El arte de la danza como una interrogante
Vino para realizar un montaje escénico de Pregunta, espectáculo de danza con elenco nacional integrado por Miguel Jaime, Martín Molinaro, Florencia Martinelli, Eugenia Estévez y Natalia Viroga. Lehmen se caracteriza por generar reflexión sobre el hacer escénico, fusiona el escenario y la realidad externa como fundamento de sus teorías, basándose en que ambas pueden convivir en escena. En ese sentido, algunos aspectos son una constante en su pensamiento y obra: autor, comunicación, acepciones de la verdad, individualidad, percepción., creando espacios de pensamiento que desplazan significaciones rígidas.
El espectáculo se estrenará mañana , con funciones el sábado y el domingo en el Teatro Victoria, a las 21.00 horas.
En una entrevista exclusiva para LA REPUBLICA, Thomas Lehmen se refirió a diversos tópicos de su especialidad.
–Varias de tus obras, sobre todo las grupales, se basan en determinadas estructuras. ¿ Por qué esa modalidad?
–Son razones prácticas para que, cuando la obra sea representada en todos lados, siempre sea la misma y para facilitar la actuación. Y también porque ella muestra al hombre en la escena en una fricción con esta estructura. El hombre, bailarín o actor, siempre tiene que contactarse con esa estructura y después lo observamos. Pienso que el teatro existe por eso. Este efecto de «ponerse en relación» aparece naturalmente también en casos cuando una obra no está fijada, porque una estructura existe siempre, querámoslo o no.
–En la obra que diriges en Montevideo, la estructura es la pregunta, ¿cuál es la razón de esta elección y qué has encontrado?
–Una pregunta es la puerta al mundo, una herramienta universal. Cuando los bailarines hacen continuamente preguntas durante la función, quizá nos preguntamos qué preguntas podríamos hacer generalmente. Es una tira temática, organizativa para colgar y el mundo entero cuelga de ella.
–¿Cuál es el criterio de selección del material que te aportan los bailarines?
–Siempre intento involucrar todo el material que los bailarines ofrecen. Quizá lo vamos formando y pasa por procesos, pero todo encuentra su lugar, aunque algunas cosas no se entiendan, ni siquiera nosotros mismos al principio.
–¿Cuáles son para ti las fronteras entre el arte y la realidad en la escena?
–La frontera se encuentra en los seres humanos que están en el escenario. Con su actuación pueden dejar oscilar las divergencias aparentes dentro de la realidad del teatro. ¿Cuál es la realidad del teatro? La realidad del teatro es la comunicación entre tres factores: el bailarín, el tema y los espectadores. Todos participan en ella. La escena no se limita a sí misma sino que incluye también al público y al mundo que éste trae.
–¿Cómo definirías el espacio escénico?
–Una anécdota. La esquina de un espacio público de Joseph Beuys. En Düsseldorf, el artista alemán Beuys, el más influyente en la segunda mitad del siglo pasado, va con unos estudiantes a un rincón sucio y olvidado de la ciudad. Frente a este rincón hay un espacio de aproximadamente un metro, entre la reja y la casa, el puente y la calle. Este espacio vacío lo llenan con parafina líquida. Después que se enfrió y se solidificó, ponen la forma negativa, dotada de la forma positiva del rincón negativo, dentro del espacio público de una galería de arte. En la galería todos están invitados a pensar sobre el espacio público, cómo volver un espacio poco atractivo en un espacio positivo, por ejemplo. De esta manera sucedió, bueno, yo no estaba con ellos… Entonces, mis preguntas son: ¿creo un trabajo que llena los espacios o un trabajo que crea espacios vacíos? Si llena formas, ¿qué evocan?, ¿con qué contexto se relacionan y cómo se relacionan?, ¿creo un tipo de arte que crea preguntas o respuestas? Si la comunicación en un teatro es un proceso creativo, si la observación y participación son partes de ese proceso de crear una realidad, ¿qué pasa si trabajamos con las ideas del público directamente? *
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