El reino del Candanga
La historia de nuestro Uruguay, al igual que la de muchos países de América Latina, está amargamente marcada por el autoritarismo, la codicia, la lucha por el poder y la más deleznable traición perpetrada en -muchos casos- por quienes juraron servir a la patria y protegerla con sus vidas.
En nuestros orígenes como país independiente, existieron personajes que, impulsados por sus ansias de dominación, no dudaron en concretar inmorales alianzas, con tal de lograr sus propósitos. Sin embargo, hoy son venerados como héroes y símbolos nacionales, porque el tiempo y la complicidad de los falsarios coadyuvó a arrojar un manto de olvido sobre sus pecados.
La historia oficial, plagada de inexactitudes, mentiras y premeditadas amnesias, intenta obviar o restar importancia a luctuosos y vergonzosos episodios como la Guerra Grande, en la cual los bandos requirieron el apoyo de países otrora invasores para solucionar diferencias personales.
Este libro del talentoso narrador Domingo Trujillo aporta nuevos datos sobre una de las más vergonzosas masacres que recuerda la historia uruguaya, una terrible traición que ha sido groseramente distorsionada por los cronistas del discurso oficial.
En «El reino del Candanga», el narrador evoca la luctuosa masacre de Salsipuedes, un ignominioso y aberrante crimen mediante el cual el General Fructuoso Rivera procuró exterminar a los charrúas, aniquilando a traición a los sobrevivientes de ese pueblo autóctono.
Los charrúas, indómitos y salvajes por naturaleza, representaban un peligro para el naciente Uruguay, porque no podían ser controlados ni sometidos. Por tal motivo, se le encomendó a Rivera, caudillo de la zona que mantenía relaciones de afecto y amistad con estos indígenas, que los convocara mediante engaños a orillas del Salsipuedes, donde su ejército se encargó de emboscarlos y masacrarlos.
Los charrúas eran aún muy primitivos y obviamente no disponían de armamento adecuado, además de estar en clara inferioridad numérica con respecto al ejército que encabezada su verdugo. Procurando defenderse valerosamente con sus toscas armas, siendo apenas un puñado, fueron abatidos por un ejército numeroso, bien armado y adecuadamente adiestrado.
En esta obra, Domingo Trujillo recrea los preparativos de la emboscada, la matanza en sí y el destino de los escasos sobrevivientes de este terrible acto de barbarie.
También revela las secuelas psicológicas que quedaron en algunos de los protagonistas, así como el peso de aquel acontecimiento en las generaciones futuras. El escritor narra el destino de los cuatro charrúas, supuestamente los últimos de su raza. que fueron vendidos a un circo de París como si se tratara de animales en cautiverio.
Mediante un lenguaje sencillo pero cargado de dramatismo, la novela de Trujillo nos convoca a compartir la angustiosa travesía de estos desafortunados seres humanos, que fueron traicionados por aquel en quien confiaban y que vieron morir a sus mujeres, niños y ancianos sin poder evitarlo.
Esta es la crónica del desamparo de un pueblo que fue prácticamente exterminado, aniquilándose de esta forma un eslabón primordial de nuestra propia identidad como nación.
Pero, al mismo tiempo, la obra analiza el desarraigo de los escasos sobrevivientes en un país que aún los discriminaba, así como el dolor de estar solos y la obsesión por preservar lo poco que quedaba de su cultura.
El libro es, en más de un sentido, una metáfora de la idiosincrasia nacional, que suele alimentar el olvido, la mentira y entronizar como héroes a personajes funestos de nuestra historia.
Todos estos temas adquieren sin dudas una singular actualidad, a pocos días de la conmemoración del Descubrimiento de América, que derivó en uno de los más terribles genocidios de la historia de la humanidad. Sin embargo, aún hoy se enseña en nuestras escuelas con el eufemístico título de «el encuentro entre dos mundos».
«El reino del Candanga», del novelista Domingo Trujillo, convoca a lector a adentrarse en un importante episodio de nuestra historia, que nos induce a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra propia identidad.
(Ediciones de la Plaza)
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