"Se joden los más jodidos…"
Por aquí algunas casas fueron dañadas», nos dijo Andrés, un vecino de Pajas Blancas que se encontraba junto a su familia tratando de «desguazar» un añoso eucaliptus arrancado de cuajo por la furia del viento en la víspera, y de paso aprovechar para surtirse de leña para lo que resta del invierno. «Hubo caídas de árboles y algunas casas dañadas, y en muchas manzanas están sin luz porque los árboles al caer arrasaron con los cables».
«No hubo grandes daños por la zona, quizás los más pueden haber sido los pescadores…»
Leña para todos
«Hace 21 años que vivo acá y nunca vi nada parecido», nos comentó Antonio, otro vecino de Pajas Blancas mientras conversábamos junto a un seguramente centenario pino caído a nuestro lado.
«Todo el mundo nos pregunta si no escuchamos cuando caía, era tan fuerte, pero tan fuerte el viento que no escuchamos nada. Después nos dimos cuenta que estaban cayendo los árboles, al rato sentimos un ruido enorme y se partió este ciprés y cayó sobre la casa de al lado. Inmediatamente que se abrió esa base, se notó un olor a resina que invadió todo, a pesar de que estaba todo cerrado, ese olor fuerte impregnó todo y el ruido del viento era ensordecedor… no solamente lo que caía, sino el ruido del viento también.
Y en la caída cortaron los cables y nos quedamos sin luz, sin teléfono y sin agua porque se rompieron los caños de la entrada».
En todo el trayecto, familias enteras, acarreaban leña de los árboles caídos, con paciencia de hormiga, cargando enormes atados, tratando de sacar algún provecho de esta desgracia.
Ex Frigorífico Artigas
En las instalaciones del ex Frigorífico Artigas, en la Villa del Cerro, han encontrado refugio más de 150 personas, en su mayoría niños, vecinos de los centros comunales 14 y 17 y aledaños, muchos de los cuales han perdido en una noche, lo poco pero mucho cuando es todo lo que se tiene acumulado en sus hogares con enorme sacrificio. Techos volados, casas precarias inundadas, paredes caídas, chapas y cartones volados vaya saber adónde, muebles y enseres, generalmente humildes, desperdigados, arruinados y, aunque cueste creerlo, muchos desaparecidos por la depredación de delincuentes anónimos que aprovechando la desesperación y la angustia de los vecinos, arrasaron con lo poco sano y salvo que les quedaba.
La mayoría de los refugiados en el ex Frigorífico Artigas, son mujeres con sus hijos, por que la mayoría de los hombres, ha optado por quedarse en medio de las ruinas de sus hogares para vigilar que no aparezcan esos delincuentes a llevarles lo poco que les queda y tratar de recomponer lo que se les vino abajo.
«A la hora de la comida, los hombres generalmente se arriman por acá nos dicen Zapata y Alario, representantes de los centros comunales 14 y 17 por que aquí hay comida para todos que abastece el Ejército. Hemos recibido también ayuda de la Cruz Roja, y UCM trajo médicos y revisaron a todos los niños. La Cruz Roja nos va a mandar pañales y ropa para niños y nosotros acá estamos recibiendo todo aquello que la gente quiera donarnos».
«Aquí tenemos un montón de colaboradores, concejales, ediles, que nos estamos rotando y estamos permanentemente día y noche.
La Intendencia nos ha mandado unos 95 colchones y los niños duermen dos o tres en cada colchón o una madre con el niño.
Los hombres acá no se quedan, están en la casa, cuidando lo que les quedó…»
En otro de los galpones, están los vecinos llegados desde La Teja a este refugio. «No son muchos, nos dijo Alario, del Centro Comunal 14, allá la mayoría de los damnificados fueron refugiados en casas de vecinos», y agregó, «La Teja tiene una larga experiencia solidaria.
Hubo por La Teja momentos muy críticos, muchas voladuras de techos, muchos merenderos que se han caído.
Aquí tuvimos que trasladar los casos más críticos, el resto, que son unas cien personas aproximadamente, ya te digo, se han reubicado en casas de familiares, en organizaciones sociales de la zona y en este momento los hombres están reconstruyendo sus casas, poniéndole techo, etcétera».
«Nosotros hemos hecho un estimativo de la canasta de materiales y una especie de censo de todo lo que se ha roto, familia por familia, está yendo un arquitecto, una becaria a ver cuáles son las necesidades reales de cada uno y están tomando nota.
Todavía no les llegaron los materiales pero cuando lleguen nosotros tenemos todo censado, y si ellos pueden hacer los arreglos, bárbaro lo hacen ellos, si no pueden hacerlo, porque hay muchas mujeres solas con hijos, la Cruz Roja prometió gente de la Escuela de la Construcción para colaborar y eso nos vendría muy bien porque nos aseguramos que les entregamos los materiales y la obra se hace».
Alguien cerca de nosotros reflexionó: «En esto también pasó lo de siempre, se joden los más jodidos…». *
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