ARTE

Temporada 2005: esperanza y desasosiego

La rutina de museos y galerías no se vio alterada. Se prolongaron las exposiciones individuales y colectivas, nacionales y (pocas) extranjeras, excelentes o no tanto, siguiendo los cánones establecidos, sin innovaciones provocativas. En ámbitos particulares y fuera de los circuitos establecidos, surgieron proyectos incitativos y originales: galerías que introducen un concepto dinamizador y variado (Marte Upmarket), mezclando generaciones (creadores reconocidos y jóvenes principiantes), incursiones en casas deshabitadas, acondicionadas para exhibiciones temporarias en la Ciudad Vieja (Harto_____espacio, Martín Pelenur), intervenciones en la ciudad (fotografías de Carlos Costa, Julia Castagno/ Paula Delgado, Big Bang). Con inventiva, es posible mudar la presentación de las artes visuales y hacer de los postes callejeros, debidamente autorizados y demarcados, en eventuales galerías (Galería del Poste, llaman en otras ciudades).

Hubieron intervenciones urbanísticas, claro. Sin desplazar a los graffiti, retornaron con fuerza comunicativa los afiches de actos musicales, en especial, volviendo a caracterizar los muros de la ciudad, imaginativos y hasta alguno referido a los cambios en las decisiones del gobierno resultaron de una eficacia visual y conceptual muy disfrutable (ministros y representantes del FMI bebiendo champán juntos).

Con la mayoría en contra, el presidente progresista aprobó un libreto a favor en la colocación de la estatua del Papa en Tres Cruces (mediocre escultura, afirmativa de la deliberada alteración de laicidad por voluntad doblemente presidencial con la anterior erección de la cruz, en notorio desequilibrio del entorno y la afectación al rítmico diseño neoclásico del Hospital Italiano). Con la anuencia del intendente Arana se perpetró el pavimento de la Peatonal Sarandí y el intendente Erhlich acogió la infeliz idea de agregar esculturas (horrendas, ya destrozadas por los vándalos) de alumnos del IENBA, en una confabulación comunal a distancia de perversión visual ciudadana. Todavía, hasta las buenas intenciones de jóvenes solidarios con los desfavorecidos para concientizar a la sociedad, rozaron la folklorización de la pobreza con moldes de yeso pintados de negro en una demostración de precariedad imaginativa.

Las plazas Zabala y Constitución, invadidas a diario por hordas de artesanos y anticuarios, lucen desangeladas con los canteros destrozados, sin mantenimiento. En un combate desigual, pero a la larga vencedores, inversionistas españoles recuperan inmuebles que la desidia municipal (el arquitecto Arana, principal responsable y no sólo la dictadura) dejó arruinar y ahora recuperan o recuperarán su viejo esplendor (ex edificio del IPA, Hotel Pyramides, ex Casa Ferrando) que junto con la nuevas sedes de la embajada de Chile, el BID y Museo de Arte Precolombino e Indígena anticipan un futuro digno de residir en el barrio. Buena parte de Montevideo, lo afirman los visitantes del exterior, ofrece, como nunca antes, y a pesar de todos los pesares, una hermosura inusual. Es un privilegio vivir aquí, realmente. Falta mucho por hacer. Las marquesinas y las luminarias de 18 dejan mucho que desear, faltan criterios unificadores, sin ser monótonos, los carritos circulan a cualquier hora y el transporte colectivo y los taxis ignoran los reglamentos municipales, como lo hace la propia Intendencia con su tolerancia perjudicando al peatón.

No obstante, el Ministerio de Educación y Cultura, al instituir Museos en la noche, una práctica habitual en otros países, se anotó un legítimo éxito por la respuesta entusiasta y participativa del público con un civilizado comportamiento. Reflexionar sobre el hecho y su perfeccionamiento, sería muy saludable.

Mientras tanto, la actividad artística se desenvolvió sin sobresaltos.

El Museo Nacional de Artes Visuales, acaparó, en los primeros meses de la temporada, exposiciones de alto nivel, equiparables a las mejores pinacotecas del primer mundo. Pocas veces coincidieron tanta calidad en poco tiempo: el español Equipo Crónica, el francés Proyecto Cono Sur-Frac, el videasta Pierre Coulibeuf, el uruguayo Carlos Capelán, seguidos de las colombianas Otras miradas y el Premio Paul Cézanne. El museo del año, sin duda. Lejos quedaron sus colegas Blanes y el Zorrilla, éste último con una programación increíblemente mediocre, de cuño conservador, casi reaccionario.

Se abrieron numerosos espacios expositivos. El principal, el Museo Gurvich. Otros de real interés aunque de irregular calidad (Alianza Francesa, con Juan Burgos y Javier Bassi, al inicio y cierre, respectivamente, dejando en el medio olvidables ejemplos), el poco activo Centro Cultural del MERCOSUR o enfocando intereses mercantiles y turísticos (Acatrás, Al pie de la muralla, entre otras muchas que se multiplicaron como hongos por la Ciudad Vieja). Sólo Marte Upmarket corrió el riesgo de abrir nuevos senderos. Junto a los numerosos talleres de artistas, la proliferación de atractivos bares y restaurantes, revitalizaron (por lo menos hasta tempranas horas de la tarde y, circunscrita a otro público, la movida nocturna), disimularon la constante inseguridad del barrio. De otros aspectos puntuales que caracterizaron la Temporada 2005, para bien y para mal, y el aliento renovador instalado en sectores independientes, se tendrá noticia en una segunda nota. *

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