La entrevista: el teatro faltó a la cita
Entre tanto Marcos conoce a la amante de Tirabosco, Hilaria (María Azambuya) y luego a la hermana del escritor, Estela (Estefanía Acosta). Se amiga con la primera, amaga un romance con la segunda, pasan veinte años y sigue sin haber entrevista. Hacia el fin Marcos se ha casado (y luego divorciado) con Luciana, a quien Hilaria llama cariñosamente «la pequeña yegua», ex mujer del escritor y Tirabosco se ha separado de Hilaria; en la última escena Tirabosco vuelve a Hilaria. Debemos suponer, por el énfasis del desenlace, o bien que Hilaria lo ha amado siempre o bien que está convencida del extraordinario valor de la obra de Tirabosco y de su papel como conservadora y editora de sus obras. La acción de la pieza no sucede ante nosotros, sino que es contada por los agonistas. Vemos su físico, oímos sus previsibles diálogos. No hay más, fuera de algún abrazo. La narrativa predomina en tal forma que dudamos que el original sea una obra de teatro: si lo es, es bastante poco teatral. «La entrevista» da una sensación de lejanía en el tiempo, que también es característico del cuento; particularmente la dependencia de la amante, con su devoción casi ancilar que denota los comienzos del siglo XX. Casi vemos a Marcello Mastroianni como el periodista y a Ana Magnano como la amante de Tirabosco. «La entrevista» es una pieza de la que casi no podemos decir si es buena o mala; es deslucida, sin sal. Posiblemente no podría ser mejor que lo que es; resulta tan difícil encontrale méritos como encontrarle defectos. Cierta organización, la naturalidad de los diálogos, algunos atisbos de la construcción de un personaje están en el lado positivo, en el haber; en el debe está el nulo interés que aquellos vaivenes despiertan en el espectador. No se captó, o no se quiso captar, las posibilidades dramáticas de la dialéctica del entrevistado y el entrevistador, tan notoria en «Onetti en el espejo». Hilaria parece inerte y resignada, Marcos es apático, Estela no logra comunica su sentimiento juvenil. Tirabosco, al fin, favorecido por la benéfica circunstancia de que nunca aparece, duerme al final.
La puesta en escena no se ha decidido a elegir un tema. Saraví se deja llevar por la anécdota, cuyas circunstancias no tienen brillo. Nunca sabemos si la obra va a centrarse en el frustrado periodista, o en su hermana, o en el mismo Tirabosco, o si trata de que no hay gran hombre para su ayuda de cámara.
Vemos algunas escenas de familia, a cuyo tedio nos resignamos del mismo modo que nos resignamos al mismo tedio de las mismas escenas en nuestra vida cotidiana. Como los episodios están separados por años, «La entrevista» tiene un atmósfera lenta, casi intemporal. Todos los personajes disponen de enormes cantidades de horas ociosas. En la interpretación se luce la naturalidad y buena dicción de María Azambuya; salvo en la última escena, donde nos recuerda ingratamente a «Montevideanas» y alza la voz muy por encima de su personaje para afirmar la grandeza de Tirabosco y de paso obtener los aplausos del público, siempre dócil ante los «fortissimi». *
LA ENTREVISTA, de Natalia Ginzburg, por El Galpón, con María Azambuya, Gustavo Alonso, Estefanía Acosta y Teresa Deubaldo. Escenografía de Dante Alfonso, vestuario de Mónica Talamás, iluminación de Eduardo Guerrero, dirección de Juan Antonio Saraví. En El Galpón, sala Atahualpa.
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