Imposturas
En un momento en el cual los escritores apelan cada vez más a la explotación literaria de personajes o periodos históricos relevantes antes que a la creación de personajes reconocibles y poco notables, una propuesta como la de Jorge Redes en «Imposturas», debería merecer nuestra atención.
En este tiempo histórico con más claros que oscuros, se apuesta más a las recetas literarias de probada eficacia económica, que al riesgo que supone engendrar una obra personal e íntima y someterla a la aprobación del público.
Abundan los libros de autoayuda que, con el habitual repertorio de aportar trillada y epidérmica información de dudosa precisión y apelar a exasperantes clichés, opacan -en la mayoría de los casos- a obras menos grandilocuentes pero bastante más originales y creativas.
Por tal motivo, un libro como «Imposturas» nos permitía, por lo menos a priori, experimentar una sensación de alivio, liberándonos momentáneamente de tanta verdad revelada e historias fantásticas y baladíes con imposibles pretensiones de ensayo histórico.
Jorge Redes procura introducirnos en el aparentemente gris pero rico universo de sus personajes, seres perfectamente reconocibles en nuestro entorno cercano o, por qué no, en nosotros mismos.
La novela narra la historia de María Jesús Terranova, una mujer cuya vida parece rutinariamente feliz y organizada, hasta que se entera de que su marido mantiene una relación extramatrimonial con una subordinada laboral. Para peor, la amante tiene la misma edad de la hija de la pareja.
María Jesús, una mujer de una buena y estable posición económica, con un matrimonio de toda una vida y dos hijos, ve repentina y violentamente sacudida su estabilidad emocional y afectiva. Esta situación la induce a tomar caminos insospechados que jamás imaginó.
Con su vida familiar desecha y habiendo decidido terminar definitivamente con su matrimonio, la protagonista inicia una nueva experiencia existencial.
En el proceso que debe encarar forzosamente la protagonista para sobrevivir al desengaño derivado de la probada infidelidad y recuperar su perdida dignidad, resulta crucial la participación de una amiga, a quien le une un entrañable vínculo.
Aunque resulta plausible el esfuerzo de Jorge Redes por delinear personajes bien cotidianos y evitar habituales catecismos moralistas, la calidad literaria de su novela dista de colmar las expectativas del lector. En efecto, en el decurso del relato, el autor no logra imprimir a su obra una sólida dimensión creativa.
Si bien el narrador maneja una amplia gama de adjetivos, muchos de ellos pecan de poco atinados e incluso forzados, como si sintiera la necesidad de adornar constantemente la acción y el monólogo interior de los personajes.
Jorge Redes hace uso y abuso de imágenes bastante trilladas, que restan impacto al planteo dramático original.
Otro factor que va en detrimento de su historia es su contumacia en comparar objetos inanimados con seres pensantes, lo que es más propio de una novela exageradamente fantástica o de cuento infantil.
El autor asocia, por ejemplo, a unas tiras de morrón con unos soldados suizos vigilantes, o sugiere que un grupo de embutidos parece manifestar emociones.
Otro elemento que contribuye a desdibujar las buenas intenciones del autor de engendrar un universo creíble y de hondo contenido psicológico, es la innecesaria insistencia en la apelación localista. En el transcurso de la narración, son permanentes las alusiones al lugar de nacimiento de la protagonista y a los personajes que se mueven en torno a ella, en una reiteración absolutamente innecesaria.
Jorge Redes narra escrupulosamente el doloroso proceso de separación de la protagonista, las modificaciones en las pautas de relacionamiento con su familia y amigos, el replanteo de ciertos valores y creencias y el inevitable cambio de vida que debe afrontar ante el quiebre emocional.
Si bien los personajes resultan bastante creíbles por su cotidianidad, el relato se torna monótono y uniforme, limitándose a una crónica deslucida de los contrastes y sinsabores de la vida conyugal.
(Ediciones de La Plaza)
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