León Gieco presenta esta noche en el cine Plaza su disco "Por favor, perdón y gracias

Canciones que alumbran la esperanza

León Gieco proviene de la cultura rock. Su labor desde que bajó desde Cañada Rosquín –su pueblo natal– a Buenos Aires tuvo un perfil folk que logró deslumbrar con sus textos poéticos y al mismo tiempo frontalmente disidentes a principios de los años setenta como «Hombres de hierro» y «Todos los caballos blancos», entre otros.

De inmediato cobró vigor con un formato musical que mezclaba gestos roqueros y una línea neofolclórica que más tarde se iría acentuando. La popularidad la alcanzó con canciones como «La colina de la vida», «La Navidad de Luis», «Cachito campeón de Corrientes» y especialmente esa canción que devino himno: «Sólo le pido Dios».

Desde su primer disco La banda de los caballos cansados, tal vez su labor más ambiciosa fue el proyecto denominado De Usuahia a la Quiaca, un recorrido por todo el territorio argentino explorando los ritmos autóctonos y que fue editado en su versión completa en cuatro compactos formidables y conmovedores.

La grandeza de León Gieco, el creador de rocanroles como «Pensar en nada» o incursiones folclóricas como «Semillas del corazón», consiste en una serie de palabras simples, aparentemente simples, pero que se imponen por el establecimiento de una poética honda y alumbradora.

Este nuevo disco será, sin lugar a dudas, uno de esas extrañas piezas imprescindibles de la canción popular. Un fonograma que devendrá en clásico y que por lo tanto nunca pasará de moda.

Vale recordar que en su momento Gieco ha dicho «No creo en el perdón. Latinoamérica viene perdonando desde hace quinientos años y así estamos con el perdón. No sólo los perdonamos; ciudades y avenidas llevan el nombre de estos terribles asesinos».

En una frase de una de sus canciones anteriores dice: «Yo no creo que esto se ponga mejor, pero si no luchamos será peor».

» Está todo aclarado -explica Gieco- mis canciones siempre terminan con grito de esperanza. La felicidad está en la lucha. Cuando nos manifestábamos en contra del indulto, nos preguntaban si nos sentíamos fracasados. Nosotros pensamos que perdimos, pero en toda lucha se ganan y se pierden cosas. En cuántas hemos ganado. Gracias a este tipo de manifestaciones o a la lucha por los Derechos Humanos no están más los militares en el poder. ¿Se imaginan lo que hubiera pasado si el pueblo no hubiere luchado, si las madres no se hubieran puesto su pañuelo blanco? Quizá todavía estarían los militares en el gobierno. No va a cambiar la cosa, pero hay que luchar. ¿Estamos en la globalización?: entonces hay que globalizar la lucha. La felicidad y la esperanza están en la lucha. Por eso lucho y quiero decirlo para que más gente luche. Hay gente que no hace una mierda, se la pasa boludeando frente al televisor. Se salvan esos tipos que trabajan catorce horas por día para mantener a su familia. Esos no tienen tiempo de pensar en nada. Para mí, esos se salvan: son laburadores. Pero, ¿cuánta gente hay que no hace una mierda, que ni siquiera tiene el sentimiento de ayudar a alguien? Y es tan fácil ayudar… Es solamente dar un poco de lo que tenés. No hay nada más glorioso que ayudar a alguien y nada más pelotudo que no hacerlo».

Actualmente Gieco se encuentra inmerso en un nuevo proyecto titulado Vestido de rock nacional en el cual se investiga y rescata el rock argentino de las década de los años 60 y 70, época -precisamente- en la que incursionaba en la música. Ahora, tras una extensa e intensa trayectoria sin dobleces, el cantautor santafecino ha logrado acumular una afortunada y noble trama de canciones que impactaron en la región y e incluso más allá de la superficie continental, para obtener así una incidencia importante en otras regiones del mundo. Con una estética que se ha nutrido considerablemente de los modos y quehaceres del cancionero de la música popular contemporánea y latinoamericana, Giego es todas esas épocas y -lo más admirable- es que mantiene intacta una apuesta conceptual que le sigue proyectando hacia el futuro.

Talento, compromiso y sensibilidad son los elementos que han llevado adelante el proyecto cancionístico de Gieco, uno de esos artistas ya emblemáticos para más de una generación y que, en ese contexto, no le ha temido al permanente recambio de público, sino que, por el contrario, siempre ha logrado seducirlo.

El precio de las localidades para el recital de esta noche en el que previamente cantará la uruguaya Ana Prada, será $ 250 las tertulias altas, $ 350 las plateas y $ 550 el superpullman. *

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