Tiene la palabra
Comentario del artículo del Sr. Leopoldo Amondarain del día 03/03/06
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Una vez más otro artículo de Leopoldo Amondarain parece llover sobre mojado, ahora le preocupa el debido proceso de los hermanitos Peirano, antes me permito decir que a través de artículos anteriores leídos del presente escritor saco en conclusión que el mismo es blanco de derecha y por lo menos simpatiza, si no pertenece, a la secta Opus Dei, corríjame si me equivoco.
Le preocupa al Sr. Amondarain el proceso de estos «señores» más que el terrible daño que infligieron a toda nuestra sociedad y parte de la paraguaya, parece ser que quiere tapar el sol con un dedo, debiera preguntarse si realmente el punto es que se realice el debido proceso o medir el real daño, no se olvide que no sólo contribuyó a la desestabilización del país sino que dejó adentro a miles de personas y empresas y eso creo que es lo que realmente nos debe preocupar, no si van a pasar 2 o tres años más de prisión, los cuales espero sean muchos más, tal vez le preocupe que una vez salgan de prisión a estos y sus familias los veamos en las esquinas haciendo malabarismos o limpiando parabrisas; no Amondarain, no se preocupe que ellos van a seguir siendo multimillonarios, lo que Ud. dice que les fueron confiscadas propiedades y otros bienes debe ser cierto pero no debe significar nada en comparación de lo que tienen y que buena parte de ello lo obtuvieron de mala forma, eso sí, siempre en nombre de Dios.
En cuanto a los hermanitos Rhöm es cierto que no se pudo juzgar a ninguno y debemos responsabilizar a las autoridades de Interpol del gobierno anterior y de este y a los jueces implicados ya que poco o nada hicieron para obtener su arresto, es de hacer notar que si los Rhöm se toman algún cafecito en Corrientes y Esmeralda no deben estar solos, deben estar acompañados por Juan Peirano que sigue prófugo y que Ud. omite mencionar, ¿acaso se le olvidó? este delincuente también está prófugo y nadie parece ocuparse por su captura.
Quisiera aprovechar para preguntarle ¿qué pasó con la escribana Barbani? no se la vio más, ¿acaso ya se entregó?, ¡oh casualidad que desapareció después de las elecciones en donde figuraba en una lista, la de los blancos claro… !
Sólo espero que el día que terminen de purgar condena los hermanitos Peirano en Montevideo, y espero sea dentro de muchos años, sean extraditados al Paraguay donde seguro las condiciones en las que purgarán sus penas no serán iguales a las actuales donde a estos nenes no les falta nada, lo que es realmente vergonzoso y donde una vez más se ve que no todos somos iguales.
Como sabrá Sr. Amondarain al día de hoy ya van siendo procesados 20 ediles de Rivera, todos blancos y colorados por robo, apropiación indebida u otro término pero que significa lo mismo; vaya preparando su defensa que ésta le va a llevar más trabajo.
Me permito Sr. Fasano sugerirle que para los próximos artículos del Sr. Amondarain estos lleven el título de «La columna de la derecha por Leopoldo Amondarain».
Un saludo
GABRIEL IRIGARAY / C.I. 1.864.465-8
Prevención
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* ¿Alguien sabe de prevención en la Policía o el Ministerio del Interior?
Escuetamente cuento mi última experiencia:
Jueves 29 de marzo hora 22 esquina de Bmé. Mitre y Rincón.
Llego en auto para irme a mi casa y me acosan 4 o 5 jóvenes de no más de 16 años reclamando propina con actitud no amigable.
Casi subiendo al auto y poniendo la mano en el bolsillo del saco como si tuviera un arma le digo: «Te doy… pero no te acerques a mí…»
Se detiene… le doy la propina y salgo.
¿Qué pasa si no interpreto esa comedia o si no tengo cambio para darle?
Protección policial en toda la cuadra… bien gracias.
Hace pocos días a mi hija en San José y Convención, a las 22 hs., salió a comprar cigarrillos y casi la matan de una paliza para robarla. estuvo internada por los golpes recibidos y hoy está en un siquiátrico recuperándose mentalmente del momento de terror que vivió.
La Policía no existe en las zonas sensibles ni tampoco en el centro de la ciudad. Todo Montevideo es tierra de nadie.
CARLOS GONZALEZ C. / C.I. 463.421-1
Agradecimiento
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Por la presente la Comisión Pro Remodelación y Ampliación del Hospital Maciel tiene el agrado de dirigirse a ustedes con el propósito de hacerles llegar el agradecimiento por la colaboración prestada, años tras año, en la difusión de la lotería del Hospital Maciel.
Al reiterar a ustedes nuestro agradecimiento, hacemos propicia la circunstancia para saludarles muy atentamente.
ING. ANTONIO RUIZ MASCARO / SECRETARIO
DR. MANUEL RIAZ ROMEU /PRESIDENTE
Perpetuar la memoria de Fernando Miranda
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Fueron sepultados los restos del escribano Miranda en una ceremonia, que a pesar del deseo de sus familiares fuera más bien privada, reunió un importante número de personas.
Lo importante a mi modo de entender las cosas, como alguien dijo en esta ocasión, sería perpetuar su memoria. ¿Cómo?
Trabajando para alcanzar el país que ellos soñaron.
Hay signos positivos.
Se pagó la deuda internacional de este año.
Pero por otro lado aumentó la desocupación.
Hay que meterle fierro, como solía decir el Padre Martín.
Y tratar de que nuestros hijos vivan en un país un poco mejor que el que nos tocó para vivir a nosotros.
Lo saluda atentamente.
JOSE R. C. C. / BMA 17.534 – BARRIO ATAHUALPA
Carta abierta al ministro Mujica
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Por intermedio de su diario quisiera dirigirme al señor ministro Don José «Pepe» Mujica.
Don «Pepe» Mujica, esta es la segunda oportunidad que le escribo, la anterior fue por el año 2001 en una nota en este mismo diario, donde me ofusqué mucho con usted y con don Fernández Huidobro por sus declaraciones, pero hoy el motivo es otro.
Mirando la TV en casa (fin de semana clavao, el resto de la semana no voy), en un compendio de notas del viaje del señor Presidente de la República, en una nota en Venezuela usted le comentaba al señor presidente venezolano Hugo Chávez que cumplía «21 años de salir de la cana» y qué casualidad un año después yo «entraba» porque este mes cumplo 20 años de servicio ininterrumpido «Sirviendo a la Sociedad» sí señor, 20 años en la Policía.
Lo que es la vida, usted fue festejando 21 años de recuperar la libertad, libertad ésta que le fue coartada por su proceder y pensar, equivocada o no pero así sucedió y hoy viajando por el mundo como ministro de gobierno, representando a nuestro país, sembrando esperanzas y cosechando cariños y afectos lejos del paisito.
Yo por otra parte festejando en solitario, sin felicitaciones y muy para mí, estos 20 años sirviendo de la mejor manera posible y con lo que puedo, a mi sociedad, eso sí de libertad ni hablemos, trabajando 18 o 20 horas de lunes a viernes, con horarios cortados, 8 o 9 horas los sába
dos o domingos sin poder ver a mi familia la mayor parte de la semana y llegando a fin de mes a fuerza de arroz con papas y huevos.
De las esperanzas que sembraron hace un año y medio en mí y en más de 20.000 compañeros y familiares, poco y nada se cosechó, de lo «sustancial» apenas si se llegó a lo básico, pero de todas formas se trata de seguir siendo un buen policía y no morir en el intento.
Entonces me tomé el atrevimiento de comparar su vida después de recuperar la libertad y la mía.
Usted en una continua lucha por lo que se soñó para la gente de campo y el resto de la clase obrera y yo comenzando un periplo dentro de un complejo sistema de normas y reglamentos, que ya en esos años eran obsoletos.
No debe ser nada fácil soportar más de una década en prisión y salir lúcido, pero le aseguro que no es moco de pavo mantenerse 20 años en la Policía y apenas estar salpicado, mire mi amigo (si me permite esa expresión), no es chicharrón de venado aguantar abusos de adentro y de afuera durante 20 años y mantenerse cuerdo, sólo un policía puede soportar puteadas y escupitajos un día y abusos de autoridad al otro, sólo un policía sabe lo que es soportar que lo tilden de «comunista» si se queja o reclama sus legítimos derechos o que lo llamen «traidor» cuando denuncia una anomalía con caracteres de delito.
Sólo la esposa de un policía puede dar testimonio de la dura vida de la mujer de un policía y de sus hijos, de lo que tiene que inventar para convencer a los niños de por qué papá no viene hoy o por qué no puede ir a la reunión de padres de la escuela, y si por esas casualidades de la vida a papá le da el tiempo de ir un rato uniformado, porque tiene un servicio, enseñarle a sus hijos que su papá no es un milico «alcahuete» como comentó un compañerito después en la clase, que su papá es un trabajador como cualquier otro, con otro sistema de trabajo, unas veces gratificante y otras muy ingrato, que carga con los odios de otras épocas que heredó por el solo hecho de vestir un uniforme policial.
A su arribo al país, un periodista le pregunta si valió el precio pagado para ocupar el lugar que hoy ocupa; usted no le contestó tácitamente pero dio valederos argumentos, le explicó que están los que se sientan en el cordón de la vereda a esperar qué pasa y los que le salen a la vida de frente, sé por experiencia propia que la libertad no tiene precio, todo precio toda deuda que se pague con la libertad se paga cara, más en los casos de los policías que sin cometer delitos pagan con su libertad faltas institucionales y los que juzgan no son ni serán doctorados en leyes.
En el tiempo que a usted le llevó pasar del calabozo a un ministerio yo sólo tuve un ascenso y no voy a llegar al segundo, no por no ser capaz, sino por no poder con el sistema.
A pesar de todo aún no me siento en el cordón de la vereda, por el contrario, continúo de pie y luchando por una nueva esperanza… El sindicato, semilla ésta que vengo cuidando y regando desde el semianonimato por 19 años y hoy en este nuevo gobierno comienza a germinar con dedicación; así como nuestros muertos, la vida de gente como usted, su lucha, la de miles, que no todo haya sido inútil.
La falta de esa respuesta imprescindible, que testimoniamos los de cerca y los de lejos, nos enfrenta a una dolorosa realidad en la que tenemos que admitir que aquel «algo», gobierno o poder, queda muy a la derecha del camino lleno de vida, muerte y dolor que un día hubimos de transitar; que ese algo queda muy lejos de la utopía que marcaba el rumbo del discurso que escuchábamos y trasmitíamos en los comités, los partidos, los gremios y los sindicatos; que queda cada vez más lejos del ideal al que usted, mucho más que yo, dedicó su vida.
Ahora resulta que llegó la hora de la verdad, pero hasta ahora vino sin justicia.
Ahora al parecer tenemos que renunciar a la ilusión, comernos dobladas todas las consignas, atragantarnos con la rabia y la vergüenza que nos nace cuando vemos que nada de lo que creímos era como lo esperábamos, cuando por primera vez algunos sentimos vergüenza de ser uruguayos ante las irónicas (o no) preguntas: ¿TCL con Estados Unidos? ¿Uruguay? ¿El gobierno de izquierda?. Esas preguntas suenan arrasadoras ministro, para quienes aún confiamos, para los que queremos mantener firme la esperanza, pero no tenemos respuesta ni argumento para explicar por qué ahora hay que defender lo que siempre criticamos, ahora que parece que todo lo que pensábamos era falso, o ficticio, o mentira. Es una sensación de vergüenza devastadora, porque no la podemos acompañar con la rabia que se siente contra el enemigo, porque para mí, y quiero pensar que para muchos más, todavía hay esperanza de que alguien nos explique, y nos dé una respuesta.
Ese alguien, entre otros, para muchos, es usted, querido Pepe.
La memoria del exiliado, que llega como retazo rasgado de los harapos del ayer, me trae una locución suya en un programa de radio de las dos de la tarde de hace mucho tiempo, cuando se inauguró el hipermercado Géant, y nuestra siempre moderna clase media soportó estúpida y sonriente diez horas de cola para comprar el quinto televisor; y usted, caliente como yo ahora, se indignó, y sintió vergüenza, como la que yo siento ahora y vociferé, y dijo que no alcanzaba con ganar el gobierno, sino que había que cambiar la cabeza de la gente, que los pequeños almacenes familiares desaparecerían por imposibilidad de competir y que a cambio de aquella renta familiar modesta pero digna, el hipermercado ofrecería un empleo de hambre a los jóvenes de la familia, que verían su destino caprichosamente condenado al trabajo casi esclavo en el que no tendrían derecho a sindicalizarse, ni reclamar, ni siquiera hacerse respetar.
Pregunto: ¿las plantas de celulosa garantizarán a sus trabajadores sueldos dignos, respeto a las leyes sindicales, bajo o nulo impacto negativo en la región, etcétera, etcétera?Queda una horrible sensación de que algunos cambios, como los del discurso, la ideología o la caracterización del enemigo, se dan de manera muy radical y vertiginosa, mientras que otros, los de mejores condiciones de vida para el pueblo, los de educación de calidad, los de tierra para el que la trabaja, parecen perder cualquier posibilidad de ocurrir; ¿cuándo, cómo y quién torció el rumbo?.
Los riesgos que toda planta tierna tiene, semilla esta que fue plantada sin intención por quien en vida fuera uno de los más fervientes defensores de los derechos de los trabajadores de los frigoríficos cuando las papas quemaban, don Miguel Ortega, tío postizo y padrino de quien suscribe.
La letra de un tango dice que «20 años no es nada», para mí son media vida, un día dios me regaló un bebé, hoy la miro y veo a una mujer, desde que nació hasta ahora poco y nada la disfruté, la miro y apenas la reconozco al igual que a mi mujer, los años que usted sufrió la ausencia de su compañera encarcelado, yo la sufro en libertad, pero aun así, igual que ustedes, seguimos juntos hombro con hombro luchándola día a día.
Feliz aniversario don Pepe y que lo tengamos por muchos años más, diciendo las cosas con el corazón y la razón, sin politiquería barata, para poder seguir teniendo un referente ya que la muerte me privó del más querido, don Miguel Ortega, que dios lo tenga en la gloria.
¡Salud compañero!
HECTOR GIMENEZ
Compartí tu opinión con toda la comunidad