Por los derechos humanos, la paz y la justicia
Bono y compañía entraron con puntualidad a las al gigantesco escenario, montado sobre la cancha de fútbol, aclamados con frenesí, mientras eran seguidos por luces verdes y azules, propias para el emotivo llamado del cantante en favor de la paz y la justicia.
La banda, ganadora de cinco premios Grammy este año, considerada una de las mayores de la historia de rock tras treinta años de actuación, brindó su show musical acompañado por un espectáculo de luces e imágenes en pantallas gigantes, donde al final del concierto se proyectó el texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Los irlandeses Bono Vox -vestido con una campera verde que lucía en la espalda la bandera de Brasil- y Larry Mullen Jr, junto a los ingleses The Edge y Adam Clayton, iniciaron su show con «Ciudad de luces blindadas», una visión de Nueva York que forma parte del álbum Cómo desmantelar una bomba atómica (2004). Después fue «Vértigo», que dio nombre a la actual gira de la banda, que con su estribillo «Hello, hello/ Im at a place called vertigo», provocó un efecto arrebatador entre la multitud, para agitar el show desde el inicio de los 150 minutos de actuación programados. «Elevación», «Cry/the electrico co», «An cat dubh/into the herath» y «I still havent found what i am looking for», siguieron a continuación para el delirio del público que aclamaba los músicos sin pausa y con entusiasmo.
En pocos días Brasil fue el centro rockero del mundo al acoger el sábado a los Rolling Stones, aclamados por un millón y medio de personas en la playa Copacabana de Rio de Janeiro, en el recital con más público de su historia (y con entrada gratuita), y al recibir ahora a U2. La banda irlandesa demostró que siempre intenta dar sentido a su repertorio, casi como un guión de cine, con comienzo, trama y desenlace. Para ellos ése es el criterio para decidir si el recital incluye antiguos éxitos o lanzamientos de nuevos temas. Bono -considerado el personaje de 2005 por la revista Times- anunció que «cada noche tiene que ser como la última de nuestra vida». «Tenemos que probar al público esa disposición. Las personas no se molestan porque ganamos mucho dinero, pero tenemos que dar un retorno a los fanáticos, siendo buenos y no haciendo música para olvidar», proclamó. La inmensa expectativa por U2 fue compensada por Bono y compañía antes del recital con un derroche de simpatía en el aeropuerto, en las calles de Sao Paulo y en Brasilia, y con abundantes declaraciones contra las injusticias sociales.
La presentación de U2 conmovió al país: agencias de viaje y compañías de transporte constataron que desde la semana pasada llegaron a Sao Paulo personas de 440 ciudades de Brasil y de otros sitios de la región (Argentina, Paraguay y Uruguay) para asistir a los recitales.
La ansiedad por ver a U-2 de cerca y en primer plano durante el concierto llevó a cientos de jóvenes seguidores a concentrarse desde la semana pasada en los alrededores del estadio. Los jóvenes acamparon, se organizaron para pasar el tiempo con música y juegos, y saturaron los servicios de entrega de pizza y hamburguesas de la zona con pedidos desde sus celulares. Bono almorzó el domingo con el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en Brasilia, a quien considera un héroe por su lucha contra la pobreza en Brasil y el mundo. Después de Brasil, U2, que inició su gira en México, seguirá viaje a Chile, donde tocará el 26 de febrero, y luego irá a Argentina, donde se presentará los días 1 y 2 de marzo. *
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