"CONTRA LA PARED": UN FILME DESPIADADO, QUE REFLEXIONA EN TORNO A LA MARGINALIDAD Y LA REPRESION

Los laberintos del amor y la moral

Este fenómeno está frecuentemente asociado a la tragedia, como sucede, por ejemplo, en algunos antiguos clásicos griegos o en inmortales obras del inconmensurable dramaturgo William Shakespeare, que han pasado a la posteridad.

En el cine, obviamente, el tema del amor ha sido recurrente, tanto en el lacrimógeno género romántico cuanto en otras producciones más osadas y menos complacientes, que apuntan naturalmente a descubrir los más tortuosos laberintos de los sentimientos.

En Contra la pared, la producción germano turca que cosechó el Oso de Oro en la última edición del Festival de Berlín, el realizador Fatih Akin construye un filme de trazo irreverente, que indaga en las patologías humanas y las tendencias autodestructivas.

El protagonista de la historia es un turco cuarentón emigrado a Hamburgo, una suerte de paria subocupado, alcohólico, drogadicto y depresivo, que abandonó su país huyendo a la represión cultural.

Al borde de la autoeliminación, el hombre entabla una fortuita relación con una joven de idéntico origen, adicta y suicida, que le propone un matrimonio por conveniencia, con el propósito de emanciparse del seno familiar y comenzar a construir su propio destino sin cortapisas.

Aunque el matrimonio es ciertamente una parodia, ambos tienen en común la necesidad cuasi compulsiva de alejarse de un modelo de convivencia fuertemente condicionado por la religión, que amputa sus respectivas voluntades.

Fatih Akin, que con este filme dividió a la crítica internacional entre la admiración y el rechazo, propone una historia de escritura contundente y removedora, que explora las peores miserias humanas.

Los dos personajes protagónicos son marginales y perdedores empedernidos, que procuran una imposible redención en un ambiente hostil, conservador y violento, que constriñe sus voluntades hasta extremos virtualmente asfixiantes.

El relato se desarrolla en dos ciudades de fuertes antagonismos culturales: la Hamburgo desarrollada del capitalismo eurocentrista y Estambul, la histórica capital del imperio bizantino, que conserva los rasgos más típicos de un pasado esplendoroso, pero también los conos oscuros de una moral represiva fuertemente condicionada por la religión.

Desestimando toda actitud complaciente, Akin expone el drama de numerosos emigrantes procedentes de Oriente, que luchan por una compleja adaptación en una sociedad superdesarrollada, expulsiva y que no comprende sus reglas de convivencia.

También reproduce, hasta el extremo de lo grotesco, las nefastas consecuencias de la aplicación de rígidos códigos morales y reglas de convivencia que suelen amputar la libertad individual.

Una cámara inquieta y escrutadora captura múltiples micromundos humanos, desde los locales nocturnos anegados por el alcoholismo y la droga, pasando por la caótica miseria de la pocilga que habita el protagonista, hasta las espectaculares imágenes de Estambul, cuya urbana silueta colmada de mezquitas y minaretes aflora como una suerte de legado perpetuo.

En esos espacios geográficos y culturales, el cineasta construye un cuadro desencantado, realista, sórdido y desolador, reflexionando acerca del amor patológico, la libertad individual y el autoritarismo.

Contra la pared es una bofetada, una suerte de tragedia griega posmoderna que captura en el celuloide la peripecia de seres atribulados y con instintos autodestructivos, en un filme explícito y lacerante pero igualmente cautivante. *

CONTRA LA PARED. Alemania 2004. Dirección y Guión: Fatih Akin. Reparto: Birol Ünel, Sibel Kekilili, Catrin Stiebeck, Guven Kirac, Meltem Cumbul, Cem Akin, Aysel Oscan y Demir Gökgol.

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