Cuando se es profeta en tierra propia
Walter Reyno es memorioso, divertido y encanta con su colectivo de mohines y articulaciones. Tiene la convulsión de producir personajes con intensidad creativa para presentarse chispeante frente a un país que ha sufrido enormes altibajos en su escena teatral.Tal vez el don de convertir la risa y el llanto en una necesidad y el plus de representar en nuestros días un vocero cultural que traspasa sin modorra y chatura varias generaciones de receptores influya en su masiva aceptación por parte del público y la crítica. Walter se dio el gusto de vivir una vida sin fragmentos siempre apoyado en su antigua y vieja casa: el Teatro Circular. Es una especie de rara turbulencia y basta poner a prueba esta teoría con verlo y oírlo en escena. Pero Walter Reyno es mucho más que un actor con más de cincuenta años en las tablas uruguayas. Es un hombre que abrió caminos para funcionar como puente generacional y que a los setenta sigue activo y aprendiendo. Aunque a veces, también se queja: «en Uruguay no se puede vivir del teatro».
-¿Qué buenas razones me darías para haber elegido actuar en «El aura» del director argentino Fabián Bielinsky y filme precandidato al Oscar?
–No sabría decirte alguna razón en particular. El director me convocó a un casting y quedé. Con mis compañeros hemos llegado a un acuerdo. Por ejemplo, con Darín comentábamos que es un policial pero no demasiado convencional. Es un policial oscuro. Y lo que plantea básicamente es que siempre todo ser humano soñó alguna vez con hacer el robo perfecto. Trata también la disyuntiva que surge cuando la imaginación se apodera de la realidad y todo cambia para bien o para mal.
-Y el «gángster» que construiste en la película contribuye a que esa realidad se vea aún más oscura
-Este personaje es muy raro. Se involucra repentinamente en un robo y por una serie de circunstancias ajenas a él se mete en varios líos bastante tenebrosos. Diría que esa realidad es bastante violenta en verdad. Tiene mucha muerte, pero no al estilo norteamericano sino que se ve la muerte como realmente es: siniestra y triste.
-¿Cuánto tiempo pasó desde tu última participación en un largo?
–Lo último que hice fue participar el año pasado en Alma Mater que ahora está en cartel. Siempre tengo la suerte de actuar cada uno o dos años en algún filme.
-Una vez me dijiste que el teatro «es el único lugar donde uno puede seguir soñando». ¿Y en el cine no es así?
-A mí el cine me atrae poco. Lo que realmente me gusta es el teatro. Igual obviamente sigo actuando en cine. Pero es como decimos en la jerga interna de los actores: «el cine lustra tu ego». El cine paga y paga bien. En teatro cuando ganamos algo hacemos una fiesta. En el cine lo que importa es la imagen y yo soy bastante escéptico con los actores de cine. Por algo el cine se puede hacer sin actores como hizo Sorín en Historias mínimas o la brasileña Ciudad de Dios. Y la magia del teatro es que justamente, sin actores no se puede hacer. En el cine los que sueñan de pronto son los directores.
-Teniendo en cuenta la extensa y fructífera carrera que has cosechado a lo largo de tantos años, ¿por qué no asumiste roles con mayor responsabilidad dentro del teatro?
-Por que yo no creo en la fama. Creo en el hombre que es feliz haciendo lo que hace. Y soy feliz actuando. No me quiero complicar. ¿Para qué quiero más?. No tengo ambiciones económicas. Soy jubilado bancario y de eso vivo, me da para comer y con eso me alcanza.
-¿Seguís con la docencia o la eliminaste de tu vida diaria?
-Menos. Cada tanto voy por que dar clases te revitaliza. Te abre la cabeza el contacto con los jóvenes.
-Una buena excusa también para seguir visitando el Teatro Circular.Tu segunda casa.
–(risas) Mi primera casa.
-Si pudieras parar el tiempo y mirar hacia adelante. ¿Visualizás a Walter Reyno actuando y siempre arraigado a su «primer casa»?
-(risas) Si es que estoy…seguiré igual creo. Los actores de todo el mundo son iguales, tal vez a otra escala, pero somos todos iguales. Hablábamos con algunos actores argentinos en el rodaje de El aura y me decían: «flaco, nosotros todavía tenemos la suerte y el privilegio de seguir haciendo teatro y eso en los tiempos que corren, es un privilegio». Yo me visualizo en diez o veinte años dentro del teatro. Y en mi casa Circular también. Recuerdo que cuando empecé a estudiar actuación hace cincuenta años los mayores me decían «Ay, m’hijo, estás asistiendo a la muerte del teatro». Y ya pasó mucho tiempo desde ese entonces y todo sigue marchando. En Uruguay no se puede vivir del teatro aunque su esencia, es fantástica. El teatro va a vivir siempre. Por que el espectador va a exigir que haya un ser vivo a tres metros tuyo que te cuente historias y te emocione. Y eso no se puede comparar con nada.
-¿Seguís afirmando y manteniendo la idea de que «el teatro es un reflejo de cómo está el país?
–Este año es el año de la esperanza. El fútbol también es un reflejo de como está el país. Es como cuando pretendemos competir contra Brasil, es imposible, los tipos tienen una población de ciento ochenta millones de habitantes y un millón son jugadores de fútbol. Lo bueno de los uruguayos es que no perdemos nunca las esperanzas en ningún sentido. Ojalá que en un futuro no muy lejano las cosas mejoren más aún. Y el teatro también. Principalmente económicamente.
-¿Qué proyectos tenés en adelante?
–Me voy de gira con el elenco del Teatro Circular por Europa con la obra Onetti en el espejo. Primero vamos por Barcelona, Cádiz, León y Madrid. Y para sorpresa mía Daniel(Hendler) viaja con nosotros en el mismo avión por que va a Madrid a componer un guión para un filme. Y finalmente nos vamos a París y Roma. Presentar en esas capitales lo que a uno le gusta, para mí, es el sueño del pibe. *
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