Tiene la palabra

Quienes no tuvieron clemencia esperan justicia

Sr. Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Los que ya tenemos algunos años, todavía recordamos a un Ejército que era bien distinto al que se consolidó a partir de los años 70 y que cometió las atrocidades bien conocidas por todos durante los años más oscuros del Uruguay. Recordamos a un Ejército de oficiales dignos que no comulgaban con el prusianismo, y que no hacían diferencias de casta. Oficiales que habían surgido de todas las clases sociales y que nunca habían perdido el vínculo real con su gente. No se les había insuflado aún la idea mesiánica de ser el único estamento social con el respaldo moral como para salvar a la Patria, que sucumbía en brazos del terrorismo marxista. Oficiales bien capacitados, que además de todo, también sabían compartir el mate con los suboficiales, o hacer deporte junto a la tropa, y que estaban siempre en la primera línea para atender las situaciones de calamidad que sufría el país. Enmarcado en aquel Ejército, no es casualidad que Seregni haya tenido destacadísima participación en el auxilio de los damnificados por las inundaciones del 59. Tampoco es casualidad que honrando a su uniforme haya tenido que pedir su pase a retiro en 1968, cuando el país como sus Fuerzas Armadas comenzaban a desmoronarse a favor de la maquinaria del terror.

¿Por qué se dieron estos cambios tan bruscos y en tan corto lapso? Es un tema para analizar por entendidos. Sin embargo, para cualquier observador atento, resulta un hecho incontrastable la influencia que tuvo en nuestros militares la capacitación que se les brindó en la famosa ‘Escuela de las Américas». A esto debe agregarse el adiestramiento que aquí mismo recibieron policías y militares por los enviados norteamericanos que llegaron para poner en práctica tácticas de combate a la guerrilla y a los movimientos populares de izquierda. El más notorio de todos ellos fue Dan Mitrione, quien encubierto como funcionario del Departamento de Agricultura, vino a «capacitar» en técnicas de tortura y contrainsurgencia. Bajo estas nefastas coordenadas se organizan los escuadrones de la muerte con participación de militares, policías y políticos de extrema derecha. La tortura y la muerte de militantes de izquierda comienzan a volverse moneda corriente durante la dura represión que llevó a cabo Pacheco Areco. Ya con el futuro dictador Bordaberry como presidente, y con la sanción de la ley que declaraba el Estado de Guerra Interno, las fuerzas represoras despejaron las pocas piedras que aún tenían en el camino para cometer todo tipo de atropello, a pesar de que el escaso aparato militar de la guerrilla ya estaba totalmente derrotado para 1972. Las Fuerzas Conjuntas estaban plenamente dedicadas, para ese entonces, a dar caza a los principales dirigentes tupamaros en la clandestinidad, para asesinarlos de ser posible. Basta recordar como salvó de milagro su vida el actual senador Huidobro escondido en un doble techo de la casa de la calle Amazonas, luego de que los dueños de casa fueran ejecutados a pesar de no haber ofrecido resistencia. El quiebre institucional emerge, de este modo, como el triunfo de todas las fuerzas reaccionarias autotituladas cívico-militares con amplia participación de políticos blancos y colorados, comandados por los generales gorilas bien conocidos por todos.

Para junio del 73, la cruda realidad demostró que los únicos terroristas que asolaban las calles eran las propias Fuerzas Conjuntas. La represión fue demencial, encarcelando a cualquier sospechoso u opositor (El Cilindro quedó lleno de presos políticos). Nunca dejaron de torturar, de vejar y de violar a mujeres y a hombres, aunque sólo fueran militantes o simples simpatizantes. En los humillantes allanamientos que se habían vuelto cosa de todos los días, no sólo se llevaban encapuchados a los presuntos sediciosos, sino también todos los objetos de valor que encontraban a su paso. No alcanzó con la tortura, ni con las ejecuciones, ni con las desapariciones, ni con los recién nacidos arrebatados a sus madres, ni con los miles de presos políticos, ni con las decenas de miles de exiliados que en los primeros años el régimen cosechó. Tampoco alcanzó con los ciudadanos categoría C, ni con los destituidos, ni con los proscriptos. El aparato del terror siguió matando y torturando sistemáticamente hasta el último día de su abominable existencia. No debemos olvidar el asesinato del Dr. Roslik en plena «apertura», ni las torturas y violaciones que sufrieron los estudiantes del IPA por los aparatos de represión en los estertores del proceso. De esta manera, las Fuerzas Armadas con todo el poder en sus manos, sin ningún freno, ni legal, ni moral, rodeadas de políticos serviles, imbuidas por un odio y una crueldad irreconocible en el soldado oriental, con la intención manifiesta de aniquilar a los enemigos que en definitiva eran sus propios hermanos, estas Fuerzas Armadas, terminaron el proceso cívico-militar deshonradas por su propio accionar.

¿Cómo no reclamar justicia, entonces? Apenas el Poder Judicial reestableció su independencia con el advenimiento de la democracia, esta exigencia no se hizo esperar. Los acólitos del régimen que abundaban dentro de los partidos tradicionales, y los colaboradores que desde los medios de comunicación nunca faltaron, trataron de lavar los trapos sucios manchados con sangre de miles de uruguayos durante esos años, pergeñando y luego defendiendo la tristemente famosa ley de impunidad. En esa prédica abundaron falacias de la peor calaña. Insistieron hasta el cansancio que los «excesos» cometidos por las fuerzas del orden, se habían originado como corolario de un conflicto bélico no convencional. Nada más falso. Fue la tortura, las ejecuciones y desapariciones que las Fuerzas Conjuntas llevaron a cabo, lo que no fue convencional para un Ejército Nacional que logró en Las Piedras su primera victoria y donde Artigas impuso el principio -nada común para aquella época y que desafortunadamente sigue siendo tan poco común en el presente-, de la clemencia para los vencidos. Se mencionó hasta el hartazgo que si se había consagrado una amnistía para los presos políticos, debía ocurrir algo similar con los uniformados.

Otra gran mentira. Los delitos cometidos por los guerrilleros, en la inmensa mayoría de los casos, perseguían un móvil político. Los delitos cometidos por los militares tenían por objeto exterminar a toda la izquierda, valiéndose de los aberrantes métodos que el terrorismo de Estado posibilitó antes y durante la dictadura. Además, el volumen y magnitud de los crímenes cometidos por uno y otro lado no resisten la mínima comparación. Un porcentaje altísimo de los encarcelados durante el proceso fueron presos políticos, presos por delitos de conciencia, lisa y llanamente. Por otra parte, los «sediciosos» cumplieron hasta doce o trece años de condena en las mazmorras en que habían sido convertidos los cuarteles y las cárceles durante la dictadura, sufriendo las peores condiciones de reclusión, indignas hasta para animales.

Los militares que mancharon su uniforme asesinando, violando y robando, hasta el presente, no han pasado ni un solo día en prisión. Gracias a las bravuconadas del comandante Medina, y a la genuflexión que Sanguinetti mostró ante los mandos, la ley de impunidad se abrió camino apoyada firmemente por su principal socio de la «gobernabilidad», Wilson Ferreira Aldunate. Pero aún así, esta ley dejó abierto un pequeño resquicio por donde algún día pudiera pasar la justicia.

Y ese día, aunque haya tardado más de veinte años, finalmente llegó. Lamentablemente, en todo este tiempo, las Fuerzas Armadas no han hec
ho más que amparar y proteger en su seno toda la escoria humana que cometió los más atroces delitos. Escoria humana que fue tan valiente cuando apretaba el gatillo contra seres indefensos, que se jactaba de su coraje cuando aplicaba la picana o hacía el submarino, que se sentía tan viril cuando violaba mujeres maniatadas, que se regodeaba cuando separaba a un recién nacido de una madre presa, y que ahora resulta en estos cobardes del presente, que andan huyendo y escondiéndose como ratas llenas de pavor. Pavor de enfrentar a un juez con todas las garantías que la Justicia independiente les brindará. Garantía que sus víctimas nunca tuvieron. Menuda diferencia. Ojalá que ante estas circunstancias, la institución armada asuma, en un acto de grandeza, el mea culpa insoslayable y se comience a separar la paja del trigo. Sólo así el Ejército Nacional que tuvo a Artigas como su primer Jefe, pueda recuperar el honor y la estima que alguna vez gozó dentro de nuestra sociedad toda.

JOSE MIGUEL GARCIA – C.I. 1.210.481-0

 

Carta abierta al señor Presidente de la República, doctor Tabaré Vázquez

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Tengo a bien dirigirme a usted saludándole enhorabuena para manifestarle –lamentablemente– mi discrepancia total con la aprobación suya y de sus ministros para la instalación de las plantas de celulosa aquí y conscuentemente el avance de la forestación esquilmante deshidratante. Somos cada día más quienes vamos informándonos en fuentes independientes y formando criterio adverso a tales industrias calificadas en todo el mundo como los primeros en la escala contaminante.

Y le aseguro que al menos el 70% de los ambientalistas votó el Frente (sin ellos jamás habría superado usted la frontera electoral en la primera vuelta) y los que no lo votamos también alentábamos la esperanza de que rechace las celulosas. Hoy todos estamos decepcionados.

Porque es una pesadilla sólo imaginar dos megaplantas de celulosa en un mismo sitio sobre una población de 25.000 habitantes, Fray Bentos, en una bellísima región con múltiples posibilidades turísticas, agroindustriales y pesca artesanal, con gente que sabe y quiere trabajar; también otras varias poblaciones uruguayas y entrerrianas sufrirán el impacto agresivo inmediato; porque sólo algo de los contaminantes de las papeleras puede controlarse, mientras que escapan por chimeneas y afluentes: furanos (PCDFs) y dioxinas (PCDDs) cancerígenas «tolerancia 0″, persistentes bioacumulables (según la OMS) derivados del azufre (SO

Así es comprensible que quienes ignoran estas cosas reclamen las celulosas como fuentes de trabajo, pero es incomprensible totalmente que usted eminente médico oncólogo que sabe muy bien todo esto- las esté apoyando y sepa que están repitiéndose pícaras afirmaciones en la región para justificar la instalación de estos monstruos, por ejemplo: «y bueno, no hay industrias de contaminación 0″, cuando debe decirse: «Hay industrias de alta y de baja contaminación». Por ejemplo: ¿qué tendrán que ver Botnia o ENCE con el ex Anglo?!… También quieren asustar a la pobre gente con lo de: celulosa o hambre… ¡qué bajeza!

Todo este gran tema debió plantearse y discutirse antes de las elecciones nacionales. ¡Tiempo sobró! Mas dominó el miedo de aparecer contra las fuentes de trabajo y asustar las palomitas (nuevos votos) y se ordenó silencio a la militancia… y hoy aparece el Frente embretado, enganchado por el gobierno de Batlle y dividido en el tema de las papeleras. Hoy su gobierno, doctor, está en la encrucijada: por un lado «la mayor inversión» y reclamos de trabajo y por otro lado el reclamo de muchísimos intelectuales, profesionales y técnicos independientes y la mayoría del Frente, contrarios a las celulosas.

Surge pues espontáneamente que lo único razonable y patriótico es multiplicar esfuerzos e imaginación en la búsqueda de fuentes de trabajo no agresivas al entorno y decir rotundamente: ¡No a las papeleras! Lo otro sería… bueno, lo otro sería entregar este querido rincón de la patria «al bajo precio de la necesidad», pero quiero pensar, Presidente, que esto no pasó ni siquiera por su imaginación.

Finalmente agradezco su atención y salúdole atentamente

Un servidor

DARWIN E. DAY – C.I. 1.281.894-8

 

Saludo venezolano para TV LIBRE

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Tengo el agrado de dirigirme a usted en la oportunidad de hacerle llegar en nombre de la embajadora María Urbaneja Durant y en el mío propio, nuestro saludo fraterno al iniciarse hoy, en esta fecha tan especial natalicio del Libertador Simón Bolívar, la transmisión inaugural de la señal regional Telesur lo que en este hermano país podrá verse a través de TV LIBRE y sus emisoras del interior.

Al reiterarle nuestro reconocimiento por este esfuerzo en pro de la real integración latinoamericana, hago propicia la ocasión para expresarle los sentimientos de mi más alta y distinguida consideración.

LUISA LOPEZ – MINISTRA CONSEJERA ENCARGADA DE NEGOCIOS / EMBAJADA DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

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