LIBER FALCO / 100 AÑOS, DE JULIO CALCAGNO, EN EL TEATRO FLORENCIO SANCHEZ

Milagros de la media voz

stán algunas anécdotas del hombre, que vienen a cuento y nos lo revelan ensimismado, pero despierto. La vida de Líber ha sido ejemplarmente narrada por Mario Arregui; Mario Alvarez ha escrito un valioso libro sobre la poesía de Falco. En una u otra dirección encontramos el mismo misterio o, si se quiere, milagro: una poesía sobre temas tan breves como leves, construida con un vocabulario reducido pero tratado con una sensibilidad exquisita.

El hombre Falco es difícil de definir. No era un soñador, ni un imaginativo, ni un bohemio. Sus anécdotas llevaron al «Florencio Sánchez» graciosas distracciones; pero su vida supo de un trato distante pero eficaz con la «amarga prosa» de todos los días; supo ganarse la vida, fundar un hogar. Su padre era anarquista, de ahí su nombre libertario; pero Líber, aunque naturalmente afín a las causas populares, no fue un militante. Si nos preguntamos cuáles fueron sus lecturas, la única respuesta es «las suficientes». No se le recuerdan agudezas ni epigramas y antes bien gustaba de oír que de hablar; cuando hablaba, su palabra era justa, nunca concluyente. No se le recuerdan risas estentóreas, ni chascarrillos: para él la vida era algo grave, pero no triste por fuerza. Su voz, curiosamente aguda, como hecha para el canto, no se alzaba nunca. Tal vez no hubiera aceptado que se le llamara intelectual; pero fue Carlos Martínez Moreno, del grupo de «Número», quien habló ante su tumba, y comenzó su oración fúnebre con los primeros versos de «El cementerio marino» de Paul Valéry.

Este hombre aparece así en la fraternal evocación de Calcagno, que se le acerca con precaución y respeto, como dando rodeos. Están en esta obra los mejores poemas y los que lo retratan porque están hechos con su vida, con la vida de los amigos, presentes e idos, con los anuncios de la muerte, a los que llama «el invierno que esperó tantos años»; están las buenas anécdotas, todas de inocencia, que son como un negativo de sus versos. Está el tango, concebido como el retrato musical de una vida simple; pero el tango de «Pensalo bien» o «La novia ausente», no el tango del desesperante macho de «Como la mosca» o el de los malevos de «El ciruja». Está, en particular «Vía muerta», donde colaboró con la música de Domingo Luis Bordoli.

Julio Calcagno y Pepe Vázquez pusieron en la empresa todo su refinado arte de intérpretes del verso, Adolfo Torres y Manuel Valente su buena música, sin estridencias y con alma. Una música como el mismo Falco, sus poemas y su vida; y como cuando Líber leía sus poemas, nadie pudo sustraerse a un seguro hechizo y a una dulce emoción.

 

LIBER FALCO / 100 AÑOS, recital de tango y poesía, guión y dirección de Julio Calcagno, actuación de Julio Calcagno y Pepe Vázquez. Músicos: Adolfo Torres en bandoneón y Gabriel Valente en canto y guitarra. Estreno del 11 de mayo, teatro Florencio Sánchez. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje