SERA ESTRENADO HOY EL FILME "SEPARACIONES" DE DOMINGOS DE OLIVEIRA

Ilustración sobre las relaciones humanas

La trama de esta película cuenta que un escritor, traductor, y realizador teatral (el propio director y protagonista de Oliveira) juega con la idea de separarse de su quinta esposa (Priscilla Rozenbaum). Ella, veinticinco años menor, acaricia por su lado la idea de convertirse en asistente de su primer esposo, también director, que prepara un espectáculo, y termina sintiéndose atraída por un tercero. Entre tanto, el protagonista se alarma al descubrir que una separación que había imaginado temporal puede convertirse en definitiva. Desde Adán y Eva para acá se sabe que las relaciones humanas son un lío, claro.

El filme exhibe de entrada su linaje teatral, con parlamentos que son casi monólogos en los que los diversos personajes, y en especial el protagonista, exponen sus puntos de vista. La escena que da comienzo a la historia, que recuerda bastante a Melinda y Melina, se desarrolla en un restaurante donde cena un grupo de amigos. Cabral, el personaje encarnado por el director de Oliveira, una suerte de Woody Allen brasileño, es por supuesto el centro de atención. Allí se despliega un relato casi científico sobre las etapas por las que atraviesan los enfermos terminales y las rupturas sentimentales: negación, negociación, bronca y aceptación. Durante estas etapas es que se lo escucha decir a Cabral que el verdadero amor es desear el bien de quien está a tu lado, para minutos más adelante en otra etapa gritar que estaba equivocado que en realidad el amor es terriblemente salvaje. Todo muy contradictorio, naturalmente: se llama la naturaleza humana.

Noveno largometraje de Domingos de Oliveira -efectivamente un hombre con una larga trayectoria en el teatro, que ha hecho en cine cosas como Todas las mujeres del mundo, Amores y otras-, sin abandonar esa teatralidad de origen se las arregla empero para poner en la pantalla a una buena cantidad de ideas cinematográficas. La película establece un diálogo visual entre ciudades (Río de Janeiro, San Pablo, París) como forma de acentuar las distancias entre los personajes, y apela a convenciones de melodrama a las que una irónica «declaración de principios» final intenta revestir de cierta dimensión épica, o de ejemplificación de casos de una normativa de discurso médico: estas separaciones previstas, repetidas, conversadas, discutidas y por lo general crispadas se presentan, con una dosis de burla, como la ilustración de intuiciones genuinas sobre las relaciones humanas. Con una dosis de divismo que hay probablemente que perdonarle, el propio Domingos de Oliveira –actor se convierte en el principal portavoz de esas reflexiones sobre el amor y la convivencia, en una serie de parlamentos escritos con una destreza de dramaturgo o comediógrafo. ¿Un poco larga? ¿Muy conversada? Acaso solamente en apariencia: justo cuando la extensión de algunas escenas empieza a parecer excesiva se entiende que tienen la dimensión exacta.

Las declaraciones de amor duran más de treinta segundos y los delirios de un borracho no se terminan en un minuto. Cada sentimiento y cada situación reciben en la película la importancia que realmente tienen. Ganadora como mejor película y mejor actor del Festival de Cine de Mar del Plata 2003. *

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