LA BANDA BRITANICA ACATO CAMBIAR ALGUNAS CANCIONES A PEDIDO DEL GOBIERNO DE PEKIN

Rolling Stones: cisma rockero por China

Abrir alguna opinión sobre cualquier actitud de los Rolling Stones es, para varias generaciones, algo así como criticar a Pavarotti su forma de cantar arias, o a Gardel la de cantar tangos. Autores parte de algo inconsistente pero germinal: cuando el rock era algo tan desconocido como revolucionario, pasaron a convertirse en padres de lo contestatario en materia musical, vivencial, ejemplo vivo del devenir occidental, para concluir en abuelos de la mayor revolución juvenil de la historia. Abuelos que a estas alturas, con más dinero del que podrán gastar en el resto de sus días, abuelos que se han ido a la cama con las modelos más guapas del último medio siglo, abuelos que se «la dieron» con cuanto existe en el mundo por vía nasal, oral, o endovenosa, de buenas a primeras en un ataque eventual de senectud parecen olvidarse hasta de las letras contestatarias de sus propias canciones, hasta de los principios que los llevaron a la cumbre.

Es que el sábado pasado en Shangai, por primera vez en la historia de la China actual, se presentó un conjunto de rock occidental cuya actuación fue emitida posteriormente por la televisión oficial. Para ello, los rebeldes de los años 60, los que se llevaron hasta la Corona británica por delante con la letra de sus canciones, debieron no obstante acatar las «sugerencias» del gobierno de Pekín. Es que el partido comunista chino no veía con buenos ojos las letras de algunas de la canciones más tradicionales de los Stones. Un ministro pekinés hizo saber a la producción del conjunto británico que no toleraría las canciones: «Honky tonk woman», «Brown sugar», «Let´s spend the night together», y «Beast of burden». Aun cuando el concierto en vivo fue para unos 8.000 invitados especiales, en su mayoría extranjeros, y la televisación no admitió traducciones de las letras inglesas, en un país donde casi nadie habla ese idioma, la condición era absoluta. Es que las letras de las canciones, duras en sus definiciones sexuales allá por los 60 y 70, podían ser interpretadas como críticas a aspectos del sistema chino que las autoridades prefieren obviar.

A los Rolling´s, los «fuck-you-men», les «enfants terribles», los «peor ejemplo», de una revolución cuasi mundial, el asunto les importó poco. El propio Mick Jagger dijo que «por suerte tenemos otras cuatrocientas canciones que podemos tocar», antes de embolsarse una cifra de seguridad de seis ceros que nadie revela. Cuando hace tres años los Stones iban a dar su primer concierto en China, el tema había aparecido tangencialmente, pero la suspensión, debido a la aparición del síndrome respiratorio agudo (SARS), echó en el olvido el asunto.

«Desde que pedimos hacerlo por primera vez, el país cambió mucho y finalmente nos dieron permiso. Este será el primer recital de un grupo extranjero que se emitirá luego en la televisión estatal», argumentaron los Stones, en su última entrevista antes de subir al escenario el sábado último.

En cuanto al recital, algunos asistentes extranjeros aseguraron que los británicos no fueron «ni la sombra» de actuaciones recientes. Jagger estaba afónico. Algunas canciones como «Start me up» y «Sympathy for the devil», fueron trastocadas con fuerte acento pop, y la audiencia china recién aplaudió de pie cuando los británicos invitaron a uno de los mejores cantantes chinos a acompañarles en tres canciones del recital.

Pero más allá de aspectos puntuales de la actuación, el mundo del rock se pregunta si estos abuelos, con esta aparente traición a sus principios de no claudicar ante nadie en escenario alguno, estarán realmente chocheando, si es que las ambiciones y el agio con la edad empeoran de grado, o si simplemente su mensaje es que nada importa demasiado y que por un puñado de monedas (¡y vaya qué puñado!) se puede sentir siempre «simpatía por el demonio». *

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