Tiene la palabra

Padres agradecidos a la Asociación Española Primera de Socorros Mutuos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El 22 de diciembre fuimos bendecidos con la llegada de un ángel a nuestras vidas, nuestro hijo Patricio.

Desde su nacimiento hasta 14 días después que voló al cielo, fue una lucha constante, de él, de todo el equipo médico que estuvo con nosotros y nuestra propia lucha.

Hoy, aunque nos acompaña un inmenso dolor, nos vemos en el deber de dirigirnos a ustedes y expresarles nuestro eterno agradecimiento por todo lo que nos brindaron durante esos 14 días de alegría, esperanzas, y de gran congoja por la partida de nuestro Patricio.

Mi esposo y yo agradecemos a la Dra. Fernández que en el momento de mi internación se encontraba en Ginecología de guardia, también a todo el equipo quirúrgico de la sala cuatro donde me realizaron la cesárea. Gracias.

Y nuestro más sincero agradecimiento a todo el Equipo Neonatal que atendió a Patricio, Dr. Giambruno, Dra. Viñas, Dra. Ermida, otros tantos médicos que también estuvieron, y a todas las funcionarias que conforman ese gran equipo. Gracias.

También en estas líneas queremos agradecer el apoyo que nos dieron en los últimos momentos de Patricio a los papás de Facundo y a los de María Paz. Gracias.

Por siempre gracias, Pedro y Laura.

FAMILIA MAZO TOURIÑO

 

20 años del fallecimiento del Dr. Alberto Abdala «Carta al Beto»

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Querido tío Beto,

Hoy 13 de enero de 2006, hace ya 20 años que no estás entre nosotros. Te nos fuiste demasiado rápido, cuando todavía tenías mucho para dar por tu familia, el partido y el país, a los 65 años, joven, como la mayoría de tus 9 hermanos.

Quizás por ser el menor, fuiste el mimado de tus hermanos y tus padres Miguel (comerciante) y Sara (ama de casa), matrimonio de libaneses que llegó al Uruguay sobre fines del siglo XIX, los que como tantos otros inmigrantes buscaban un futuro mejor para ellos y sus hijos y vaya que lo lograron.

Tú y tus hermanos todos oriundos de Maldonado (carolinos o fernandinos), hijos de un «tendero libanés», que como muchos comerciantes de dicha nacionalidad eran llamados «turcos» (la inmigración turca en Uruguay es prácticamente inexistente), vinieron a Montevideo a estudiar a la Universidad y/o a trabajar y supieron destacarse en sus distintas profesiones, ocupando un rol muy importante en el escenario nacional.

Tu carrera política no admite otro adjetivo que el de «brillante»: secretario del presidente de la República don Luis Batlle Berres a los 27 años, diputado, senador, ministro del Interior, miembro del Consejo Nacional de Gobierno por la minoría colorada, vicepresidente de la República, sólo te faltó alcanzar la Presidencia de la República, la cual sin lugar a dudas mereciste, pero por diversas circunstancias históricas, ella no estaba en tu destino.

No sólo te destacaste como político, con una capacidad oratoria envidiable, sino que fuiste un gran abogado, profesor de Derecho Romano de la Facultad de Derecho, un gran conocedor del Derecho Internacional y un hombre muy culto.

Fuiste además un destacado pintor (faceta esta que no fue conocida por la ciudadanía), habiendo merecido varias de tus obras el reconocimiento de la crítica especializada.

Pero por sobre todas las cosas era un hombre de bien, un caballero, un hombre de una escuela que es más que extraño encontrar en los tiempos que corren, el profesor que sufría cuando los conocimientos del alumno eran insuficientes para aprobar el examen, el parlamentario que no dudaba en trabajar sin dormir cuando la gravedad de los problemas del país así lo ameritaban.

Hoy, a título personal, quiero decirte a ti y extenderlo en lo aplicable a tus hermanos, la palabra de la lengua española que a mí más me gusta: «gracias», muchas gracias tío Beto, gracias por lo que hiciste por el país, tu partido y tu familia. Gracias por tu llaneza, simpatía y hombría de bien, gracias por demostrarnos a las generaciones venideras que con trabajo, esfuerzo y dedicación se puede salir adelante en este país y construir un nombre, gracias por amar tanto a esta patria, como lo hicieron tu y tus hermanos siguiendo los preceptos de tus padres, que con todos los recuerdos y vivencias de su querido Líbano natal, hicieron del Uruguay «su país» y le transmitieron a sus hijos el amor por esta hermosa tierra que los recibió con los brazos abiertos, pero en la que trabajaron sin descanso, con una voluntad de hierro y la certera convicción de que ese era el único camino para ver plasmados sus sueños.

Bueno Beto, llegó la hora de la despedida, supongo que estarás donde todo creyente como tú, desearía estar, mirando desde el más allá, a los integrantes de tu familia, tu partido, tu patria, y el mundo. Ojalá que los miembros de la familia podamos alcanzar y mantener el bien más preciado «la felicidad», que luchemos por ella y disfrutemos al conseguirla, cumpliendo nuestros sueños y realizándonos como seres humanos. Ojalá que tu divisa partidaria, luego de la peor elección de su historia, pueda superar este duro momento, llegarle más a la ciudadanía y resurgir con mucha fuerza en la elección del 2009. Ojalá que nuestro país pueda crecer, desarrollarse económica y espiritualmente, no expulse más a sus hijos y pueda reducirse significativamente, ese pecado imperdonable llamado «pobreza» que se ve más desgarrador todavía, en la risa de un niño y en la mirada de un anciano. Ojalá que este mundo, cada vez más «un pañuelo», como tu solías decir, aprenda de los errores, quienes lo gobiernan sean más solidarios y tengan la sabiduría necesaria para que la humanidad entera pueda salir adelante.

Finalmente Beto, quiero confesarte que estoy muy feliz de la época en que me ha tocado vivir, en que el conocimiento se multiplica a cada instante, pero si hay alguna cosa que no tuve, ni tengo y pagaría fortunas por ello, es compartir contigo, mi abuelo y el resto de tus hermanos una tertulia en la casa familiar de la calle Patria, en la que se trataban innumerables temas de actualidad del Uruguay y del exterior, y donde se formaron intelectuales de la época y futuros presidentes de la República.

Con el mayor afecto. Hasta siempre, querido Beto.

DR. LUIS DE LA FUENTE ABDALA / C.I. 1.944.912-2

 

Se puede atentar contra la historia pero no se puede detenerla

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Aún lo inevitable hay que provocarlo, pero esta provocación siempre lleva un riesgo que, con frecuencia, sólo una minoría está dispuesta a correr. Pero si esta causa histórica es justa, tarde o temprano la mayoría lo terminará por reconocer hasta transformarlo en ley.

Felicitaciones a LA REPUBLICA y a todos aquellos que se comprometieron en carne y alma en una causa justa. No nos equivocamos cuando al comienzo del conflicto escribimos que «a diferencia de las huelgas y los conflictos de temporada, éste lleva el signo de un cambio, de una reestructuración». (LA REPUBLICA, 21 de diciembre, pág. 32).

Acabo de leer en varios diarios de Montevideo esta confirmación que es recibida con entusiasmo, aunque tal vez todos los medios de prensa deberían haber tomado una posición explícita en este tema de trascendencia histórica para la democracia y para la cultura uruguaya.

En los últimos cuarenta años el concepto de «libertad» ha sido ideologizado po
r los sectores conservadores (con su punto culminante en los trágicos e hipócritas tiempos de la dictadura que me tocó en mi infancia vivir por dentro y por fuera y del que guardo una profusa memoria de ignominias y violencia moral) hasta convertirlo en un monstruo mitológico que devoraba cualquier reclamo de justicia social e igualdad de oportunidades. Tan efectiva ha sido esta manipulación semántica que muchas veces los sectores que se ubicaban en la heroica trinchera de la resistencia terminaron por aceptar la resemantización del concepto hasta luchar contra los propios principios de libertad que defendían.

Por esta razón, por esta confusión, muchos caudillos y caciques sobrevivieron, amparados en la falsa promesa; paradójicamente, como defensores de los débiles. Pero en una democracia progresiva (más que «progresista») la libertad no puede ser un privilegio de los jefes; la libertad no es incompatible con la justicia social sino uno de sus primeros requisitos.

El año pasado le dije a este diario «Resiste y vencerás». Ahora le digo: tuya es la victoria pero nuestro serán sus frutos.

Hasta siempre,

JORGE MAJFUD / THE UNIVERSITY OF GEORGIA / [email protected]

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