Territorios de la madera
Se trata de Arte & Madera, un encuentro entre artistas de España y Uruguay. No participan escultores de la madera exclusivamente sino también aquellos que la emplean como soporte para incorporar otros materiales y pintores que incursionan por la sólida superficie en lugar de la tela. Así, es interesante verificar las diversas modalidades que asume un mismo material: el plano o bajo relieve, el pictórico, la articulación de elementos, el collage, la escultura de volumen pleno. El tratamiento que recibe la madera es disímil: la talla directa, el corte con sierra, el ensamblaje de tablas de desecho, intervención del ready-made o de elementos naturales. Los territorios de la madera son numerosos.
Es que desde sus orígenes, al igual que el barro y la piedra, la madera fue (y es) utilizada por sociedades primitivas (o primeras) como elemento accesible para la expresión plástica además de cumplir una función utilitaria. Egipcios y griegos antiguos, los pueblos africanos, dejaron elocuentes testimonios hechos en madera, así como las comunidades rurales de todas las épocas. Lucho Maurente, el pescador de La Paloma, dejó la huella de su talento naïf en pequeñas obras talladas a mano, de la misma manera que Salustiano Pinto, de amplio registro operativo y Claudio Silveira Silva, los tres del interior del país. No fueron los únicos. Los madí Carmelo Arden Quin y Rodolfo Uricchio, María Freire, Octavio Podestá, Germán Cabrera, Hugo Nantes, Sergio Meirana y hasta Washington Barcala, hicieron de la madera un material apto para la creación. Su ausencia se hace notar.
A pesar de los excluidos y de la errática concepción, Arte & Madera es una buena muestra. El elenco uruguayo es formidable. No porque sea mejor que el español, sino por ausencia de figuras notables de ese país, señaladas por Juan Manuel Bonet en el catálogo, que hubieran permitido un diálogo y una confrontación fecunda entre diversidades.
Es muy elocuente el sesgo inventivo que le imprime Ricardo Pascale a la madera natural agrupada en haces que convergen hacia un centro, con rugosidades y tonalidades de riquísimos efectos, el vigor sintético que impone Pablo Damiani a sus figuras abstractas talladas con enérgica decisión, el virtuosismo de Wifredo Díaz Valdez en sus violoncelos deconstruidos, la gracia de J. J. Núñez y Torres García en los juguetes pintados, la severidad del constructivismo de Roberto Píriz y Juan de Andrés (por primera vez se acerca un talento nacional radicado hace años en Barcelona), cada uno diferenciado en intenciones y resoluciones, el encadenamiento de madera y vidrio de Agueda Dicancro, ascética y sensual al mismo tiempo, que se prolongan en la síntesis rigurosa y planista de Matto, el recorrido barroco de Alpuy y el constructivismo de Manuel Pailós y Augusto Torres, la síntesis conceptual y monumental de Nelson Ramos. Conforman un panorama escultórico uruguayo de primer nivel. Reunidos, los escultores uruguayos harían un excelente papel en el exterior.
Entre los españoles, el surrealista Oscar Dominguez está representado con una sola pieza al igual que el maestro vasco Jorge de Oteiza (estuvo en Montevideo en ocasión de ganar el concurso al Monumento a Batlle, que se le escamoteó por razones que la razón ignora), reveladora del minimalismo escultórico, al que el joven Jorge Varas dará su vuelta de tuerca no muy actual. El grabador y pintor Manuel Angeles Ortiz, con maderas articuladas y pintadas, es una curiosidad de una etapa juvenil ligada a las vanguardias históricas, Jorge Leiro y David Lechuga se imponen con sus personajes figurativos atravesados por el humor, más decorativo en Eugenio Granell, Moisès Villèlia y Pablo Bruera. El dramático informalista Lucio Muñoz, oscilante entre lo pictórico y lo incisorio en sus tablas muy elaboradas, tiene un trabajo circular de poderosa fuerza expresiva pero en otros dos está dependiente de lo pictórico al igual que Francisco Farreras, finísimo pintor. Gerardo Ruedas y Esteban Vicente eran mejores pintores que estas esporádicas incursiones en la madera, sobrias por otra parte.
Con un balance que favorece a la representación nacional y a pesar de las observaciones, Arte & Madera es un esfuerzo significativo, muy destacable, estimulante, pues no es común la exhibición de escultura. Si la muestra tiene la intención de efectuarse en Madrid, no estaría demás ajustar el enfoque sobre la realidad escultórica en Uruguay. Se haría justicia. *
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