"SUELTA, ARDIENTE Y PELIGROSA", CON GRACIELA RODRIGUEZ, EN EL TEATRO DEL ANGLO.

Graciela, por siempre Graciela

También ha sido toda una realización en la historia, y allí tenemos a diversos gobernantes y aventureros que en el mundo han sido, en muy diversas épocas, para comprobar el interesante porvenir que tiene la paranoia; cosa que hace reflexionar sobre las desventajas de la sensatez. Pero, ay, la idea tiene una realización, muy probablemente facturada por encargo, muy superficial.

La delgada trama se proyecta de buenas a primeras sobre un esquema semejante a Cómo rellenar un bikini salvaje. Se trataba, nos damos cuenta, de que Graciela sea todos los personajes; pero se nos desconcierta de entrada porque todos los agonistas, que son más de uno, se parecen demasiado a Graciela Rodríguez, lo que no encaja con la historia de la loca que pretende tener un programa de televisión.

Qué digo, con la única excepción de los dos personajes que hace, sin mucho entusiasmo que se vea, Fernando Larrosa, son todos ellos la misma Graciela Rodríguez. No son interpretados por ella. Son ella, una y otra vez, con sus personales inflexiones de voz, con sus extrañas resonancias de cabeza, sus agudos, sus fortes, sus gestos y sus muecas, sus cruces de piernas, sus miradas soñadoras, sus miradas pérfidas, sus inocentes aires de triunfo, sus rabietas, sus vertiginosos cambios de traje, su facilidad para pasar de un estado psíquico a otro y hasta con sus rengueras. Todos los materiales le sirven.

Esto solo, esta sola exhibición de una persona, ha sido en la carrera de Graciela Rodríguez, por lo menos hasta ahora, un triunfo seguro; nada hace pensar que no lo sea de nuevo. Graciela es toda una actriz, y así lo ha demostrado más de una vez; es además una diva, con todo lo que ello implica. Es una diosa, grave responsabilidad, que no admite el fracaso, propio de los meros mortales.

Pero Graciela es tan intrépida como sus personajes y está convencida de que con Suelta, ardiente y peligrosa le alcanza y le sobra. Salvando las distancias, a Sarah Bernhardt le alcanzaban y sobraban los melodramas de Sardou o Bernstein; quizás le servían por insuficientes, porque sólo ella podía, más que interpretarlos, redimirlos.

Omar Varela debe haber pensado lo mismo; y la obra, escrita sin stress, como a medio correr, con un tema que pudo ser una vigorosa sátira del estilo televisivo y termina por convertirse en un momento de televisión con la fastidiosa recurrencia a parte del público, al que Graciela hace subir al escenario luego de las preguntas irrelevantes sobre el nombre del espectador y el barrio en que vive.

Pero antes de ese momento, los diálogos ya sobreabundaban, con las imprecaciones, grititos e interjecciones que parecen necesarias al género. *

 

SUELTA, ARDIENTE Y PELIGROSA, de Omar Varela, con Graciela Rodríguez y Fernando Larrosa, música de Alfredo Leirós, con la participación de Diego Piccardo, Nicolás Albornoz y José Raúl Rodríguez, vestuario de Rubén Reyes, dirección de Omar Varela. Estreno del 12 d e enero, teatro del Anglo.

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