio.

Sin más saluda atentamente:

LILIAN STRATTA ROBERTT – TRINIDAD – DPTO. DE FLORES

 

Fútbol

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* En rueda de amigos (¿cuando no?) saltó el tema grande. El nuestro. El uruguayo. El que hace vibrar. Fútbol. Pasión y garra. Alma y vida. Pasado, presente, futuro. Muchas veces oí decir, que en mundo nos conocen por el fútbol. Enhorabuena. Fútbol-Deporte. Fútbol-País. Quiero expresar un enfoque que hace tiempo me ronda por la cabeza. Los jugadores. Cuando comenzamos nuestro fútbol, allá atrás, cuando empezamos con las «cosas pequeñas», tales como salir campeones del mundo y otras «menudencias» parecidas, el jugador no se venía, compraba, prestaba, cambiaba, trasladaba, traspasaba hoy, el fútbol-deporte, se enroscó, entremezcló, atornilló, el fútbol-comercio.

Aquí y en todo el mundo. Hoy día un jugador «vale». Se cotiza. Tiene tanto valor monetario. El jugador, tiene precio, y quienes a esta nueva concepción obedecen, lo comercian. Y es por sumas, muchas veces astronómicas.

Se lo ofrece, según oferta y demanda. El jugador sabe todo esto. A mejor juego, más cotización. EL jugador, consciente de que cada tarea en la vida, tiene su tiempo, trata de amasar dinero en unos pocos años. Luego seguirá en el fútbol ocupando otros puestos. Técnicos, de entrenador, entre muchos. Otros habrán terminado su carrera. Ricos algunos, menos ricos, los demás. Ahora bien. El jugador de antaño, de cuando éramos los amos y señores del mundo, (campeones), ése, nacía y moría pobre. (Al menos del fútbol no se enriquecía). Pero… cuanta gloria.

Cuanta historia futbolera. Jugaban por la camiseta. Por la celeste. Por un cuadro. Por un país. Sabían que todo y cualquier movimiento, no generaba dinero personal, pero sí generaba felicidad popular. Si uno que es futbolero de alma, y vivió y vibró con aquellos hombres, (sin excluir a ninguno), no puede menos que soltar un lagrimón. Pero, como el tiempo jamás se detiene… Recordemos con afecto al fútbol de ayer, apostemos, con valentía, al fútbol de hoy. Ambos valen.

Atentos saludos,

CARMI RAUCH – C.I. 866.784-6

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