CULMINA EN BUENOS AIRES LA EXPOSICION "30 AÑOS. ESTETICAS DE LA MEMORIA"

Narración colectiva de un pasado cruel

Atestada de visitantes hasta el último día que permaneció abierta, la megaexposición realizada a treinta años del último golpe militar en Argentina tuvo de todo, bastante más en el peor caso de lo que anticipaba. Las catorce salas del ala izquierda del Centro Cultural Recoleta, más seis espacios colectivos, un total de 3.650 metros cuadrados, presentando más de doscientos artistas y obras, sirvieron también a perfomances, cine, teatro, danza y mesas redondas. Todo focalizado en mostrar, de la manera más diversa posible, los horrores, tanto como la latencia de aquello que los puede reengendrar.

La muestra hace públicas, desde la fotografía hasta lo abstracto, aspectos inéditos de los desaparecidos, los familiares de la víctimas, los sobrevivientes, el exilio…

Concebida como «una narración colectiva de nuestro pasado más cruel», según palabras del secretario de Cultura bonaerense Gustavo López; es también «sostener la memoria que debe hacerse cargo de la tortura, la muerte y la desaparición de ciudadanos, la apropiación de niños, el despojo económico».

Desde la sala 1, donde el mensaje, casi suicida, en la puerta, advierte: ¡Alto! Centinela hará fuego (parafraseando el militar de: ¡No detenerse! Centinela hará fuego), abre el camino con bocetos, historietas, dibujos y escalas de un corte humorístico tan ácido como por momentos, negro. El Manifiesto sobre la salida de la sala, abogando por la desaparición definitiva de las Fuerzas Armadas, donde afirma «Argentina podría dar el mejor de los ejemplos», enseña que la muestra no solo trata del pasado, sino del presente, y del futuro.

Las salas a continuación («Memoria en construcción», «Derechos humanos: ayer, hoy»; «30 años-30 artistas»; «Huellas de desapariciones», entre otras), abarcan sin duda la más completa a nivel rioplatense de las últimas dictaduras.

Incluso con un pasillo completo dedicado a Uruguay, en tanto la muerte de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz recibe un detalle y descripción tan precisos como es, incluso aún hoy, difícil, encontrar en muchos medios periodísticos uruguayos.

Por su parte los seis espacios abiertos habilitados con igual fin, muestran una reiteración casi obsesiva en un tema: los automóviles Falcon. Constituidos en símbolo vivo de las fuerzas paramilitares a la hora del secuestro, los Falcon han sido desguazados, reproducidos, copiados, desentrañados, en formas de arte casi desconocidas.

Aspecto sin dudas importante en este acervo que hará lo indeleble de las memorias, lo constituye la selección cinematográfica llevada adelante con entrada gratuita. Bajo el lema: «30 años, 30 mil desaparecidos, 30 películas», la treintena de filmes de la producción 2000-2005, representa a una era completa casi, contemporánea, del cine argentino, en una de sus temáticas más duras. *

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