ARTE

Celebran tres aniversarios de Picasso

No es la única personalidad del arte que se recuerda en el año. Rembrandt, para algunos el más grande pintor de todos los tiempos, cumple 400 años de su nacimiento, y las muestras y publicaciones se multiplicarán urbi et orbi. Más modestamente, pero no menos importante para la cultura local, Uruguay ya debería agendar los nombres de varias personalidades: Emeric E. Vidal (1791-1861), uno de los ilustres pintores viajeros por estas comarcas, de origen inglés, accede al 215º aniversario del nacimiento; su muerte coincide con el nacimiento de Pedro Figari y José Miguel Pallejá, ambos de 1861, alcanzando, pues, el 145º cumpleaños. El maragato Eduardo D. Carbajal, primer pintor becado a Europa, nacido en 1831, el 175º, el escultor Zorrilla de San Martín, de 1891, el 115º.

Ya en el siglo XX, se contabilizan Carmelo Rivello (1901-1944), con 105 años, fecha en que fallecen Juan M. Blanes y Carlos F. Sáez, mientras Vicente Martín nació hace 95 años, Manuel Espínola Gómez, Agustín Alamán y Jorge Paéz, acumulan 85. Jorge Damiani y Teresa Vila, celebran el 75º nacimiento. El mérito de las fechas puntuales es pretextar la revisión de la obra de un artista que de otra manera parecería arbitraria o forzada. Los asesores artísticos municipales y nacionales tienen para entretenerse con un patrimonio cultural en gran parte olvidado u oculto. Sería una sorpresa para las nuevas generaciones.

 

Picasso en Madrid

El Museo del Prado y el Museo Reina Sofía, ambos madrileños y en etapas de ampliación y remodelación, se unieron para recordar los 25 años de la llegada del Guernica a España, los 70 del nombramiento de Picasso como director de la célebre pinacoteca de Madrid y el 125 aniversario del nacimiento del genial malagueño. En el Museo del Prado se presentará a partir de junio, una perspectiva inédita de Picasso y el Reina Sofía se dedicará al artista comprometido, con la exhibición, lado a lado, de Guernica y Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya, uno de los cuadros que la imaginación picassiana tuvo en cuenta para elaborar la obra maestra de la primera mitad del siglo XX.

Picasso (1881-1973) dominó buena parte del arte del siglo pasado; pocos artistas del mundo se resistieron a su irresistible influencia. Del número 36 de la plaza de la Merced, su casa natal en Málaga, hoy sede del museo monográfico, Pablo, Diego, José, Francisco de Paula, Juan Nepomuceno, Crispín, Cipriano, María de los Remedios de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso, alcanzó celebridad mundial con el apellido materno, Picasso. Niño precoz para el dibujo (sus asombrosas cualidades se pueden ver en el museo de Barcelona) recorrió todos los estilos, desde el neoclásico a la abstracción, investigó todos los lenguajes (grabado en todas sus técnicas, escultura, ilustración, pintura, cerámica, escenografía y vestuario teatrales) y se mantuvo activo hasta los noventa años, y al igual que su rival Matisse o el renacentista Tiziano, renovó y creó obras magistrales a esa avanzada edad. Tenía una memoria visual prodigiosa. Así, acaparó en un vértigo visual toda la historia del arte que condensó en Guernica, una suerte de tríptico en sus trazados reguladores que absorbe los códigos del Apocalipsis de Liébana, siglo XI, Alegoría de la guerra y la paz, de Rubens, La libertad guiando al pueblo de Delacroix, La balsa de la Medusa de Géricault, El quinto sello del Apocalipsis de El Greco, La Marsellesa de Rude, la Libertad de Bartholdi, la Pietá de Avignon, La crucifixión de Grünenwald, la iluminación epocal de la calle Rivoli, la diagramación de un diario parisino, su propia obra anterior (La crucifixión, entre otras), fotografías y escenas de noticiario cinematográfico del bombardeo nazi a la ciudad de Guernika. Introdujo su propia vida afectiva en la representación de sus mujeres en la representación femenina y la experiencia de las fiestas taurinas. Hay mucho más, desde luego, en esta obra compleja y oceánica.

Picasso no fue testigo presencial del bombardeo del 26 de abril de 1937. Leyó y escuchó los relatos de refugiados españoles. Fueron suficientes para desencadenar una tropelía de bocetos e imágenes posibles del cuadro (encargado por la República Española) que debía figurar en el pabellón español de la exposición internacional a inaugurarse en junio en la capital francesa. No tenía mucho tiempo. Elaboró, en seis semanas, 45 estudios y siete estadios preliminares (fotografiados por Dora Maar) hasta culminar en la fase final del óleo sobre tela de 351 x 782 centímetros, blanco y negro dominantes, aunque algunos zonas ocres hoy desaparecidas o desvanecidas.

 

Goya y Picasso

Y por supuesto, El fusilamiento del 3 de mayo de Goya, otra pieza maestra rescatada de la memoria picasiana. Goya resistió la invasión francesa y Picasso la invasión nazi. Por eso, será significativo el montaje de las dos obras juntas en el Museo Reina Sofía. Porque ambos genios españoles, en su tiempo y estilo, señalaron las masacres bélicas, no de un hecho localizable y circunstancial, sino que las recrearon hasta convertirlas en símbolos universales contra todas las brutalidades cometidas ayer, hoy y mañana.

El Guernica, que no conformó, por eludir la representación realista y la difícil interpretación de los códigos empleados, fue exhibida en varias capitales europeas antes de, recalar por orden de Picasso, provisoriamente y hasta que se reestableciera la democracia en España, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. De allí salió una única vez en 1953, a la II Bienal de San Pablo. Ingresó a España, en una cuidadosa planificación secreta el 10 de setiembre de 1981 (minuciosamente relatada) y se instaló, protegida por una caja de cristal antibalas en el Casón del Buen Retiro, una dependencia del Museo del Prado. Años más tarde, encontraría un lugar definitivo, sin protección alguna, en el Museo Reina Sofía rodeada de los respectivos bocetos.

Picasso fue designado director del Museo de El Prado por el gobierno de la Segunda República Española. El cargo fue una distinción más honorífica que efectiva, pues Picasso se limitó a transmitir órdenes para salvaguardar el patrimonio de la pinacoteca. *

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