Tiene la palaba
¡Aquellos corsos de la calle Justicia!
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El viernes por la mañana pasé por la calle Justicia en un ómnibus del recorrido 161 y recordé, por los restos de papelitos que cubrían sus veredas, que en la noche anterior se había llevado a cabo en la otrora muy populosa calle de La Comercial, el corso oficial.
Que no sé si fue exitoso o no, como aquellos de hace 50 años, en que la gente adornaba las veredas con guirnaldas de luces y el barrio se volcaba en pleno al juego de serpentinas, papelitos y el infaltable pomo lanzaperfume, mientras los niños mostraban una variedad de disfraces a cual más lindo, en cuya confección se esmeraban las modistas más avezadas de la zona.
¡Qué tiempos aquellos y qué corsos de enorme colorido y bullicio los de la calle Justicia! Donde obviamente había que dejar sin su pasada habitual, a los clásicos tranvías 7, 9, 12 y 61, que la barriada solía utilizar los días de laburo y paseo para trasladarse al Centro, Parque Rodó y otros lejanos lugares.
Quienes vivimos los carnavales de aquellos tiempos, recordamos a Villa Muñoz y La Comercial como barrios de enorme arraigo carnavalero. Que por poner un ejemplo, cuando sonaba la sirena del tablado «La Bomba», en Cuñapirú y Requena, multitudes se trasladarán en masa hacia la clásica esquina, mientras los más conocedores adelantaban: ¡»Ya viene ‘La Milonga Nacional’ «!; en tanto otros, se apresuraban a corregir, ¡»no viejo, llegan nada menos que ‘Los Negros Melódicos’! por ese entonces, dos de los conjuntos que arrastraban gente que incluso los seguía por otros escenarios.
Eran tiempos de Carmelo Imperio, de los García de «Palán Palán», de Pepino y sus «Patos Cabreros», de infinidad de agrupaciones, incluso lubolas de gran batuque y gauchescas, caso de «Juan Cruz Tranquera y los Suyos», que con un rancho de barro hecho sobre un camión, partía desde la esquina de San Fructuoso (hoy Carlos Reyles) y Guaviyú (hoy Valle Inclán). De «Menecucho» y «Mustafá», clásicos rivales del monólogo de «El Gaucho y La Gaucha Blanca», el primero autor del famoso tango «Vieja Viola». Y de otras muchas murgas, humoristas y parodistas, que convertían al Carnaval en una verdadera fiesta en todos los barrios.
Hoy Justicia ha perdido su esplendor. Ya ni quedan en la clásica esquina de Amézaga y dicha arteria, los boliches «Nador», «Fernandito», y «El Vencedor», mientras a la altura de Pagola, se cae a pedazos el «Soto del Parral», donde la barra de La Comercial recibió como un Rey a Dogomar Martínez, luego de su pelea ante Archie Moore.
Ya no quedan la cuetería de Primucci, ni la farmacia Lecaldare, ni la sastrería de Mauro, ni los cines Rosemarie y Centenario, ni la tienda de Capozzolo ni la disquería de los hoy famosos Fattorusso. Ya no es la misma Justicia ni es el mismo el barrio y hasta el Carnaval ha cambiado con relación al de aquellos tiempos.
Pero sin duda para los más viejos de la zona, alguna lágrima debe haber corrido cuando en la noche del jueves el corso tuvo lugar, con el bullicio de los pibes que nunca cambia y con la presencia de alguna «máscara suelta», que nunca falta, animando una fiesta popular que en el pasado, ¡vaya si dio que hablar!
VETERANO
Los armenios no olvidan
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* En fecha 25/01/06, en la última página, hay un artículo firmado por Frey Betto titulado «La Paz de mis sueños», en el cual sus conceptos son muy acertados y justicieros. Pero olvidó, en la parte que habla de Turquía, mencionar el genocidio de más de 1.500.000 armenios y el arrebato de la mayoría de sus territorios, cosa grave e imposible de pasar por alto. Los hijos y nietos de millones de armenios en el mundo aún esperan justicia y no olvidan.
Atentamente
TOMAS GARCIA – DIRUHI KALLOGLIAN DE GARCIA
Los menores y la ola de violencia
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* No hace mucho rato, escuché por radio, una entrevista al ministro Juan Faroppa, acerca de la imputabilidad de los menores.
La reciente ola de violencia generada principalmente a partir de menores de edad, está provocando la indignación popular, ante la franca impunidad con que actúan.
Es inconcebible que haya menores delinquiendo que ostentan cincuenta, y más aún, detenciones, sin poder contenerlos. Ya nadie argumenta que fuera un remedio el disminuir a dieciséis años, la edad de la imputabilidad. Eso ya está experimentado en otros países, sin lograr buen efecto.
Un remedio que se sugiere, es el que, ante el creciente ambiente delictivo en que viven los menores, todos tratemos de refrenar la ola, que parece incontenible.
Un remedio, jurídicamente lógico, se puede formular de la siguiente forma:
«Tanto la madre como el padre desde el instante en que entregan un nuevo ciudadano a la sociedad, se hacen responsables de los actos de ese hijo, mientras que el mismo no sea capaz de asumir sus propias responsabilidades».
«Cuando una madre o un padre no puedan o no quieran cumplir con la grave obligación que se infiere de haber traído un nuevo miembro a la sociedad, deberán renunciar a esta obligación, delante del Estado, el cual buscará un tutor al cual transferir plenamente, dicha responsabilidad».
«Jurídicamente se pueden expresar estas leyes, afirmando que no puede haber un acto humano, que no sea sostenido por una responsabilidad que adhiera el sujeto actuante a la sociedad a la que pertenece».
En la praxis, si un menor delinque, sus padres no pueden excusarse de culpa, aduciendo ignorancia, ausencia, engaño, o cualquier otro motivo.
Si el padre o la madre se sienten incapaces de evitar anomalías de conducta de su hijo menor, deberán renunciar ante la sociedad de la obligación que les incumbe.
El juez elegirá un tutor que suplante al padre natural, aceptando en pleno todas las obligaciones del mismo.
Suponiendo que el menor fuera internado a una dependencia del INAU, el director del mismo quedará investido con la misma autoridad y responsabilidad, ante el menor y la sociedad, como si fuera el padre natural.
Si el Director, por carecer de medios adecuados no puede aceptar ni cumplir con semejante tarea, estas razones no le excusan de culpabilidad en caso de que el menor delinca, estando bajo su protección y tutoría.
Sin duda, la aplicación de esta ley será dificultosa, al principio. Carentes de sentido humano muchos uruguayos estamos habituados a abandonar nuestros hijos sin sentir el menor reproche de nuestras conciencias. Pero no tardará en entenderse el sentido profundamente humanitario de tal ley.
LBV – C.I. 800.946-8
Doctores Rubbo y Rubilar, justos recuerdos en Las Piedras
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Muy acertadas estuvieron las autoridades del Hipódromo de Las Piedras, que pugna por resurgir, al recordar en los últimos días a dos figuras científicas que en sus respectivas profesiones, mucho hicieron por el turf.
Una, la del médico pedrense Dr. Armando Rubbo, hace años desaparecido, una maravillosa persona que como profesional y como dirigente del hipismo canario, marcó toda una época en la otrora segunda ciudad del país.
Hombre de gran corazón y dirigente capaz, hace poco un periodista recordaba una anécdota de Rubbo, que lo pintaba de cuerpo entero: en una oportunidad el Dr. Armando Rubbo, siendo presidente de la Comisión de Carreras, debía desnivelar en la medida d
e un distanciamiento, donde dos dirigentes optaban por el sí y otros dos por el no. Al tiempo que rompía unos boletos y los dejaba en un cenicero en la mesa del Comisariato, Rubbo emitió una opinión terminante: «Â¡hay que distanciar!». Cuando por curiosidad alguien revisó los boletos rotos por el Dr. Rubbo, comprobó que … ¡eran del ganador de la prueba distanciado!
¡Qué decir del veterinario Dr. Juan A. Rubilar! Aun con muchos años a cuestas, caminando a menudo por 18 de Julio allí cerca del Obelisco donde vive. Un profesional muy capaz y eterno estudioso de las cosas vinculadas a su profesión, en la que durante mucho tiempo dictó cátedra tanto en Maroñas como en Las Piedras.
Veterinario de consulta para criadores, profesionales, propietarios de caballeriza y periodistas hípicos, el Dr. Rubilar, todo un caballero, vaya si merece esa recordación de la gente presidida por el querido Negrito Reyes.
Adherimos sinceramente a uno y otro homenaje.
WALTER MENDIZABAL
¿Para qué esconder la esvástica?
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Todo un acontecimiento histórico constituye el hallazgo de la emblemática Aguila del Graff Spee por parte del buscador de tesoros bajo el mar señor Lago. Lo que no entendemos, es el ocultamiento de la esvástica que compone la pieza correspondiente a aquel célebre acorazado de bolsillo, orgullo de la Armada alemana.
Hay quien dice que es para evitar sensibilizar la conciencia judía, que aún recuerda las atrocidades del nazismo. Pero realmente en lo que se cae con la cobertura (con un viejo pilot amarillo) de la insignia nazi, es en el ridículo, como si los que hallaron la estatua de la Venus de Milo hubieran ocultado sus tetas, o para preservar la moral de las niñas, los descubridores del David de Miguel Angel hubiesen tapado con un short el escroto del legendario modelo del genial artista. Una cosa es lo que piensen los judíos, todo muy atendible y otra la realidad histórica, que debe mostrar «al desnudo» las piezas halladas tal cual son, lo que por otra parte harán sus futuros adquirentes en vaya a saber qué museo del mundo.
ESTELA MENCHACA – C.I: 3.189.567-9
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