El mundo tal cual es

Mirad no es una exhortación a atender aunque sea por un momento a los niños de Bosnia, sino el nombre de pila de un niño, bosnio e islámico, Mirad Malic, cuya azarosa odisea por diversos países hasta la hospitalaria Holanda y luego de regreso a Bosnia Herzegovina nos cuenta la obra.

El autor, Ad de Bont, narra la historia de Mirad con elogiable sobriedad. No ahorra momentos de suspenso y muerte, como la escena de la tortura y la muerte del padre, pero controla el material y está muy atento a los pequeños detalles de la vida real que sostienen la verosimilitud del relato.

Sus mejores efectos los obtiene cuando muestra al hombre de hoy como una hoja seca en un gran remolino de migrantes, desplazados y perseguidos, minorías acosadas, religiones excluidas, etnias sin tierra. Bosnios, kurdos, hutus, chechenes; pero también esa marea latinoamericana que abastece la primera línea del trabajo humano de New York a Amsterdam.

La escritura es sobria; su ausencia de énfasis y de retórica hace más convincente su exposición de un mundo donde casi no hay lugar para la esperanza, si no la buscamos en la desesperada aventura final de Mirad en busca de su madre. Antonio Baldomir dirigió esta obra con análoga aleación de intensidad y claridad de exposición, obteniendo un espectáculo compacto, pulido, sin puntos débiles. Los intérpretes, Juan González Urtiaga y Rossana Tóccoli, que debieron actuar más de un papel, cumplieron a satisfacción las exigencias de la pieza.

Mirad, un niño de Bosnia, de Ad de Bont, traducción de R. Brower, con Juan González Urtiaga y Rossana Tóccoli. Escenografía de Claudia Sánchez, luces de Haydée Chocca, vestuario de Paula Villalba, banda de sonido de Pablo Guillén y Antonio Baldomir, dirección de Antonio Baldomir. En Teatro Victoria.

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