Las cartas que no llegaron

En esta novela publicada inicialmente en 2000 y oportunamente reeditada en nuestro mercado literario, el narrador y dramaturgo uruguayo Mauricio Rosencof propone una obra autobiográfica a corazón abierto, que reconstruye parte de su historia personal, la de su familia y las aún supurantes heridas de la conciencia nacional.

En la primera parte de este conmovedor libro, titulada «Días de barrio y guerra», el autor inicia un prolongado itinerario retrospectivo, a través de los sinuosos senderos del tiempo.

En ese marco, acude a los anaqueles de la memoria, para desempolvar el arcón donde reposa su infancia, cargada de alegría y mágicas perplejidades. Su pluma retorna a la casa paterna, ese espacio físico y afectivo en el que creció rodeado de una pobreza digna.

El relato s aleja de los habituales territorios de la ficción literaria, para internarse en la realidad de carne y hueso, de lágrimas y sonrisas.

En su emotivo soliloquio, Rosencof evoca sus orígenes, pero también reconstruye una historia paralela por muchos ignorada: la de los judíos que a miles de kilómetros de distancia en la Polonia de sus ancestros, soportaron la pesadilla del autoritarismo en los campos de exterminio de la pesadilla nazi.

En este primer capítulo, el discurso del autor es el de un niño azorado por el dolor que llega desde lejos. Hasta el lenguaje es el de un pequeño que no siempre comprende lo qué sucede, pero igualmente siente que su propia identidad está amenazada.

Rosencof alterna recuerdos con cartas, en una dinámica emocional que traslada al lector dos realidades contrastantes: la felicidad de una familia que lucha contra la pobreza pero se mantiene erguida y la esperanza de quienes a la distancia desfallecen en el infierno del odio.

En la segunda parte de esta novela, titulada precisamente «Carta», el narrador reúne los dispersos fragmentos de su memoria. Ensayando un monólogo impregnado de singular emotividad, el escritor recupera sus vivencias, asumiendo la impostergable necesidad de retornar a sus raíces.

En la tercera parte de este relato, el dramaturgo recrea al tormento de su claustrofóbica celda de confinamiento, convocando a todos los ominosos fantasmas de sus años de cárcel como rehén de la dictadura.

Allí vuelve a «dialogar» intensamente con su padre y a reconstruir imaginariamente su pasado, en medio de indescriptibles padecimientos: la privación de libertad, la tortura y la violación de los derechos humanos más elementales.

Bajo la pluma del narrador las realidades empalidecen a la ficción, en la medida que en este conmovedor relato están representados todos los cuadros y contrastes de la vida.

«Las cartas que no llegaron»   cuya adaptación teatral puede verse en El Galpón- es bastante más que una autobiografía. Es el conmovedor testimonio de un uruguayo que propone reflexionar profundamente acerca de la intolerancia, el odio y la barbarie, tanto de los campos de concentración nazis del pasado como de las cárceles de la dictadura que asoló a nuestro Uruguay durante once largos años.

(Editorial Alfaguara)

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