La mar estaba serena
No hay mucha pólvora por descubrir. El filón, aparentemente, surgió por la década del 70 y se denominó con el altisonante título de «cine catástrofe». Treinta aos después, la fórmula sigue dando sus dividendos en forma intermitente pero segura.
Como ya se sabe, se trata de apostar a un desastre natural (terremotos, ciclones, inundaciones, etcétera) u otro tipo de cataclismos, (como el de un rascacielos devorado por las llamas), que marquen un siniestro telón de fondo donde una docena de personajes plantean su peripecia personal mientras mueren o sobreviven en el desenlace.
También, obvio es decirlo, dicha receta se juega a cierta morbosidad del público y a los efectos especiales que, con los últimos avances de la tecnología, han ido adquiriendo un grado de sofisticación increíble. En el caso de La tormenta perfecta poco se puede agregar a lo ya sealado; ni siquiera las credenciales del director germano Wolfgang Petersen (que supo marcar líneas cinematográficas alternativas en sus comienzos europeos), pueden aportar algo diferente a este ejercicio de hombres enfrentados a la naturaleza en su peor estado de turbulencia.
Quizás el único detalle a subrayar sea un punto de partida verídico sobre megatormenta que realmente se abatió en el Atlántico Norte durante 1991. Este extrao fenómeno atmosférico, ocasionado por la confluencia de huracanes caribeos con fríos glaciales, determinó uno de los peores sucesos marítimos de todos los tiempos y quedó registrado a nivel de leyenda en los anales de la historia de los siete mares.
Petersen, sin embargo, apenas se aparta de un esquema casi televisivo con presentación introductoria de los protagonistas y sus problemáticas individuales. Así desfila un capitán con problemas laborales a la vez que se dibujan los amores y desamores que una tripulación heterogénea sabe proporcionar en breves presentaciones como para marcar simpatías y/o rechazos con la platea.
Luego de hechas las presentaciones Ãalgo extensas a decir verdadÃ, el largometraje condimenta la peripecia a través de algunos encuentros cercanos con tiburones, ciertos enfrentamientos de pescadores que delatan viejos odios y un accidente con final feliz que parece reordenar las cosas en su lugar de fraternal camaradería. Por fin Ãy de la mano de la empresa de efectos especiales Light & MagicÃ, se desata la tormenta con toda la furia que cabe en la pantalla grande. En este último trecho del largometraje es donde da la impresión que el público recibe lo que pagó por su entrada en medio de olas gigantescas, turbonadas infernales y tragedia inevitable. De todas maneras y en virtud de toda la acción hiperbólica que ha corrido en 35 mm durante los últimos tiempos, este temporal de estanques artificiales y computación digitalizada no agrega mayores fotogramas a lo ya visto en otras oportunidades. Paradójicamente podría decirse que la película también hace agua y de nada vale la presencia de George Clooney, el nuevo Ãsex symbolà de los Estados Unidos para llegar a buen puerto. Habrá que seguir remando.
La tormenta perfecta. Dirigida por Wolfgan Petersen. Libreto de Bill Wittliff sobre novela de Sebastián Junger. Con George Clooney, Mary Elizabeth Mastrantonio, Diane Lane y Marc Wahlberg.
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