DANIEL VIGLIETTI, QUE REGRESA HOY A NUESTRO PAIS, CUMPLIO UNA INTENSA AGENDA DE ACTUACIONES EN MEXICO

Ni carpintero ni ingeniero, cantor popular

Ni carpintero ni ingeniero -reitera- porque mi padre, un militar que fue de los fundadores del Frente Amplio junto con Seregni, era también guitarrista, y mi madre pianista».

En esos casi treinta días Viglietti estuvo junto con el cubano Silvio Rodríguez en el gigantesco festival que se realizó en el Zócalo de esta ciudad, ante un público calculado ente los ochenta y cien mil personas. Dos veces se presentó en la histórica plaza de Coyoacán, con gente que colmaba todos los espacios. También en el Zócalo de Tlalpan, al sur de la ciudad y en la Universidad Nacional Autónoma de México. En la sede de la Casa de Coahuila, cientos de uruguayos se emocionaron con las canciones de Viglietti en un festival convocado por la Casa de la Amistad Uruguay-México, con el auspicio de la Delegación de Coyoacán, la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal y el Consulado de Uruguay en México.

Viglietti también se presentó en escenarios de provincia, en Zacatecas, en Guadalajara y en Toluca. La prensa oral, escrita y televisada se ocupó ampliamente sobre la presencia del cantautor uruguayo.

Le preguntamos cuáles fueron sus canciones más pedidas por el público: «A desalambrar», «El Chueco Maciel»; «Ana Clara», «La Llamarada», nos dice. La más coreada, «A desalambrar». En México empiezan a conocer canciones como «Chiapanecas», que integra su último disco Devenir.

Señala Viglietti que le sorprendió gratamente que se le acerque gente para decirle que lo recuerdan desde cuando vino a México en el año 74. Ahora, esos jóvenes de entonces acuden con sus hijos. Agrega que percibe una calidez muy especial con el público mexicano. Gran emoción le provocó encontrarse en estos días con antiguos amigos como Elena Poniatowska, Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe, Rubén Ortiz, fundador de Los Folkloristas y autor de «Samba del Ché», canción que grabó con Víctor Jara. También se encontró con el poeta Juan Gelman que viene cumpliendo una estremecedora batalla para encontrar los restos de su nuera, asesinada por las dictaduras uruguaya y argentina.

Se congratula Viglietti que a través de los hijos de Rubén Ortiz y del Negro Ojeda, se ha vinculado también con jóvenes artistas mexicanos. Recuerda con emoción a Judith Reyes, una de las primeras colegas en conocer, cuando hace treinta y un años vino a México, invitado por Beatriz Allende a un festival de apoyo a la resistencia chilena. En 1977 participó en Las Jornadas de la Cultura Uruguaya en el Exilio, cumplidas también en México, junto con Alfredo Zitarrosa, Camerata Punta del Este, Amparo Ochoa, Tania Libertad, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Oscar Chávez, Los Folkloristas, Roberto Darwin, Los Bravos, Sunny Paz y muchos otros artistas latinoamericanos. Recuerda muy especialmente sus presentaciones conjuntas con Mario Benedetti, tanto en México como en Uruguay.

En los últimos días de su estadía en México Daniel Viglietti acopió materiales de muy variado origen, para nutrir su principal actividad que es cantar -enfatiza- así como para otras tareas, como lo son su programa en CX14, en Radio Nacional Argentina, y en TV Ciudad («ese hermoso emprendimiento municipal, uno de los mejores aportes actuales a la cultura uruguaya, que ojalá -dice- pudiera verse en México»). Nos informa que acaba de concertar una colaboración quincenal en el periódico mexicano Milenio. En Montevideo está terminado de reeditar un libro de su padre, la novela «El clinudo», basada en la vida de un payador matrero. Apenas regresado este martes 21 de junio a su patria, Viglietti se trasladará para cumplir, un recital en Treinta y Tres. «A Treinta y Tres donde también triunfó el Frente Amplio» – exclama emocionado. *

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