Tiene la palabra

El doctor Batlle tiene razón

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Tiene razón el doctor Batlle cuando manifiesta que las actuales autoridades gubernamentales nos conducen al atraso, identificándolas con el marxismo.

Prosperidad y excelente calidad de vida hubo durante su mandato donde la gente vivía en la opulencia, se erradicó totalmente la vivienda insalubre, los niños estaban bien alimentados, en los hospitales públicos sobraban los medicamentos, el desempleo se eliminó totalmente, los salarios aumentaron en forma considerable logrando de esa forma que el trabajador uruguayo tenga un nivel de vida superior a los de Europa y Escandinava, los miles de ahorristas podían abrir sus cuentas bancarias sabiendo que la plaza financiera uruguaya era una garantía para recuperar su dinero, todo esto acompañado de una inmejorable gestión de la intendencia del departamento más poblado y estratégico del interior del país, Canelones, por el doctor Hackenbruk quien batió récords en cuanto a la cantidad de obras realizadas (por ejemplo pavimentación total de las calles de la Costa de Oro), además de un estricto control en las finanzas del departamento, junto a la contratación de funcionarios (ingresaban únicamente por concurso, eliminándose totalmente el clientelismo político). Lamento no disponer de más espacio pero debo permitir que otros lectores puedan destacar también todas las bondades de la gestión del último ex presidente colorado.

Sin duda no hubo ni habrá mejor gobierno en la historia del país que el del doctor Jorge Batlle.

Atentamente:

C.A. NUÑEZ – C.I: 1.896.346-8

 

¿Cuál es la intención?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El problema del tránsito en los últimos años se ha agravado de una forma alarmante siendo a su vez una materia no solucionada por las autoridades correspondientes.

Las avivadas o malas intenciones de los conductores (ya sea de autos, camiones, ómnibus, taxímetros, motos y bicicletas) han sembrado muerte y heridas que con el tiempo en muchas familias no han llegado a cicatrizar.

La cantidad de accidentes que se han dado demuestra que ni las leyes y señales de tránsito, ni los semáforos, ni los cruces peatonales y ni los inspectores de tránsito (que sólo se ven cazando patentes vencidas) han podido cumplir con la meta por la cual han sido puestos a funcionar.

Ahora también ha llegado la preocupación por parte de diferentes instituciones por la gran cantidad de vehículos que andan funcionando sin el seguro contra terceros como mínima cobertura; y se ha puesto a estudio un decreto para poder modificar eso y llevarlo como trámite obligatorio para todo el país.

Una gran preocupación que supuestamente se solucionaría, pero quedan algunas dudas a solucionar como, por ejemplo:

a) qué sucede con los autos funcionando con bidones cargados de combustible que son llevados colgados del techo en zonas como La Teja, el Cerro, Paso de la Arena, Piedras Blancas, Punta Rieles y toda zona periférica donde los inspectores de tránsito no se animan a fiscalizar por temor a su integridad física.

b) qué sucede con los carros tirados por caballos y conducidos en gran cantidad de casos por niños que sólo llegan a los 8 años de edad como mínimo, cuando el reglamento de tránsito exige edades mayores de 16 y 18 años para conducir vehículos y que está comprobado que es más peligroso un caballo desbocado que un vehículo a alta velocidad.

Son algunas de las dudas y quedan más para otra oportunidad y no hacer extensiva esta carta en demasía. Esperamos que alguna autoridad pueda salir a aclarar estas dudas.

Y me quedaría otra duda pendiente si no se soluciona lo detallado líneas arriba: ¿el seguro obligatorio es para beneficio de los civiles o un beneficio para recaudar más para el Banco de Seguros?

NELSON RUBIANES – C.I: 1.308.434-6

 

Recuperemos el Uruguay que tuvimos

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Muchas veces leyendo las noticias en los diarios uruguayos me da una tristeza infinita, por todos los valores que hemos perdido… ¿Qué pasó con nosotros? Los que tenemos ya 50, 60, 70 y más años, hemos sido educados simplemente, con principios morales que nos han enseñado, el respeto a nuestros padres, abuelos, tíos, vecinos, maestros. Jugábamos todos juntos en la calle sin miedo a nada. La madre de uno era la madre de todos, y la puerta de nuestras casas estaba siempre abierta. Hoy se ven sólo puertas y ventanas con rejas; ¿qué valores son estos?

¿Cuándo fue que todo desapareció y se hizo ridículo?

Me indigna la falta de ética, de moral, de respeto. A quien es pobre, a quien necesita ayuda y tiene que volver a hacer colas infinitas para obtener algo, y esto es porque muchas veces el empleado de turno no se encuentra en su puesto de trabajo o no sabe solucionar simples problemas. Por suerte hay quien cumple con su deber y con sus horas de trabajo, pero hay muchos que piensan que si no se toman ventajas son idiotas, y esto es la falta de moral, de ética y de respeto.

Si en estas situaciones puedo pronunciar la palabra «quiero», ahora «quiero» la honestidad como motivo de orgullo, «quiero» que la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos. «Quiero» que quien está en el poder, y quien está en la oposición, sepa que no es el tener lo que vale, sino el ser.

«Quiero» que quien destruyó y dejó nuestro Uruguay en la situación que se encuentra, reconozca sus errores y se ponga de buena voluntad a dar una mano. Vamos a volver a ser gente: quiero sacar las rejas de mi ventana para tocar las flores; «quiero» poder sentarme en la vereda y una noche de calor dejar la puerta abierta. «Quiero» que mis nietos puedan estar orgullosos de ser uruguayos, y que crezcan en un Uruguay que sea el mejor país del mundo. ¿Utopía? Hagamos el intento: empecemos a caminar trasmitiendo estos valores a los niños y jóvenes, un día nos lo agradecerán, porque el futuro del Uruguay es de ellos. Vivamos el retorno de una verdadera vida, siempre limpia, honesta y definitivamente hermosa como cada amanecer. Todos estos pensamientos pueden ser romanticismo, utopía, un sueño, pero sé que muchas veces es muy consolador soñar, para no perder la esperanza, y esperar que trabajando duro, un día todo se haga realidad.

Queremos volver a confiar, queremos que todos los valores que hemos perdido, empiecen a verse ya, para esto se necesita mucha fuerza de voluntad y buen ejemplo. Empecemos a darlo. Saluda atentamente:

MARIA GUGGIARI ACUNA – [email protected]

 

Hay que sacudir la modorra y ponernos a trabajar

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Vayamos por algún ejemplo que nos traiga al asunto de manera enfocada. El «asunto» es la seguridad pública; en la calle o donde sea. No

pago el médico para que diga de qué me morí, sino para no morirme ni estar enfermo. Cuando llamo a los bomberos, el caso es algo diferente: se trata de que en mi casa hubo un accidente que terminó en un fuego, pero si puedo lo apago yo y no espero que vengan los bomberos… y aunque en el caso he asumido una función que es del Ministerio del Interior, nadie me castiga por eso, ni se me tipifica «extinción de incendio por mano propia»; lo mismo sucede si el incendio es en la casa de un vecino y yo tomo la misma actitud de intervenir en el asunto: se trata de a
lgo lógico, esperado y encomiado por todos. Entonces, ¿por qué no es lo mismo cuando se trata de impedir que me roben, o roben a mi vecino? Si llamo a la Policía es para que impida el robo, no para que me vengan a tomar declaraciones después que me robaron. Y si la Policía no puede llegar a tiempo, ¿por qué si yo estoy viendo el robo, o el daño a cosas de terceros, o la golpiza a una persona en cualquier parte, o el daño grave a bienes públicos, no puedo intervenir sin correr el riesgo que me lleven al juez bajo la acusación de «justicia por mano propia»? ¿Qué reglas rigen esto, que va contra lo que indicaría la sensatez y la mínima solidaridad? Las funciones de dar seguridad pública no son propiedad de la Policía ni del Ministerio del Interior. Y ni siquiera del gobierno nacional, sino que pertenecen como obligación y como derecho a la totalidad de la comunidad nacional, a cada ciudadano. La sociedad ha delegado el mantenimiento del orden y la seguridad en el gobierno electo, pero existe un concepto muy real y aplicable que es el de

«vacío de poder». Las personas tenemos el derecho y el deber de colaborar en el mantenimiento de las condiciones mínimas de convivencia si el gobierno (cualquiera sea la causa), no lo hace, sea porque no quiere o porque no puede hacerlo. Sería bueno que su diario sacara una separata sobre todo este tema, ya que el asunto parece ser un buen ejemplo de cómo el Estado como Institución se atribuye poderes omnímodos por encima de los derechos de las personas y de la comunidad. Es también un buen ejemplo de cómo una función de primerísima necesidad se ha vuelto un feudo de una burocracia muy particular (como es la Policía) donde a veces la guía del accionar no es

precisamente el bien general sino el ganarse el sustento manteniendo un contubernio imposible entre lo mejor y lo peor de la naturaleza humana… Pero el ciudadano común no tiene porqué soportar permanentemente esto. Todos tenemos el derecho a vivir con tranquilidad y también a trabajar y obrar para ganárnosla, sin estar en este tema en relación de dependencia con nadie omiso o imposibilitado, por cualquier razón, de cumplir con sus cometidos, ya se trate de personas o de instituciones.

Le envío, apreciado Fasano, mis respetuosos saludos.

ALBERTO DEL CERRO MENDIBERRY

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