"Rehenes" en la sala de El Mincho
Se agrega una banda sonora dinámica, y los paseos de una mujer (Mariana Casares) que parece encargada de simbolizar el alma inmortal, que prevalece sobre los infortunios del cuerpo. El resultado, como consecuencia, no agrega nada ni al libro ni a «El combate del establo» del mismo Rosencof; hoy secretario de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo. El propósito de la obra nos resulta mero oportunismo.
Hay en «Rehenes», para peor, una especie de castidad política muy característica de nuestro medio, todavía bajo los efectos deprimentes del renuncio parlamentario permanente que fue y es la ley de impunidad de los crímenes de la dictadura. Todo parece muy prudente. Los presos de «Rehenes» no tienen nombre. No se sabe en qué país están. Los vemos allá lejos, contra una pared, detrás de un enrejado, no en un pozo. Apenas se adivina lo más importante: que hubo alguien, que aún no osa decir su nombre, que ordenó desde la calma de un escritorio aquellas injurias. Pero nada de lo que importa se dice, como debería decirse, con la cabeza alta y todas las letras. Peor aun, se desconoce el cuadro histórico, político y social que llevó a considerar la tortura, por ciertos funcionarios públicos, como una práctica honrosa y rutinaria. En este sentido los brevísimos conatos de tortura que aparecen en «El señor Galíndez» de Eduardo Pavlovsky y en «Kassandra» o «La muerte y la doncella» de «Oi nois aquí travéiz» de Porto Alegre (con Paulo Flores y Tánia Farías) que presentan un contexto político mucho más explícito, tienen una potencia explosiva de la que «Rehenes» carece por completo. En estas obras sabemos dónde estamos. Nos sentimos, mal o bien, en medio de nuestro destino sudamericano. Vemos un episodio más, aunque muy elocuente, de la lucha de clases, que no está en las modestas acciones de los obreros de Dancotex o Impresos Vanni y que ha cobrado y cobra precios en sangre, invisibles para los noticiarios de televisión, que sólo se conmueven con la «tragedia en la ruta», accidentes que suceden a otros. Lucha de clases que cobra un precio en carencias de educación, en desnutrición, en enfermedades, en promiscuidad y aun en muerte. El ministerio del miedo ha llegado al teatro. *
REHENES, de Nelson Flores, sobre «Memorias del calabozo» de Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro y conversaciones con Jorge Zabalza, con poemas de Líber Falco. Con Mariana Casares, Jorge Olivera y Nicolás Suárez. Ambientación sonora de Alejandro Díaz, iluminación de Inés y Till Silva, escenografía de Alejandro Curzio. Estreno del 10 de junio, en El Mincho.
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