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Uruguayos, esos argentinos de antes

En «Uruguayos, esos argentinos de antes», el escritor uruguayo Nelson Ferrer construye una novela que explora los laberintos de nuestro pasado remoto y reciente, discurriendo entre el testimonio, el alegato político y hasta la intriga policial.

En este relato de ficción con trasfondo histórico, el autor indaga en los tiempos de la gesta emancipadora, con el claro propósito de demoler algunos mitos registrados en el imaginario colectivo uruguayo y rioplatense.

Ferrer desarrolla su narración en varios territorios temporales, con el propósito de convocar a la reflexión y plantear  a título de ensayo y objeto de debate- una nueva y revulsiva tesis sobre el origen de nuestro Uruguay como nación independiente.

En este contexto, no es casual que tome al Doctor Lucas Obes como objeto de estudio, lo que le permite corroborar no sólo que fue una figura revelante en el convulso siglo XIX, sino también su perfil controvertido, ya que fue acusado de traidor por todos los bandos en pugna.

El escritor ambienta su peripecia literaria entre 1979 y 1980, lo que naturalmente no es casual. Por entonces, nuestro país vivía postrado bajo la maquinaria represiva del terrorismo de Estado, que, además de asfixiar a la oposición, pretendió instaurar una nueva doctrina de exaltación nacionalista.

Ese proyecto supuestamente restauracionista característico de la dictadura se consagró, por ejemplo, en la repatriación de los restos de nuestro caudillo José Artigas y en la inadmisible reivindicación pública del dictador Lorenzo Latorre.

Nelson Ferrer, considerado un referente de la denominada generación del 83, ingresa en el micromundo de un grupo de jóvenes montevideanos de la época, que pretenden demostrar las presuntas falsedades de la historia oficial, mediante la puesta en escena de una osada obra teatral.

A tales efectos, contratan a un detective, ex policía, alcohólico y solitario, quien deberá desarrollar una peculiar investigación que lo trasladará imaginariamente casi dos siglos atrás.

El propósito de la pesquisa es precisamente determinar qué incidencia habría tenido Lucas Obes, ese porteño innominado y devenido en uruguayo, en el proyecto de nación independiente que cuajó en el territorio de la Banda Oriental.

Pese a que la dictadura no parece ser un eje vertebral de la obra, el decurso del relato confirma que sí lo es. El autor sabe trasladar al lector la ominosa atmósfera opresiva imperante de ese tiempo aciago, tanto en lo que concierne al paisaje ciudadano, como al temor y las precauciones de los propios protagonistas.

El narrador hurga en los sinuosos territorios del pasado, en una suerte de indagación que apunta a develar más de una incógnita de nuestra turbulenta historia.

Recuperando fragmentos de su propia memoria autobiográfica, Nelson Ferrer registra las complejas tribulaciones de un grupo de jóvenes que, al igual que él, crecieron y se hicieron adultos en plena dictadura, entre temores, silencios e incertidumbres.

De algún modo, esa amurallada Montevideo de la primera mitad del siglo XIX que había padecido múltiples asedios en medio del fragor colonialista e independentista, guarda ciertas analogías con la capital «ocupada» a fines de la década del setenta del siglo pasado, por los mastines autoritarios que se adueñaron del poder.

Sin embargo, al margen de ese envase de temporalidades múltiples y cruciales acontecimientos, la clave del relato es ese Lucas Obes enigmático, una suerte de agujero negro de nuestro pasado, ángel y demonio, héroe y traidor, tan admirado como denostado.

Más allá de disensos y razonables controversias, el novelista toma a este peculiar personaje como un símbolo de la desmemoria y de nuestra predisposición a barrer las miserias debajo de la alfombra del silencio y el olvido.

Pese a la ficción novelesca que el autor desarrolla mediante una escritura ágil, frontal e intensamente descriptiva, hay un claro intento por recrear las tribulaciones de una juventud amputada en sus posibilidades de expresarse libremente, durante una dictadura que conculcó todos los derechos y sometió a la sociedad de los años setenta y ochenta a una férrea obediencia.

Construyendo su relato entre Montevideo y Buenos Aires, Ferrer comparte con sus lectores una intrincada investigación, que se adentra en las entrañas de la historia de los últimos doscientos años.

El autor, que se mimetiza con el detective de la ficción, hurga junto a este en numerosos archivos, bibliotecas, edificios públicos, iglesias y hasta cementerios de ambas márgenes del Río de la Plata. Con ello reconfirma que, históricamente, los vínculos entre Uruguay y Argentina son absolutamente insoslayables.

El relato evoluciona desde la peripecia de algunos de los jóvenes políticamente comprometidos, hasta las pesadillas del investigador -un ex represor excomulgado por sus propios compañeros- que padece sentimientos de culpa por una terrible realidad que tardó en comprender.

Sugestivamente y ciertamente no es casual, la única narración en primera persona corresponde precisamente al detective, una criatura literaria que parece arrancada de las páginas de una novela negra, pese a su oscuro pasado como agente de inteligencia al servicio del autoritarismo.

En casi trescientas páginas, Nelson Ferrer construye una novela que transita diversos espacios geográficos, históricos y temporales. El autor desarrolla varios relatos simultáneos, que transitan por los territorios de un pasado que se remonta a casi dos siglos, entre Montevideo, Buenos Aires y hasta Río de Janeiro.

Ese periplo literario es el del propio Lucas Obes, que el autor nutre de realidad, ficción, numerosos documentos y cartas.

Ferrer reconstruye los turbulentos escenarios de una Banda Oriental que aún distaba de edificar su destino, corroborando que nuestro Uruguay nació del vientre de arduas y sangrientas disputas, guerras, revoluciones, recurrentes traiciones y hasta negociaciones diplomáticas.

En cierta medida, el narrador evoca que el territorio que hoy ocupamos los uruguayos fue un teatro de disputas entre potencias de la época colonial, en una suerte de guerra fría que anticipaba tiempos contemporáneos tal vez aún más sombríos que los pasados.

Este juego especular que plantea el autor entre dos épocas separadas por casi dos siglos de distancia, es uno de los sustentos de la obra, que más allá de su envase ficcional, apunta, en más de un aspecto, a rescatar dispersos fragmentos de la memoria.

La figura de Lucas Obes, que es sin dudas un personaje central del libro, asume obviamente un carácter simbólico. Por más que los jóvenes del relato se propongan denostar a este argentino devenido en uruguayo, la obra trasciende a este propósito.

En efecto, el autor se propone explorar territorios bastante menos transitados de nuestro pasado, en una búsqueda que procura arrojar aún más luz sobre el parto fundacional de nuestro Uruguay.

En este trabajo literario, Nelson Ferrer pone la realidad al servicio de la imaginación y viceversa, aunque desarrolla una minuciosa pesquisa histórica que le permite ganar en rigor y esclarecer numerosos episodios cruciales de nuestro devenir

Sin embargo, esta no es una novela histórica propiamente dicha, sino un intento de aproximación a muchas verdades recurrentemente bastardeadas por el discurso oficial.

Aunque evidentemente Ferrer no es un historiador, sí demuestra un sólido oficio para el periodismo de investigación y también una plausible inquietud por ensayar nuevas miradas sobre el período autoritario.

El escritor apela a una nutrida y variada batería de recursos para atraer al lector, mediante una narración dinÃ
¡mica y bien documentada, que oscila entre el testimonio, el alegato político, el humor, el desencanto, la novela negra y hasta la indagación psicológica.

La obra retrata a la generación del propio autor, cuya juventud, como la de otros uruguayos, transcurrió en plena dictadura, entre la represión, la mordaza, el miedo, la incertidumbre y el desconcierto por lo que estaba sucediendo.

«Uruguayos, esos argentinos de antes» es una sólida construcción literaria, que apunta no sólo a narrar una historia profundamente humana, sino también a recrear minuciosamente un tiempo de barbarie e intolerancia, que requiere un permanente ejercicio de debate y reflexión. *

(Editorial Alfaguara)

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