Honestidad brutal
Mi nombre es todo lo que tengo (My name is Joe) de Ken Loach (Tierra y libertad, La canción de Carla) es producto de una investigación en los barrios pobres de Glasgow.
El guionista Paul Laverty explica: «Me pasé meses caminando las calles de Glasgow, hablando con la gente, escuchando sus historias antes de empezar a escribir la primera línea. Primero vinieron los personajes, después la historia que contarían».
De encuentros con grupos de alcohólicos Anónimos salieron no sólo valiosas indicaciones, sino parte de los actores del equipo de fútbol que aparece en la película. Un ex drogadicto explicó en detalle los gestos a reproducir; otra, inspiró al personaje de la prostituta.
Durante la propia filmación, hubo episodios de robo de equipos que fueron luego devueltos gracias a los contactos del equipo y de actores detenidos por la policía, de tan bien que imitaban.
Ken Loach, conmovió por estos lados por la dureza de Pobre vaca, en los 60, algunas de cuyas imágenes se vieron en Vengar la sangre, estrenada el mes pasado. Siguió en esa línea de mostrar la dureza de la vida sin ninguna concesión al sentimentalismo, incluso cuando abordó temas más épicos, como las revoluciones de España y Centroamérica.
Ahora, vuelve a una vida concreta de un hombre «insignificante» y sin salida aparente. Joe (Peter Mullan, premiado como mejor actor en Cannes) es un ex alcohólico desocupado que canaliza sus energías en un cuadro de fútbol integrado por marginales. Liam, uno de los jugadores, ex drogadicto, está casado con Sabine, una adicta que se prostituye para conseguir droga. En la casa de esa pareja, que lucha para conservar a su hijo, Joe conoce a la asistente social Sarah (Louise Goodall) y contra todo pronóstico, se enamoran.
Todo parece mejorar, pero Joe decide aceptar un último trabajo para pagar a un traficante una deuda de Liam. Sarah no acepta esa realidad y la pareja entra en crisis.
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