El amateur, de Dayub, con elenco argentino
Antes de comenzar la acción se oye que Pájaro y Lopecito piden al público que apague los teléfonos celulares: los actores ya están en los personajes. Los personajes se han apoderado de los actores, porque son más fuertes que ellos. Viven, y no necesitan de la actuación para hacernos sentir su vida. Es posible que la obra sea, en cierto sentido de formato, menor, por saludable modestia de propósitos, como lo son también aquellas cuatro novelas cortas que mencionamos. Podemos olvidar, al salir del teatro, a Pájaro y a Lopecito; aún podemos extraviar en la memoria su pequeña historia, la levedad de la trama.
Pero allí está, precisamente, lo difícil, captar el instante fugaz, el brillo de unos peces en un arroyo en un poema de Keats. Cuando vemos de nuevo a Pájaro y Lopecito, nos damos cuenta de que siempre estuvieron allí, esperándonos. Nos miran, no sin un dejo de suficiencia, desde una confortable inmortalidad. Esta es la tercera versión que vimos de «El amateur», desde la del autor, Mauricio Dayub como Pájaro, acompañado por Vando Villamil, pasando por la montevideana de Walter Reyno y Daniel Hendler en el Teatro Circular; esta tercera no desmerece en la comparación con las anteriores. La impresión es la misma. Desde las primeras líneas se escucha la voz de la verdad, y es una voz inapelable. Como sucede en el buen teatro, todo está allí, a nuestra vista y todo parece simple. Un carrito, una caja de vino, una bicicleta, luces. Los actores no exhiben sus recursos: son los personajes. Al fin, han vivido, una vez más, esa pequeña gran aventura de una ilusión en marcha, ese terco perseverar en ser, esa certeza de que el hombre prevalecerá que, para Faulkner, define al hombre. *
EL AMATEUR, de Mauricio Dayub, con Willy Barbosa y Miguel A. Farías, puesta en escena y dirección de Miguel A. Farías. En Casa de la Cultura de Maldonado, Rafael Pérez del Puerto entre Sarandí y Román Guerra, Maldonado.
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